“Nadie pide que se renuncie al uso turístico del centro. Sería absurdo. Lo que sí deberían pensar es que es un espacio para todos, los de fuera y los de aquí, para disfrute del foráneo y del autóctono

OPINIÓN. Boquerón en vinagre
. Por Francisco Palacios Chaves
Programador informático


10/09/20. Opinión. El programador informático Francisco Palacios escribe en su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com un artículo sobre la gentrificación del centro de Málaga y la crisis que atraviesa ante la falta de turistas: “Se rasgan las vestiduras porque mucha de la hostelería que ha vivido años de esplendor se resiente ahora, y se carga a las espaldas de los malagueños la...

...responsabilidad de su muerte y su desapego a la hora de salvarlo. Los mismos que sostenían que el comercio tradicional cerraba por falta de ventas. Es el mercado, amigos. Pero es el mercado para todos, no para sólo unos cuantos”.

Centrocuentismo

El tiempo pone a cada uno en su sitio, y esta maldita pandemia se ha comportado como acelerante en un incendio provocado, como combustible nuclear para el reloj que recoloca a cada uno en la posición que se merece.


Lo venían diciendo cada ocasión que se terciaba, lo afirmábamos cada vez que podíamos: no se pueden poner todos los huevos en el mismo cesto. Y el centro de la ciudad es la prueba palpable de ello. Si a día de hoy te das un paseo, ves los resultados de centrar, nunca mejor dicho, todo el esfuerzo empresarial en un tipo de cliente, que no es precisamente el lugareño, sino el que ha llegado por volquetes desde más allá de nuestras fronteras. En cuanto ese grifo se ha secado, nos encontramos con la desagradable sorpresa de que no hay quien haga caja. Ya no se tapan las campanadas de la Catedral con el ruido de las ruedas de miles de maletas en busca de su alquiler vacacional. Ya no se llenan las tiendas de souvenirs, ni las paellas de pladur llenan el aire con su aroma a refrito.

¿Dónde están los malagueños? ¿Dónde están esos centrófobos que odian todo lo que tenga que ver con el centro de la ciudad? Se parte de un error, y es que el malagueño lo odie. En absoluto. Todos los ciudadanos estamos orgullosos de tener un casco antiguo de dulce, cuidado, lustroso, siempre limpio y reluciente. En lo que no estamos de acuerdo es, en mi humilde opinión, en que todo ese esfuerzo y cuidados no se refleja en el resto de la ciudad, y en el giro que se le ha dado al casco histórico hacia la gentrificación, el crecimiento sin freno de alojamientos para extranjeros y la especulación inmobiliaria.

Claro que amamos el centro. Nos gustan sus calles, sus monumentos, las huellas que el tiempo ha dejado en sus calles. Bueno, las que quedan. Porque cuando las vacas están bien gordas, esas mismas huellas no tenían valor ninguno y podían y debían ser derribadas para que afloraran nuevos y relucientes hoteles. Ahora que las mismas vacas casi no se sostienen en pie, veremos si esos derribos han llegado para quedarse durante mucho tiempo.

Se rasgan las vestiduras porque mucha de la hostelería que ha vivido años de esplendor se resiente ahora, y se carga a las espaldas de los malagueños la responsabilidad de su muerte y su desapego a la hora de salvarlo. Los mismos que sostenían que el comercio tradicional cerraba por falta de ventas. Es el mercado, amigos. Pero es el mercado para todos, no para sólo unos cuantos.

Los hosteleros y establecimientos de los barrios también tienen derecho a subsistir, el mismo que el de los negocios del centro. Y ahora, los malagueños, expulsados del mismo durante años, eligen quedarse en sus barrios. Establecimientos cercanos que ofrecen servicios muy parecidos a un precio mucho más asequible para sus maltrechos bolsillos. Me gustaría que los que nos llaman centrófobos se acercaran al Palo, a Santa Paula, a Miraflores, a Teatinos, y les dijeran a esos pequeños empresarios que deben inmolarse como pilotos de un Zero japonés, por el bien de otros que, ahora, no ganan lo que han ganado antes. Porque parece que ellos, los de la periferia, no tienen familias que alimentar ni tienen derecho a tres comidas al día.

Nadie pide que se renuncie al uso turístico del centro. Sería absurdo. Lo que sí deberían pensar es que es un espacio para todos, los de fuera y los de aquí, para disfrute del foráneo y del autóctono. Recapaciten, cambien el rumbo, amplíen su oferta, adáptenla a las circunstancias y tengan en cuenta que Málaga continúa mas allá de la Alameda, que hay más ciudad pasado el Paseo del Parque, que existen más malagueños al otro lado del puente de los Alemanes.

En resumen, no es que los malagueños seamos bienvenidos al centro como americanos berlanguianos al rescate, aunque llevemos colgada la etiqueta de centrófobos, centrófilos o mediopensionistas. Es que es nuestro.

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