OPINIÓN. Caleidoscopio. Por Laura Martínez Segorbe
Cofundadora de la Asociación Enjipai para mejorar las condiciones de vida de los masái de la aldea de Mfereji, Tanzania

22/09/20. Opinión. La cooperante internacional Laura Martínez, en esta nueva colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com, escribe sobre el abandono de los mayores por parte de la sociedad: “Los mayores como tú, los abuelos y abuelas de todos, están, pero no. Se habla de ellos pero nadie se ocupa de ellos. Las administraciones y autoridades...

...os han convertido en objeto de cambio, pero sin ni siquiera haber nada a cambio, porque para ellos el bien y el mal les son indiferentes. Siguen ahí como animales carroñeros, haciendo el trabajo sucio, además de tarde y mal”.

Carta abierta a mi abuela Teresa

Una vez concluido este verano tan atípico retomo mi colaboración quincenal con la revista EL OBSERVADOR. Escribir este artículo significa sobre todo, que estoy viva. Lo que en estos tiempos es importante, porque parece que si no nos mata este virus, será otro, llámese Covid-19 o Covap como la leche. Llámese cataclismo mundial, llámese despropósito económico. En fin, que estoy viva, casi de milagro, con la que está cayendo.


Cambiando de tercio, durante este largo periodo de confinamiento, ha habido momentos realmente felices y otros muy tristes. Y luego uno, tristísimo. Nuestros mayores. Y por eso es que los elijo para comenzar esta nueva temporada con la revista EL OBSERVADOR, en mi sección “Caleidoscopio”. Porque me apetece y, sobre todo, porque es justo, no se merecen menos. ¡Ay nuestros mayores! Y digo “nuestros” porque son nuestro referente más cercano.

Carta abierta a mi abuela Teresa

¡Hola abuela! ¿Cómo va todo por ahí arriba? Seguro que estás bien. Por aquí te seguimos enviando flores, espero que te lleguen.

Es la primera vez que te escribo públicamente, con la ilusión de que alguien te lea estas letras.


Decirte que te quiero mucho (aunque eso ya lo sabes) y que cada día te recuerdo. Te echo en falta. Demasiado. A veces te sigo viendo en la avenida o sentada en la silla de playa a la orilla del mar. Incluso a veces huelo la mezcla de azúcar y canela que cubrían tus roscos. En realidad es como si estuvieras aquí a mi lado, aunque no estés. Y eso es exactamente lo que está pasando ahora en nuestro país.

Los mayores como tú, los abuelos y abuelas de todos, están, pero no. Se habla de ellos pero nadie se ocupa de ellos. Las administraciones y autoridades os han convertido en objeto de cambio, pero sin ni siquiera haber nada a cambio, porque para ellos el bien y el mal les son indiferentes. Siguen ahí como animales carroñeros, haciendo el trabajo sucio, además de tarde y mal.

Personalmente, para mi, vosotros, abuelos y abuelas, sois aquellos que salisteis del fondo amargo de la guerra y la postguerra, como perlas preciosas: en tiempo, decentes y bellas. Con esa extraña belleza española, salisteis no demasiado airosos, pero con la honra por bandera. Esa es la única bandera, que se enteren los patriotas (que por cierto empezaron a pudrirse hace años porque nunca han estado dispuestos para el amor). Y eso es lo que nos habéis enseñado: honrados a pesar de todo, incluso aunque te maten. En sus manos ya no hay sangre, pero si muerte. Siguen deambulando por las tinieblas…

Este asunto se me ha enquistado y algunas noches me mantiene insomne. Porque igual que tú me dolías y me dueles, me duelen hoy el resto de personas mayores. Es un dolorcillo seco, algo amargo. No entiendo que os hayan expulsado (en algunos casos por duplicado) del último edén: la vejez.

Las noticias solo os nombran con números, cada vez que os marcháis. Yo creo que os han encerrado para que no os suicidéis antes, porque si veis lo que hay afuera… En las noticias es mejor decir que habéis fallecido a que os habéis suicidado de impotencia, de dolor y de pena.

Tú recuerdo es un prueba clara de que el vacío duele y es perseverante. Tú no eras un número ni lo serás nunca. Nuestros mayores no son números ni lo serán nunca.

Por cierto abuela, por aquí sigue sin importar lo que pasa fuera de nuestras fronteras, como por ejemplo en un poblado masai en Tanzania donde, por cierto, los mayores son respetados, cuidados y acompañados por la familia y los amigos, siempre. Son referentes de sabiduría y conocimiento, siempre. En definitiva se les quiere por encima de todo. De todo.


Puede leer aquí anteriores entregas de Laura Martínez:
-16/06/20 Racismo
-18/05/20 El grito del silencio
-21/04/20 Mañana todo irá bien
-25/03/20 Para algunos, se prevé un marzo duro
-11/02/20 El columpio
-08/01/20 Refugio
-18/12/19 Crisis
-18/11/19 La revolución de las emociones
-11/10/19 Cazador blanco, corazón negro
-13/09/19 Poesía: la conquista diaria
-21/06/19 Ciclo vital
-07/06/19 I believe in me. That is enough
-24/05/19 El pastor

-10/05/19 Agua
-11/04/19 Debemos ser honestos
-29/03/19 En Mfereji no tenemos un Peter Tabichi. Tenemos dos.
-15/03/19 Unidad didáctica: La sabana (para niños y adultos, para adultos niños y para curiosos)
-01/03/19 La mujer es un árbol de magnolias
-15/02/19 El sonajero
-01/02/19 Conservar la belleza
-18/01/19 Málaga-Estambul-Nairobi-Arusha
-03/01/19 Los poetas del firmamento y algunos desapegos
-21/12/18 La Navidad de cada día
-07/12/18 Es posible vivir en armonía
-23/11/18 El niño de los ojos de almendra
-09/11.18 Emwa Sidai. Colores Bonitos
-26/10/18 Una escuela en alguna parte…
-15/10/18 Jurisprudencia
-28/09/18 Lucha de Gigantes
-14/09/18 Caleidoscopio