“Ser de izquierdas no tiene que ver con odiar la propiedad privada, ni al empresario, ni siquiera al rico

OPINIÓN. Boquerón en vinagre
. Por Francisco Palacios Chaves
Programador informático


24/09/20. Opinión. El programador informático Francisco Palacios escribe en su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com un artículo sobre las supuestas obligaciones, para algunos, de los votantes de izquierda: “En el preciso instante en que detectan que estás más volcado hacia el grifo del agua caliente que el de la fría, no dudan en eliminar de un plumazo cualquier posibilidad de...

...poder disfrutar de las comodidades de este siglo. Porque ser de izquierdas, al parecer, no te hace merecedor a tener una propiedad a tu nombre, aunque vivas sojuzgado al recibo mensual de una hipoteca”.

Soy rojo y andalucista, con perdón

Admiro la capacidad del españolito medio actual, cuñado a jornada completa, etiquetador de gatillo rápido, y últimamente conocedor de disciplinas tan variadas como la epidemiología, la politología y la nanotecnología.


Desde el instante en que tus opiniones te delatan y dejan bien claras cuáles son tus tendencias políticas, eres el blanco de estos francotiradores que te cuelgan toda clase de distintivos, en función de la cantidad de memes que hayan sido capaces de leer.

En el preciso instante en que detectan que estás más volcado hacia el grifo del agua caliente que el de la fría, no dudan en eliminar de un plumazo cualquier posibilidad de poder disfrutar de las comodidades de este siglo. Porque ser de izquierdas, al parecer, no te hace merecedor a tener una propiedad a tu nombre, aunque vivas sojuzgado al recibo mensual de una hipoteca. En realidad, deberías vivir dentro de una caja de cartón, sobre una cama de cristales rotos y clavos mohosos, en el fondo de una fosa séptica. Eso, o eres un estómago agradecido, que vive de lamer las botas del Amado Líder y de todas las paguitas habidas y por haber, como si uno fuera uno de esos politiquillos de tres al cuarto al que le cabe la vida laboral en un post it.

Has de tener cuidado de que te vean comiendo en un restaurante o bebiendo un vino que no venga en un envase de cartón, cuando a lo que tienes derecho es, como máximo, a rebuscar entre las sobras de un contenedor y llevar a tu morada bajo un puente la verdura podrida, el pescado pasado de fecha y los yogures caducados desde hace una semana. Si encima eres andalucista, eres un islamófilo, amante de los yihabs, seguidor de las locuras de un notario demente  con aspiraciones de califa.

Pues verán, va a ser que no. Intentaré ser todo lo didáctico que pueda. Ser de izquierdas no tiene que ver con odiar la propiedad privada, ni al empresario, ni siquiera al rico. Significa que puedes tener todo lo que puedas aspirar a tener, mientras que no hayas conseguido tus ahorros pisoteando a otros ciudadanos para conseguirlo. Implica que crees en la igualdad de derechos de todas las personas, sea cual sea su sexo, su raza o su cuna, y que apuestas por un Estado que sea capaz de reducir esas diferencias mediante ayudas o subsidios, sin necesidad de llevarte a nadie a tu casa, pagando los impuestos que correspondan a tus rentas y de manera proporcional a los beneficios que obtengas con ellas. Trae consigo la firme creencia de que ningún ser humano es más o menos legal, según tenga o no unos papeles que lo digan, y que el amor no entiende de barreras que separan sino de lazos que unen. Es ser progresista, que no es otra cosa que la de avanzar en los derechos de la gente, ampliarlos, retocarlos y mejorarlos.

Siguiendo con la didáctica, ser andalucista no tiene que ver con romper nada, con el supremacismo de un ADN específico o con tener 8 apellidos andaluces. Comporta la defensa a ultranza de los derechos de una tierra a la que perteneces por puro azar, porque no se elige dónde se nace, pero sí se opta cómo decides vivir, si como siervo de unos amos que viven a mi costa mucho más al Norte, o como dueño de mi propio destino. Significa enorgullecerte de tu lengua, de tu historia, tu cultura, y abogar por tener los mismos derechos y beneficios que los demás pueblos del Estado, dejar atrás el papel de colonia interior que nos ahoga y crecer como pueblo, como personas, como hombres y mujeres libres de elegir quienes quieren ser y cómo quieren ser.

Así que ya saben, a pesar de ser rojo y andalucista, me lavo todos los días, no tengo perro ni sé tocar la flauta, no me gustan las sevillanas ni voy de feria en feria como si tuviera un puesto de turrones. Si me tienen que colgar una etiqueta, que no sea una estrella roja de cinco puntas. La mía tiene ocho. Con perdón.

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