“Si hay que cambiar la Constitución por supuesto que se puede cambiar, pero que nos digan porqué, para qué y que convenzan de ello a la inmensa mayoría”

OPINIÓN. Charlas con Nadie

Por Manuel Camas
. Abogado

25/10/22.
Opinión. El conocido abogado Manuel Camas escribe su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre una conferencia de Miquel Roca sobre la Constitución: “La enorme pasión puesta por el conferenciante en transmitir que la transición política española salió bien, pero no era obligatorio que ocurriera así, y que es una historia de éxito de la ciudadanía española...

...de la que debemos estar orgullosos”.

Conexión

Emoción quizás debía ser el título de estas líneas, pero ahora explicaré porqué elijo conexión.


El pasado miércoles 19 de octubre tuve el privilegio de asistir a la conferencia que don Miquel Roca Junyent dictó en el Aula Magna de la Facultad de Derecho, organizada por la Cátedra que lleva su nombre y por el Seminario de Valores Constitucionales de la Cátedra Torrijos.

En el Aula Magna, con quinientas seis butacas, todas ocupadas, había cerca de seiscientas personas, con asistentes sentados incluso en las escaleras de acceso a las gradas.

El título de la conferencia era <Así hicimos la Constitución>. El público abrumadoramente joven, estudiantes de entre dieciocho y veintidós años. Junto a don Miquel, el decano de la Facultad de Derecho, Juan José Hinojosa la vicerrectora y directora de la Escuela de Doctorado, Magdalena Martín, el catedrático de Derecho Constitucional, Ángel Rodríguez y yo mismo.

La conexión entre público y conferenciante fue inmediata. Estamos hablando de estudiantes nacidos en los primeros años del siglo XXI, la inmensa mayoría después del año 2000 les hablaba una persona con 82 años sobre unos acontecimientos esencialmente sucedidos en 1978, muchos años antes de que ellos nacieran.

La actitud del público fue entusiasta arrancándose con un aplauso cerrado y prolongado al finalizar la conferencia, algunos de ellos puestos en pie.

No puedo transcribir la conferencia, mucho menos resumirla, la desmerecería indudablemente, no era solo su contenido, era la forma de expresarlo y sobre todo la enorme pasión puesta por el conferenciante en transmitir que la transición política española salió bien, pero no era obligatorio que ocurriera así, y que es una historia de éxito de la ciudadanía española de la que debemos estar orgullosos, porque sobre el cimiento fuerte del orgullo de haber hecho algo importante y muy bien, es sobre el que puede construirse el futuro que difícilmente se alza sobre el fracaso.


Mientras el conferenciante hablaba fui anotando palabras, todas ellas iniciadas por las mismas letras: convivencia, confianza, consenso, constitución, confrontación, concertación, conferencia. Junto a ellas una frase: <Sin convivencia no hay progreso>.

<Sr. Roca, que esta vez salga bien>, le exhortó en Barcelona un personaje desconocido una noche oscura saliendo de la Generalitat en plenas negociaciones constitucionales.

Se sentaron en una mesa y pusieron por delante lo que les unía, no lo que les separaba, no intentaron resolver una guerra civil y cuarenta años de dictadura, trataron de cimentar la posibilidad de convivencia de los ciudadanos de un país que superó en aquellos momentos siglos en los que fuimos incapaces de hacer nada juntos.

La visión expresa de que el objetivo era superar <siglos de guerra> como dice el himno de Andalucía, siempre la pensé como una consecuencia, no como un objetivo consciente, siempre pensé que los siete padres de la Constitución de 1978: don Miguel Herrero (UCD), don Gabriel Cisneros (UCD), don Jordi Solé Tura (PCE), don Miquel Roca (Minoría Vasco-Catalana), don Manuel Fraga (AP), don José Pedro Pérez-Llorca (UCD) y don Gregorio Peces-Barba (PSOE), se habían sentado pensando <solo> en superar la guerra civil y la dictadura.

Imagínense las distancias entre Manuel Fraga, por ejemplo, y el resto, <pensaba cuándo me iba a detener, pero acabé queriéndolo, siendo su amigo, llorando el día que falleció>.

Lo conseguimos y la Constitución fue aprobada en referéndum, por primera vez en nuestra historia, por una muy abrumadora mayoría, inmejorable expresión del consenso.

Se puede cambiar, ella misma contiene las reglas del cambio, es difícil cambiarla se dice, porque exigiría grandes mayorías, pues claro, es que tras el cambio que fuese, tiene que seguir siendo de la inmensísima mayoría, que en ella quepan todos y todas.

Cuando Tejero entró en el Congreso pensé, decía el conferenciante: cuánto han tardado, pero ahora hace cuarenta y cuatro años, y celebro cada año que cumple.

Si el conferenciante fue de matrícula de honor, la Facultad de Derecho de Málaga pasó del sobresaliente.

El lleno del auditorio significa capacidad del claustro de profesores de comunicar con sus alumnos y hacerles ver la importancia del tema y el momento, la actitud del alumnado absolutamente ejemplar, interesada, atenta, respetuosa, las preguntas pertinentes y bien formuladas.

Confieso que me emocioné y creo que no fui el único que lo hiciera, hay que contar lo que la Transición fue, lo que supuso, se hizo referencia a las circunstancias económicas, a los Pactos de la Moncloa, al terrorismo, y hay que presumir de lo que fuimos capaces de hacer. Yo tenía ocho años, a los congregados en el aula magna de la Facultad de Derecho les faltaban cuarenta años para nacer y, sin embargo, ese texto que reconoce expresamente nuestros derechos y libertades, que establece nuestras normas de convivencia, nos une por encima de las generaciones.

En algún momento se mencionó, si hay que cambiar la Constitución por supuesto que se puede cambiar, pero que nos digan porqué, para qué y que convenzan de ello a la inmensa mayoría.

La conferencia dejó muchas cosas en el ambiente, nos fuimos mejores de lo que habíamos entrado al aula, exhortados a la convivencia, exhortados a exigir consensos políticos, conectadas al menos tres generaciones.

Gracias don Miquel.

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