“Tenemos un charco de considerable dimensión, una parte importante de la población de distintos territorios no quiere verse incluida en España. Sentimientos, historia, utilización, agravios, lo que se quiera buscar para explicarlo, pero es una realidad tozuda”

OPINIÓN. Charlas con Nadie

Por Manuel Camas
. Abogado

15/11/22.
Opinión. El conocido abogado Manuel Camas escribe su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre los problemas: “Meterse en un charco conlleva, como poco, mojarse, a veces llenarse de barro. Claro que depende de cómo sea el dichoso charco que puede ir de charquito a socavón”...

Charcos

En algún momento de esta semana tuve una conversación acerca de lo que significaba meterse en charcos. El comentario lo propiciaba la sensación de estar rodeado de cuestiones que si te metes acaban afectándote, aunque no es fácil rehuirlas ni rodearlas para no entrar en ellas.


Cuando hablamos de política todo se vuelve mucho más complejo, la política desde luego lo es.

Meterse en un charco conlleva, como poco, mojarse, a veces llenarse de barro. Claro que depende de cómo sea el dichoso charco que puede ir de charquito a socavón.

La Real Academia Española lo define como agua, u otro líquido, detenida en un hoyo o cavidad de la tierra o del piso, aunque el propio diccionario dice que puede llegar hasta el tamaño de un océano, normalmente en ese caso se refiere al Atlántico, cuando se usa la expresión <cruzar el charco>.

No es precisamente por esa utilización simpática de llamar charco al Océano Atlántico de donde viene la expresión <ahogarse en un charco> o <ahogarse en un vaso de agua>, utilizada para hacernos ver que le damos demasiada importancia a un problema realmente pequeño.

Los charcos no son ni buenos ni malos, simplemente existen. Si acaso, lo que será bueno o malo será la naturaleza del firme del suelo, una carretera llena de baches o un camino mal compactado estarán llenos de charcos cuando llueve.

Hay gente a la que le gusta meterse en charcos, especialmente cuando son aún niños a los que si les proporcionas unas botas de agua disfrutarán como lo que son, con la intensidad de su vitalidad. Si las botas son nuevas, disfrutarán <tan felices como niños con zapatos nuevos>, que debe ser la felicidad duplicada.


A tanto puede llegar el placer de meterse en un charco que a veces utilizamos la expresión <disfrutar como un gorrino en un charco>, aunque en el terreno animal también puede ser el placer de una rana en una charca.

El charco es más pequeño que la charca, que se define como un depósito algo considerable de agua, detenida en el terreno, natural o artificialmente. La charca pues, no solamente es más grande, sino que además solo puede ser de agua, si nos atenemos a la definición, por lo que en un plano teórico no te debe llevar ni a ensuciarte ni a mancharte de barro, así que a los fines de estas líneas seguiremos con lo del charco.

Pese a que se puede disfrutar de los charcos como gorrinos o como niños, muchas otras veces la usamos como símil de problema, quien se mete en un problema se mete en un charco y de ambos puedes salir manchado.

Las personas pueden meterse en los charcos simplemente para disfrutar, como ya hemos dicho, pero no es lo más común, ya en la edad adulta solemos pisarlos solamente por descuido, a veces porque no hay más remedio si queremos pasar, porque ocupan todo el camino y ni saltando alcanzamos a no meternos; otras acabamos dentro de ellos para arreglarlos y que el camino mejore, para que no se hagan más grandes, porque los charcos se comportan como seres vivos, crecen y se reproducen con el paso del tiempo, en definitiva, que hay que meterse para dejar las cosas en mejor estado para los que vengan detrás.

Los charcos se nos olvidan muy a menudo, porque habitualmente no existen más que cuando llueve, el resto del tiempo ni nos acordamos de ellos.

Charco como símil de problema decíamos, es decir, charco entendido como <dificultad de solución dudosa>, que es una de las definiciones de problema que nos ofrece el diccionario.

A estas alturas del juego de palabras, expresiones, símiles y ocurrencias, todos habremos identificado algún charco que nos molesta en nuestro camino, o varios, o muchos.

Los que nos dedicamos a la abogacía no paramos de ver charcos, lo hacemos como técnicos y nos piden que intentemos solucionarlos, nuestras mesas están llenas de problemas, aunque ya eso no signifique que estén llenas de papeles, afortunadamente para el medio ambiente y la productividad el papel tiende a cero.

En la vida cotidiana, la vida familiar, la de nuestras amistades, también aparecen charcos, a nosotros o a los que más queremos, en esos también estamos dispuestos a meternos sin dudarlo, para ayudar.

Sin embargo, como decimos al principio, cuando hablamos de política todo se vuelve mucho más complejo. Tenemos un charco de considerable dimensión, una parte importante de la población de distintos territorios no quiere verse incluida en España. Sentimientos, historia, utilización, agravios, lo que se quiera buscar para explicarlo, pero es una realidad tozuda.

El Derecho no puede solucionar ese problema, obviamente conforme al derecho y nuestra Constitución la cuestión es relativamente sencilla, si en ese sentido algo tiene que cambiar solamente puede ser por amplísima mayoría del conjunto de los españoles, modificando la Constitución. Quien contraría las leyes, según la gravedad de sus actos, recibirá una sanción o será juzgado y se le impondrá una pena. La parte que corresponde al Derecho ha funcionado, lo que nos tranquiliza, seguimos teniendo reglas de juego, pero el problema político así no se resuelve.

El camino para vaciar ese charco solamente puede ser el diálogo, la búsqueda de espacios de entendimiento dentro de los anchos límites que nuestra Constitución establece, el empeñarse en un intento permanente de compartir y construir juntos proyectos para el futuro, la persistencia en ese diálogo con quien quiera hablar. Ese es el camino, por más charcos que tenga. No creo que los socavones llenos de agua de esa ruta se puedan saltar y no creo que los charcos desaparezcan por sí solos por el mero paso del tiempo, es un espacio donde llueve con frecuencia. El fin de todo esto, seguir por buen camino, merece incluso llenarse de barro y le da altura al que lo intenta, aun sabiendo que solamente es uno de los innumerables socavones que arreglar.

Hablando de meterse en charcos como ejemplo sirven estas líneas, con la mejor voluntad, aceptemos que los problemas políticos no tienen otra solución más que hablar sin descanso, buscar espacios de entendimiento, aunque a todos nos cueste, porque todos estamos cargados de razón.

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