“Y China y Estados Unidos jugando su partida de ajedrez; Europa unida frente al sátrapa, salvo que los costes de la energía nos dejen sin luces, el barro cubre la inflación, los problemas sin resolver aún, provocados por el COVID, escondidos igualmente bajo el barro”

OPINIÓN. Charlas con Nadie

Por Manuel Camas
. Abogado

29/03/22.
Opinión. El conocido abogado Manuel Camas escribe su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre barros y guerra: “Putin asustado se lía a matar, ya sabe que va a perder la guerra energética, las renovables se abren paso, nuevas fuentes de energía, un drama para su PIB, sostenido por la venta de petróleo y gas, en un mundo que pretende dejar los combustibles...

...fósiles; perdió la guerra tecnológica, Estados Unidos, Europa, China, se escaparon, Rusia ya no están en el grupo de cabeza”.

Barros

Llueve barro, en sentido real y metafórico, parece irremediable referirse a ello, charlar sobre eso.


Leia en algún sitio que hablamos sobre el tiempo más que nunca, creo es cierto. Nos llama la atención porque se van sucediendo con rapidez episodios que no son habituales. No llueve nada en otoño, pero llueve en primavera como si fuera otoño, un estudio advierte que los pájaros están poniendo sus huevos, desde hace unos años, un mes antes de lo que era normal. Las azucenas del arriate de mi terraza ya han florecido, pero es que en enero ya habían salido de sus bulbos y crecido desde entonces.

Ahora hablamos del llamativo barro, arena del desierto del Sáhara en suspensión, traído por el viento, precipitada con la lluvia. Dicen que es buen fertilizante, a mí me agobia la cantidad de agua que gastamos en limpiarla, también la energía consumida en ello, depuradoras de piscinas, barredoras, etc.

Tengo guardado un tarrito con arena del Sáhara, me lo regaló un amigo en una de sus visitas al desierto. Ahora solo con la de mi balcón podría llenar muchos recipientes.

Claro que en Arabia Saudí el barro fue en forma de drones y misiles lanzados desde Yemen, una guerra olvidada, de la que no hablamos más que porque cayeron al lado del circuito de la Fórmula Uno. Cómo estará Siria, en Afganistán ya sabemos que se prohíbe ir al colegio nuevamente a las niñas, mejor no instruir a las mujeres, eso ha dado miedo a los hombres de todas las religiones a lo largo de la Historia, por algo será.


De Ucrania siempre presente en nuestros pensamientos qué podemos decir.

Anoche mi hijo salió de fiesta, jóvenes de veintitantos con música y diversión, riendo, charlando, bailando; a penas que alguien con el suficiente poder quiera, les pone un fusil en las manos y se matan, ellos y nosotros, y así por los siglos de los siglos.

Dice Biden que Putin no puede seguir gobernando, pues claro que no, pero a ver quién es el guapo, o la guapa, que le pone el cascabel al gato, que se enfrenta al conglomerado de intereses, escondido bajo ropajes del nacionalismo, que lo mantiene al frente de un poderoso ejército construido sobre la pobreza de tantos rusos. Es realmente increíble que el PIB de Rusia sea similar al de España o Italia, cuántas médicas y enfermeros, hospitales, cuántas escuelas y universidades, pensiones, gasto social, convertidas en tanques y aviones de combate.

Y China y Estados Unidos jugando su partida de ajedrez; Europa unida frente al sátrapa, salvo que los costes de la energía nos dejen sin luces, el barro cubre la inflación, los problemas sin resolver aún, provocados por el COVID, escondidos igualmente bajo el barro. Nadie habla ya de enviar vacunas a los países más pobres, el riesgo de que surjan nuevas variantes igualmente cubierto por el polvo. Pensamos en construir aviones, tanques, buques, fusiles, misiles, cómo de sucios nos ha dejado el barro del desierto de Putin.

Y probablemente el rearme sea la forma más rápida y segura de lograr la paz, armándose hasta los dientes. El matón repartiendo en el bar hasta que sale alguien más fuerte, más grande, más chulo que él, para verlo tartamudear y darse la vuelta.

Siempre igual, en el cole, en la disco, en la vida, en la política, entre los países, el poder, la fuerza.


Ya no es extraño que nos llegue la noticia de que alguna madre ucraniana que trabaja en nuestro entorno, amiga de una conocida, haya perdido a su hijo en la guerra que se sufre en Ucrania. Sí, es la guerra de Putin, pero es la guerra que pagan los ucranianos y los rusos con sus propias vidas, con sus ilusiones truncadas para siempre, con la felicidad ida, también de los que no mueren, pero pierden seres queridos, casas, trabajos, su vida. Otros lo pagamos en nuestras economías, la guerra acarrea una situación peor para tantos. Alguien el otro día sonreía y decía: ahora todo es culpa de la guerra en Ucrania, hasta que no haya no sé qué en los estantes del supermercado; pero así es.

Putin asustado se lía a matar, ya sabe que va a perder la guerra energética, las renovables se abren paso, nuevas fuentes de energía, un drama para su PIB, sostenido por la venta de petróleo y gas, en un mundo que pretende dejar los combustibles fósiles; perdió la guerra tecnológica, Estados Unidos, Europa, China, se escaparon, Rusia ya no están en el grupo de cabeza, mira al futuro, asustada, en lugar de ponerse a su ritmo, mirar hacia adelante, ha querido volver atrás, Imperio, el espacio de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas tras la Segunda Guerra Mundial, hasta la mitad de Alemania bajo su control, eso querría, pero ya no puede ser. La excusa buscada para atacar, la misma que la de los bares, que me miran mal, que ponen en peligro la esencia de lo que es un modo de vida, lo ruso. Tan ridículo como los que dicen que jóvenes guerreros musulmanes nos invaden, armados de pateras, para sustituir nuestro modo de vida, cuando vienen precisamente atraídos por él.

Antes los fenicios, los iberos, los neandertales, los griegos, romanos visigodos, árabes, cristianos.

Si alguien quiere ponerse de verdad en contexto le recomiendo muy encarecidamente se pasee por las salas del Museo Arqueológico de Málaga, en el Palacio de la Aduana, allí puede ver quiénes somos, seres humanos simplemente, de distintas razas, lenguas y religiones, unas veces fraternales, ayudándonos, colaborando y construyendo, otros matándonos por el poder, siempre presente el miedo siempre buscando la huidiza felicidad.

La impotencia de no poder hacer nada para alterar los acontecimientos, sólo cabe ayudar, sentir, acompañar y seguir adelante, cada uno a su afán, cada uno a sus familias, trabajos, empresas, proyectos, es la única manera que tenemos de defender nuestra humanidad, luchar por la ilusión.

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