“Precisamente porque están influidos por su manera de pensar, su ideología, en muchos asuntos es previsible el sentido de sus interpretaciones y por eso se prefieren unos a otros”

OPINIÓN. Charlas con Nadie

Por Manuel Camas
. Abogado

13/09/22.
Opinión. El conocido abogado Manuel Camas escribe su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre la independencia judicial: “Siempre he pensado que los jueces son independientes, desde luego tienen absolutamente todo para poder serlo. Sin embargo, que sean independientes no significa que no tengan ideas, sentimientos, ideología; influidos por todo eso,...

...no obstante, están sujetos al ordenamiento jurídico y lo aplican e interpretan en los casos concretos, dictando resoluciones y ejecutándolas”.

Independencia

Tenía en mente escribir sobre el Poder Judicial, pero el tema está tan destrozado que se quitan las ganas.


Se disfrace como se disfrace tiene en el fondo poca discusión, los mandatos concluyen, estamos en una democracia, los resultados electorales deben influir en el rumbo de las renovaciones, también en el Poder Judicial y en el Tribunal Constitucional, con los filtros que la propia Constitución y las leyes establecen. La renovación de la composición de esas Instituciones no es un elemento lícito de negociación, bloquear esos órganos para mantener en ellos la mayoría de hace ocho años es indecente para la democracia.

Siempre he pensado que los jueces son independientes, desde luego tienen absolutamente todo para poder serlo. Sin embargo, que sean independientes no significa que no tengan ideas, sentimientos, ideología; influidos por todo eso, no obstante, están sujetos al ordenamiento jurídico y lo aplican e interpretan en los casos concretos, dictando resoluciones y ejecutándolas.

Precisamente porque están influidos por su manera de pensar, su ideología, en muchos asuntos es previsible el sentido de sus interpretaciones y por eso se prefieren unos a otros, no porque dejen de ser independientes, sino porque se sabe cómo piensan.

Tal y como ya señaló en su día el que fuera Presidente de la Asociación Profesional de la Magistratura, Ramón Rodríguez Arribas, y queda recogido en la web de esa asociación: “un Juez apartidista que se reconoce humano y por ello posible víctima de sus propias ideas personales, pero que se declara decidido a poner todo su más íntimo esfuerzo en no dejarse arrastrar por otras que no sean las contenidas en las leyes como regla objetivada de convivencia social; un Juez amparador de las libertades de los ciudadanos, de todos los ciudadanos y de cada uno de ellos y por eso dispuesto a arrastrar las invectivas del grupo de la mayoría, (hasta de todos los demás) cuando entiende en conciencia que la Ley le ordena proteger el derecho de un solo individuo, en definitiva un Juez independiente, guardián de la dignidad de la persona y de la libertad, que trata de realizar la Justicia a través del Derecho”.


He estado plenamente convencido de que eso era así, pero el espectáculo que vivimos estos años, que excede todo límite, me invita a reflexionar.

En la ecuación llena de factores que es la independencia judicial hay uno que no suele exponerse a la luz y creo que deberíamos, el papel de las asociaciones judiciales.

El art 127 de la Constitución las instituye:

“1. Los Jueces y Magistrados así como los Fiscales, mientras se hallen en activo, no podrán desempeñar otros cargos públicos, ni pertenecer a partidos políticos o sindicatos. La ley establecerá el sistema y modalidades de asociación profesional de los Jueces, Magistrados y Fiscales.

2. La ley establecerá el régimen de incompatibilidades de los miembros del poder judicial, que deberá asegurar la total independencia de los mismos.”

Nacieron como derecho constitucional de un colectivo que no puede afiliarse a partidos ni a sindicatos, era necesaria una fórmula que fortaleciese a los jueces colectivamente en sus propias reivindicaciones ante otros poderes del Estado.

Sin embargo, debemos preguntarnos si más allá de eso finalmente las asociaciones pueden llegar a incidir en la propia independencia de los jueces y si existen precauciones suficientes para evitarlo.

Las organizaciones, las judiciales también, tienen opinión. Muchas veces son opiniones tácitas, lo que equivale a poco transparentes, no están explicitadas en textos, pero en la conciencia común del colectivo asociado, y no asociado, se saben que son las predominantes de manera que alinearse o no con ellas generará simpatías o antipatías.

Como consecuencia de ello, lo que debe ser una independencia individual de la jueza o del juez, quizás haya derivado en una independencia colectiva, bondadosa en sí misma, salvo que adquiera tal fuerza que haga desaparecer la individual en mayor o menor medida porque, dependiendo de la importancia que el asunto tenga para la asociación, lo que suele coincidir con los conflictos de intereses políticos o mediáticos, esta puede reaccionar exigiendo, también tácitamente, disciplina.

La simpatía con la que la asociación, sus juntas directivas, miren o no a sus miembros, según respeten y se conduzcan conforme a la opinión predominante, puede condicionar decisivamente las propias aspiraciones individuales dentro de la carrera judicial, sin ningún género de dudas mucho más que el gobierno de turno, incluso que el Consejo General del Poder Judicial.


Si lo que planteo es un problema, y creo sinceramente que lo es, no se me ocurre que pueda enfrentarse más que con la exigencia de una dosis enorme de transparencia, protocolos que detecten la existencia de conflictos de intereses, que los hay, claridad en los apoyos, descripción precisa de la meritocracia, etc., en definitiva, proteger la independencia de jueces, juezas, magistrados y magistradas frente a asociaciones que influyen en sus carreras decisivamente.

El devenir de estas líneas no es el que pretendía, no sé si para una gran mayoría el asunto es poco o nada interesante, la verdad que la palabra independencia daba mucho juego, podía ser la de los jóvenes, limitados por sus dificultades económicas o, escrito este artículo en el día de la Diada, tenía también su punto ácido visto desde la confusión de insolidaridad con independencia, podríamos hablar de moda, quizás nos independicemos de la corbata, aunque dicen que vuelve con más fuerza, o de cine, o de que realmente la independencia no puede existir en esencia cuando hablamos del ser humano, que ha conseguido existir justamente restándose independencia a favor de lo colectivo, de lo colaborativo, por la necesidad de ayudarse unos a otros para resistir y avanzar en una naturaleza en muchos sentidos poco amable, al principio fueron las fieras hoy que nos lo digan de los virus, por ejemplo.

Pero soy una persona que ha hecho de la justicia su vida, por eso amigo Nadie, pese a que comencé a escribir pensando en huir de este asunto que me entristece, me ha salido solo, porque veo con enorme desazón cómo se perjudica la Justicia y porque creo que es importante que esa inmensa mayoría de jueces y juezas independientes tomen conciencia de que también hay que analizar y establecer controles eficientes dentro de la propia casa, como en todas las casas, tampoco esa es una excepción, nos afecta de manera esencial a todos.

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