“Vox ha presentado este martes una reforma de la vigente Ley de Partidos Políticos, que permitiría ilegalizar a todos los partidos nacionalistas

OPINIÓN. Boquerón en vinagre
. Por Francisco Palacios Chaves
Programador informático


17/09/20. Opinión. El programador informático Francisco Palacios escribe en su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com un artículo sobre el intento por parte de Vox de ilegalizar todos los partidos nacionalistas: “Me alegra que esta reforma haya sido denegada. No por el hecho en sí, ni porque me caigan especialmente mal los diputados de Vox o su ideología, sino porque sentaría...

...un peligroso precedente. Imaginemos que esa reforma hubiera salido adelante. De un solo plumazo, millones de españoles pasarían del día a la noche a ser ilegales, a que sus votos tuvieran el mismo valor que el papel mojado”.

La España Recortada

Vox ha presentado este martes una reforma de la vigente Ley de Partidos Políticos, que permitiría ilegalizar a todos los partidos nacionalistas, ya sean independentistas, como ERC, o, a los que como ellos mismos denominan recogenueces, caso del PNV, bajo la premisa de que quieren romper España. Yo les prometo que, por lo menos por mi barrio, no he visto ninguna grieta, ni ha llegado a mis oídos noticia alguna de que un trozo de la piel de toro se haya separado del resto y ande flotando a sus anchas por el Mediterráneo o el Cantábrico.


Como era de esperar, se han quedado solos. Ni siquiera los partidos de la derecha han dado su visto bueno a una reforma que choca frontalmente contra la Constitución, esa que tanto defienden pero que vendría bien que le dieran un repaso, una lectura sosegada y comprensiva del texto que contiene, porque conocerla, parece que no la conocen. O no la comprenden.

Nuestra Carta Magna, con todos sus defectos, tiene la gran virtud de que da cabida a todos aquellos que, sea cual sea su ideología, defiendan sus ideas de forma pacífica y democrática, renegando de la violencia. Desde los que quisieran la independencia de parte del territorio hasta la ultraderecha, pasando por todo el espectro político. Todos caben. Por tanto, todo aquello que suponga un recorte de los derechos que la Constitución recoge va contra ella, la ensucia y la mancha.

Me alegra que esta reforma haya sido denegada. No por el hecho en sí, ni porque me caigan especialmente mal los diputados de VOX o su ideología, sino porque sentaría un peligroso precedente. Imaginemos que esa reforma hubiera salido adelante. De un solo plumazo, millones de españoles pasarían del día a la noche a ser ilegales, a que sus votos tuvieran el mismo valor que el papel mojado. Hoy son los partidos independentistas, y mañana serían los partidos nacionalistas de la periferia del Estado, porque ya se sabe que el nacionalismo es la cuna del demonio, la semilla del diablo, la simiente de los rompe patrias.

Pasado mañana, les tocaría el turno a los partidos localistas, como Teruel Existe, o algún otro que surgiera para reivindicar los derechos de cualquier territorio, provincia, comarca o comunidad autónoma, porque ya se sabe que no son más que nacionalistas vestidos de piel de cordero, pero se les ve que tienen la mirada aviesa y traicionera de los enemigos de España.

Al cabo de un tiempo, caerían los partidos de izquierdas, porque el Parlamento no se ha hecho para que se sienten en él una panda de perroflautas con rastas, coletas o melenas, con ropas de mercadillo. A la Carrera de San Jerónimo se va de traje y oliendo a limpio. Recortando, recortando, los de centro… Esos son de poco fiar, veletas cobardes que un día votan Sí y mañana No, que según sople el aire se abrazan a unos o a otros. Fuera, fuera.

Ya puestos, esa derecha acojonada y carente de la valentía necesaria para tomar las medidas pertinentes que defiendan a España de los peligros que la acechan, sería totalmente prescindible. No han sabido poner sobre la mesa las dosis de testiculina necesaria cuando era preciso, así que también sería carne de reforma, recorte e ilegalización.

Así que, pasado cierto tiempo, bastaría con un solo voto, un solo dedo que oprimiera un único botón para guiar los designios del Estado. Porque no sería necesario ni el partido único y plenipotenciario; bastaría con la voluntad del Amado Líder, Y para ese viaje no hacen falta tantas alforjas. El Parlamento supondría un gasto innecesario, y sería mucho más cómodo teletrabajar desde la Moncloa. Todo muy moderno y funcional.

Habrá quienes piensen que exagero. Imagino que eso mismo pensaban algunos hace unos 80 años. Y ya sabemos cómo acabó todo. Los recortes, para los setos. Para las libertades, abono.

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