“Los interventores e interventoras acabamos siendo realmente ayudantes de la mesa, discretamente, en lo que entienden posible”

OPINIÓN. Charlas con Nadie

Por Manuel Camas
. Abogado

21/06/22.
Opinión. El conocido abogado Manuel Camas escribe su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre su experiencia como interventor en las elecciones: “Lo cierto es que como interventor nunca he tenido nada que hacer que no fuera ser testigo sensible a tanto orden, naturalidad y amabilidad que se sucede en esa jornada, sea quien sea el favorito, sea quien...

...sea el que gobierna, sea como haya sido la campaña que ha precedido a ese día”.

Interventor

Nada más cumplir dieciocho años me afilié a un partido político, era el año 1982, la dictadura, la transición, el golpe de estado, aún estaban cerca, en esos años afiliarse a un partido era, en primer lugar, una manifestación de firme compromiso con la democracia, por supuesto también con unas ideas.


De las primeras experiencias políticas que asumí como joven militante fue actuar como interventor de mi partido en unas elecciones.

Para mí fue una experiencia única. La mesa electoral estaba situada en los locales de una Peña. A las 8 de la mañana me presenté en el Colegio electoral, a la vez llegaron quienes constituyeron la mesa, presidente y dos vocales, la policía nacional cuidaba el orden en el acceso a los locales y en el entorno de la calle.

Aunque yo me había leído con suma atención el cuadernillo de instrucciones que me habían facilitado con mi acreditación, compartía mis funciones con otro militante, un hombre bastante mayor, con experiencia, que me hizo entender que nuestro principal papel era simplemente presencial, ser los primeros garantes de la limpieza de un proceso por otro parte escrupulosamente limpio. Los interventores e interventoras acabamos siendo realmente ayudantes de la mesa, discretamente, en lo que entienden posible.

Publicaba el Diario de Cádiz que los interventores son una pieza fundamental para los partidos políticos, aunque algunos tengan problemas para cubrir todos los colegios electorales:

<Allí están, elecciones tras elecciones, cuando vamos a votar. Portan el identificativo de su partido al cuello y gran número de ciudadanos no sabe muy bien cuál es su función. Son los interventores y apoderados, cuya labor se resume en velar por el correcto desarrollo de las elecciones y del recuento de votos.>

Cuando se utiliza la frase casi manida de que las elecciones son la fiesta de la democracia, realmente lo siento así, por encima del resultado, las muestras de civismo, tolerancia, capacidad organizativa, respeto, que se perciben especialmente el día de las votaciones son inmensas.


Desde entonces creo que he acudido como interventor de mi partido prácticamente a todas las elecciones que se han celebrado, generales, municipales, autonómicas, salvo el paréntesis de seis años en el que fui Decano, en los que entendí que la representación de la profesión no era compatible con tareas de representación política, por mínima que fuese. Hoy escribo el artículo inmerso en la jornada electoral para la elección del Parlamento de Andalucía, garabateando estas líneas en los escasos momentos en los que no hay casi nadie votando.

Esta noche sabremos el resultado, pero escribo con la tranquilidad y la certeza de que no habrá que alterar una sola letra de este artículo.

Esta mañana, la del domingo 19 de junio, como tantas otras veces, a las ocho estaba en el colegio electoral, llegaron la presidenta, los vocales, el colegio es compartido por cuatro mesas, las cuatro constituidas con anodina normalidad, casi todos los titulares comparecieron, algún suplente tuvo que asumir la titularidad, algunos ilusionados con la experiencia, todos sacrificados, muchos comentarios sobre la reorganización de la rutina familiar que supone el ocupar un puesto en las mesas.

El papeleo, agobiante en un primer segundo, se desarrolla con celeridad y antes de darte cuenta están entrando los ciudadanos, las ciudadanas a depositar su papeleta.

Desconcierto eso si para saber qué mesa es a la que se tienen que acercar, es necesario explicárselo a muchos, acompañarlos a la entrada donde figuran los listados de las calles que se corresponden con cada mesa.

Alguna pregunta sobre dónde están las papeletas, aunque muchos las traen ya de casa, alguna pregunta sobre si se debe meter sólo una en el sobre, poca anécdota más, salvo que alguien vino sin carnet de identidad y no pudo votar o la del que excusa ante la mesa a su pareja enferma que no ha podido desplazarse.

Lo aburrido y anodino de lo que cuento es justamente lo grandioso de lo que vivimos a lo largo de nuestras más de cuatro décadas en democracia.

Votando decidimos el reparto del poder en nuestras administraciones y gobiernos en una jornada llena de normalidad y civismo, pese a que las consecuencias de lo que hacemos ese día pueden suponer cambios trascendentes para muchos candidatos, para las instituciones y administraciones conferidas.

Cuando hace ya 40 años empecé a ser interventor ya era así, pero aún tenía la emoción de lo nuevo, el orgullo de que muy poco antes no se votaba, se hacía directamente lo que un general ordenaba, ni tan siquiera podías opinar políticamente, ni reunirte, ni asociarte, ni sindicarte, ni ser elector ni elegible, a lo que más se llegaba era a aquello de la atrevida revista La Codorniz,  <La revista más audaz para el lector más inteligente> que tantos problemas tuvo con la censura franquista. Al parecer lo de que publicaron a modo de parte meteorológico: <Reina un fresco general procedente de Galicia que tiende a dominar a toda la Península> no es cierto, pero merecería serlo.

En las mesas coincidimos interventores de muchos de los partidos que se presentan a las elecciones, según la capacidad de sus estructuras o lo movilizados que estén hay más o menos presencia, para mi suele ser una primera encuesta a pie de urna.

Lo cierto es que como interventor nunca he tenido nada que hacer que no fuera ser testigo sensible a tanto orden, naturalidad y amabilidad que se sucede en esa jornada, sea quien sea el favorito, sea quien sea el que gobierna, sea como haya sido la campaña que ha precedido a ese día. Mi función como interventor, desde hace cuarenta años, susto me da el leer la cifra, no ha pasado de ayudar como me dijo aquel viejo militante que quizás era más joven que yo ahora.

Disfruto de la muy aburrida fiesta de la democracia.

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