Confundimos equidistancia con moderación, esa virtud que tiene la sana intención de establecer puentes entre puntos de vista opuestos, que posee el firme propósito de acercar posturas, en un principio irreconciliables, y encontrar, si es posible, puntos de acuerdo entre ambas

OPINIÓN. Boquerón en vinagre
. Por Francisco Palacios Chaves
Programador informático


11/06/20. Opinión. El programador informático Francisco Palacios escribe en su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com un artículo sobre la equidistancia: “Definitivamente, no se puede ser equidistante entre fascista y anti-fascista, entre creer en la supremacía racial o la igualdad entre los hombres, sin importancia de sexo, raza, religión o condición sexual. Porque, cuando te defines equidistante...

...entre el fascismo y los que se oponen a él, sabiéndolo o sin saberlo, estás equiparando ambas opciones, y eso es, a todas luces, inaceptable. Blanqueas a lo más oscuro, das visos de respetabilidad a lo que no tiene respeto al ser humano, y pones a la misma altura a una larga lista de asesinos y al resto de la Humanidad, que al fin y a la postre son sus víctimas”.

La equidistancia

Se define la equidistancia como la igualdad de distancia entre dos o varios puntos, si lo miramos desde el punto de vista matemático. En la vida real, llamamos equidistante a aquella persona que, ante dos opciones diametralmente opuestas, no se decanta por ninguna de ellas sino por una tercera que es la de mantenerse en medio.


Aristóteles, el maestro de los equidistantes, decía que en el punto medio está la virtud, que no eran loables la cobardía o la temeridad, sino la valentía, que no pecaba al exceso de no tener miedo de las consecuencias, ni por defecto, teniendo miedo a todo lo que no debe tenerlo. Al parecer, todos quieren ahora seguir las enseñanzas del filósofo, sin tener en cuenta algo que hasta el mismo griego advertía: que no siempre la virtud se alcanza en el punto medio.

Confundimos equidistancia con moderación, esa virtud que tiene la sana intención de establecer puentes entre puntos de vista opuestos, que posee el firme propósito de acercar posturas, en un principio irreconciliables, y encontrar, si es posible, puntos de acuerdo entre ambas.

Pero eso no es equidistancia. Ni siempre es posible mantenerla. No es posible ser equidistante entre ser demócrata o pedir un golpe de Estado, por mucho gobierno de concentración y mucho monarca al frente que se ponga. No hay un término medio entre el gobierno del pueblo o el de unos pocos. Bueno, algunos creen en la tercera vía, que es la de que sólo tengan derecho a voto todos aquellos que no reciban del Estado ningún tipo de subvención, ayuda o “paguita”. Vamos, que sólo puedan votar los suyos. Como si quisieran cambiar aquello de “un hombre, un voto” por “una cartera hasta los bordes, un voto”.

No se puede ser equidistante entre machismo y feminismo, cuando uno de los términos ya constituye el punto medio. El segundo, por si tenía dudas. Como no se puede serlo entre terraplanistas y gente que ha pasado por la escuela, o entre ciudadano concienciado y participante del botellón de Tomelloso. No hay punto medio entre ponerte correctamente la mascarilla o ser tontopollas y llevar la nariz destapada, llevarla tapando la papada o cubriendo el codo, como si una nueva especie de homo sapiens hubiera mutado y sus órganos respiratorios hubieran cambiado de lugar.

Definitivamente, no se puede ser equidistante entre fascista y anti-fascista, entre creer en la supremacía racial o la igualdad entre los hombres, sin importancia de sexo, raza, religión o condición sexual. Porque, cuando te defines equidistante entre el fascismo y los que se oponen a él, sabiéndolo o sin saberlo, estás equiparando ambas opciones, y eso es, a todas luces, inaceptable. Blanqueas a lo más oscuro, das visos de respetabilidad a lo que no tiene respeto al ser humano, y pones a la misma altura a una larga lista de asesinos y al resto de la Humanidad, que al fin y a la postre son sus víctimas.

Ya lo decía el arzobispo sudafricano Desmond Tutu, cuando afirmaba que si eres neutral en situaciones de injusticia, has elegido el lado del opresor. Yo prefiero la militancia a la equidistancia. Con moderación, dejando atrás el insulto, la violencia verbal, física o en cualquiera de sus formas. Pero militancia, al fin y a la postre. Porque las monedas tienen dos caras, aunque tú, equidistante, elijas la tercera opción: ponerte de canto.

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