Esperaba la oposición, en una maniobra desconocida en todo Occidente en tiempos de pandemia, que su táctica de ponerle palos en las ruedas al Gobierno en la peor crisis que podamos recordar le traería réditos políticos y electorales

OPINIÓN. Boquerón en vinagre
. Por Francisco Palacios Chaves
Programador informático


25/06/20. Opinión. El programador informático Francisco Palacios escribe en su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com un artículo sobre la estrategia de la oposición durante la crisis del coronavirus: “A pesar de todo, del griterío, del insulto, de las denuncias sin fundamento, de la presión en la calle, de la colaboración de afamados epidemiólogos como Fran Rivera o Belén Esteban, de las...

...peticiones de gobiernos de concentración, nada les ha salido como esperaban. Ni el mantra del 8M, ni el de la gestión de las residencias, los tests falsos, el lio de cifras de las comunidades autónomas, han resultado útiles, aparte de dejar un país dividido y confrontado, atrincherado en posturas de difícil reconciliación”.

La Estrategia Hiroshima

Les ha salido mal. Lo pinten como quieran pintarlo, por mucho que acusen a Tezanos de que se le queman las encuestas del CIS. Pero les ha salido mal. Como el culo.


Esperaba la oposición, en una maniobra desconocida en todo Occidente en tiempos de pandemia, que su táctica de ponerle palos en las ruedas al Gobierno en la peor crisis que podamos recordar le traería réditos políticos y electorales. Pasaron de apoyar el estado de Alarma a mostrarse contrarios, pasando por la abstención, en unos giros no ya copernicanos, sino dignos de la final olímpica de suelo. Apoyados en la pata de la ultraderecha, endurecieron el discurso hasta convertir la oratoria en un virtual campeonato de lanzamiento de huesos de aceitunas envenenados. Ni el apoyo del campeón les ha bastado.

Han usado a las víctimas más allá de los límites del pudor, han recibido todo el apoyo mediático de la prensa servil, las máquinas de bulos han echado humo. Han sacado a sus partidarios a la calle, contraviniendo medidas y saltándose recomendaciones médicas, a golpe de hierro 3 y claxon de BMW. Pero no ha bastado.

Al final, el tiempo pone a cada uno en su sitio. Las cacerolas solo suenan cuando las criadas rascan con estropajo lo pegado, y los que clamaban libertad ya son libres de ir a echar unos hoyos. Cada acuerdo del gobierno con la patronal es un duro golpe en la línea de flotación de la derecha, que se queda, día tras día, sin un argumentario con el que enfrentar las medidas sociales del Gobierno, si es que alguna vez lo han tenido. Ya ni los tribunales les permiten un atisbo de victoria, y una a una las denuncias van quedando archivadas, aunque rabien cual forofos a los que no les gusta la decisión del VAR. Malditos árbitros comprados. Así, así, la izquierda bolchevique narco bolivariana gana así.

Para colmo, hasta el Banco de España habla de consenso para salir de la crisis, en un mensaje claramente dirigido al líder de la oposición. Un líder que ve como se está quedando solo en su maniobra de confrontación. Ciudadanos ha optado por distanciarse del partido de Casado, sirviendo como apoyo al Gobierno y recuperando cierto aliento, al tiempo que perdía gritones y advenedizos que no han sabido aportar nada de chispa. Y VOX se aleja en su viaje más allá de la ultraderecha, haciéndonos temer que el día menos pensado le da la vuelta al marcador y sale por el otro lado, tocados con gorras del Che y lazos morados.

A pesar de todo, del griterío, del insulto, de las denuncias sin fundamento, de la presión en la calle, de la colaboración de afamados epidemiólogos como Fran Rivera o Belén Esteban, de las peticiones de gobiernos de concentración, nada les ha salido como esperaban. Ni el mantra del 8M, ni el de la gestión de las residencias, los tests falsos, el lio de cifras de las comunidades autónomas, han resultado útiles, aparte de dejar un país dividido y confrontado, atrincherado en posturas de difícil reconciliación.

Bien pensado, a lo mejor lo que querían era eso.

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