La división de la población americana entre blancos y negros, o mejor dicho, entre blancos y menos blancos, es algo que subyace desde el nacimiento de ese país

OPINIÓN. Boquerón en vinagre. Por Francisco Palacios Chaves
Programador informático


04/06/20. Opinión. El programador informático Francisco Palacios escribe en su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com un artículo sobre la polémica muerte de un hombre en Estados Unidos a manos de la policía: “La brutalidad policial es un hecho que, de tan repetido, casi ha dejado de ser noticia. En esta ocasión, la frialdad, la intencionalidad y la inhumanidad de quien se supone...

...que trabaja para proteger y servir, como rezan sus placas, es mucho más dura. Y la reacción de buena parte de la sociedad americana, más encendida. Desde los días del asesinato de Martin Luther King no se veían revueltas de tal calibre”.

¿Racismo? Qué negro ni que negro…

Hablar del racismo en EEUU es hacerlo de la propia historia de la que, según dicen, es la primera potencia mundial. Aunque, a mi entender, estamos viviendo un cambio de ciclo en el que esa supremacía está cambiando de manos. Pero esa es otra historia.


La división de la población americana entre blancos y negros, o mejor dicho, entre blancos y menos blancos, es algo que subyace desde el nacimiento de ese país. La americana es una sociedad que siempre ha mirado con ojos entornados a todo aquel que no tenía el tono de piel adecuado, ya fuera el de los descendientes de los esclavos africanos, el de los pueblos nativos que han sido llevados hasta casi el exterminio, el de sus vecinos del sur, o incluso el de Antonio Banderas, ya que nos ponemos.

Ese racismo llega, de manera transversal, a todos los sectores de la sociedad. No sólo por el hecho de que, por ser afroamericano, tengas el doble de posibilidades de morir a manos de la Policía que un blanco. En 2011, el 27% de la población negra vivía por debajo del umbral de la pobreza, 15 puntos más que el porcentaje de población blanca. De la misma manera, el desempleo es el doble entre afroamericanos que para el resto. En el ámbito de la Educación, sólo el 52% de los estudiantes negros logran graduarse, mientras que si eres blanco, ese porcentaje sube hasta el 78%. La brecha es económica y educativa, una espiral de la que es muy complicado escapar.

Además, los medios no hacen ningún favor para disolver estas distinciones. Cuando es un hombre de raza blanca el que entra en unas oficinas y asesina a todos sus ex-compañeros, se le tilda de forma automática como “perturbado mental”. Pero si el autor es negro, automáticamente se añade el color de su piel al titular. Por no hablar si es de origen árabe, en cuyo caso no se tardará en colgársele la etiqueta de “terrorista”.

La brutalidad policial es un hecho que, de tan repetido, casi ha dejado de ser noticia. En esta ocasión, la frialdad, la intencionalidad y la inhumanidad de quien se supone que trabaja para proteger y servir, como rezan sus placas, es mucho más dura. Y la reacción de buena parte de la sociedad americana, más encendida. Desde los días del asesinato de Martin Luther King no se veían revueltas de tal calibre.

Mientras tanto, ¿qué hace su presidente? Esconderse en su búnker, mientras incendia las redes y amenaza con usar al ejército para llevar la paz a las calles. La viva expresión del miedo a lo distinto, a lo diferente, a todo aquello que no tiene su mismo tono de piel.

¿Estamos tan lejos de los americanos como pensamos? Sinceramente, creo que no. Miramos con desdén al inmigrante, al que tachamos de ilegal por huir de la muerte, mientras rendimos pleitesía al petrodólar que sustenta regímenes homófobos y machistas. Desconfiamos del joven gitano que pasa a nuestro lado, aunque no sepamos si va de camino a la universidad o a su puesto de trabajo. Sembramos bulos sobre los chinos, sus tiendas, sus cementerios o la dudosa procedencia de la carne que adereza sus platos.

Sin ir más lejos, el mismo partido que fue felicitado por el Ku Kux Klan por sus resultados electorales, ahora se posiciona y apoya al POTUS “en estos momentos en los que su Nación es atacada por terroristas callejeros amparados por millonarios progres”. Imagino que, entre esos millonarios progres, contarán a Pau Gasol, Lewis Hamilton, Madonna, Ricky Rubio… Todos ellos conocidos patrocinadores de revueltas a lo largo y ancho del mundo. No como el KKK, eterno candidato al Premio Nobel de la Paz.

Corren malos tiempos para los que no encajamos, para los que se nos puede señalar por el color de la piel, el sexo, la condición sexual, el acento, sus creencias y preferencias políticas. A pesar de todo, no me preocupa la etiqueta que me cuelguen, porque sé llevarla con orgullo. Quien tiene el problema no soy yo por ser señalado, sino los que, armados con sus mentes cerradas y obtusas, necesitan señalarme para combatir su miedo. Porque ellos son los que quieren que todo esto se convierta en una merienda de negros.

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