“Ya estaba familiarizado con que me robaran los signos de identidad de mi cultura, que la españolidad y el españolismo se apropiara de todo aquello que es propiamente andaluz para convertirlo en la imagen de “lo español”

OPINIÓN. Boquerón en vinagre
. Por Francisco Palacios Chaves
Programador informático


01/10/20. Opinión. El programador informático Francisco Palacios escribe en su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com un artículo sobre el pueblo andaluz: “No se conformaban con vituperar mi habla, mi lengua, reírse de ella y de la gente que la usa con orgullo cada día, asimilándola con lo más bajo de la escala social, con la pobreza y la falta de cultura, con el analfabetismo,...

...cuando premios Nobel la han usado como medio de expresión, como vehículo para hacer llegar su obra”.

No soy nada

Uno, que suele ser seguidor de causas perdidas, está más que acostumbrado a que las victorias caigan casi siempre del otro lado, y que para poder saborearla tenga que pedirla bien fresquita en botellín.


Lo que me cuesta más trabajo es habituarme a que me despojen de todo aquello que siempre he creído que era mío, de una forma irrevocable, segura e inamovible, pero que resulta que no lo es, que esos bienes son de cualquier mindundi que los reclame como suyos y se apodere de ellos, sin ningún tipo de rubor ni pagar las consecuencias por ello.

Ya estaba familiarizado con que me robaran los signos de identidad de mi cultura, que la españolidad y el españolismo se apropiara de todo aquello que es propiamente andaluz para convertirlo en la imagen de “lo español”, convirtiéndose en imagen de marca desde hace siglos.

No tenían suficiente con expoliar nuestra economía, llevándose más allá de Despeñaperros los beneficios logrados en esta tierra por las grandes empresas para que reviertan en las arcas de otras comunidades autónomas, en un dumping fiscal legal pero inmoral.

No les bastaba con agarrar la bandera y el escudo, prostituirlos y abrazarse a ellos un día al año, intentar cambiarlos pasándose por el Arco del Triunfo el Estatuto de Autonomía, o calificar al Padre de la Patria Andaluza con calificativos que la decencia me prohibe repetir, con la anuencia del gobierno que debería protegerlo.

No se conformaban con vituperar mi habla, mi lengua, reírse de ella y de la gente que la usa con orgullo cada día, asimilándola con lo más bajo de la escala social, con la pobreza y la falta de cultura, con el analfabetismo, cuando premios Nobel la han usado como medio de expresión, como vehículo para hacer llegar su obra.

No se sintieron satisfechos con calificarnos como vagos, malos trabajadores, incultos, flojos, amantes de la siesta y de la feria, incapaces de hacer algo de provecho, subsidiados, vividores y buscadores de paguitas para poder vivir del cuento, cuando los que realmente son los subvencionados son todos aquellos que se benefician de nuestra materia prima, dejando caer las sobras y llevándose la riqueza a manos llenas.

Ahora, para colmo, se nos niega la existencia y la voz. No somos más que el resultado de un pucherazo, un trozo de tierra sin identidad, sin rasgos comunes, sin Historia, sin una cultura propia, sin una voz distinta y particular. Somos Castilla La Novísima, un territorio que no tiene derecho a tener su propio acento, ultrajado tanto por la extrema derecha rancia y ultra conservadora, como por la izquierda españolista que no cree en otra cosa que no sea en Una, Grande y Libre. Los extremos, más que tocarse, se meten mano.

Se nos niega, a todos aquellos que nos sentimos Andalucistas, el derecho a pensar como pensamos, calificados como una pandilla de sectarios, un puñado de locos que añoramos el Islam, xenófobos, separatistas, y demás lindezas del mismo porte, en un claro ejemplo de que en este país la lectura ha quedado reducida al coleccionismo de memes, y los libros a meros elementos decorativos, herramientas para calzar una mesa o método de extinción del mosquito tigre. A golpes.

Sigan por ese camino. Porque cuando nada se tiene, nada hay que perder, y todo es beneficio. Porque su ninguneo y su falta de respeto hacia 8 millones de ciudadanos son el mejor abono para que el andalucismo reverdezca con más fuerza que nunca. Sigan creyendo que somos cuatro gatos, porque los centenares de alcaldes y concejales andalucistas, con su trabajo mudo y constante, son la prueba evidente y palpable de su error. Espero con ansia el día en que se den cuenta de que ya van tarde, de que en Madrid no se hace ni se deshace sin que la voz de Andalucía dé su beneplácito.

Ladran, pues maullamos.

Puede leer aquí anteriores artículos de Francisco Palacios:
- 17/09/20 La España Recortada

- 10/09/20 Centrocuentismo
- 09/07/20 El Rebrote
- 02/07/20 La segunda taza de caldo
- 25/06/20 La Estrategia Hiroshima
- 18/06/20 Don Diablo se ha escapado
- 11/06/20 La equidistancia
- 04/06/20 ¿Racismo? Qué negro ni que negro…
- 28/05/20 La Escalera de Penrose
- 14/05/20 La paguita
- 07/05/20 Lo andaluz molesta
- 30/04/20 Desescalando
- 23/04/20 Política de la pesadumbre
- 16/04/20 La hipocresía en tiempos del coronavirus
- 13/04/20 Cosas que sí, cosas que no
- 02/04/20 Ni héroes, ni limosnas, ni salvapatrias
- 26/03/20 Lo mejor y lo peor
- 19/03/20 Y si…
- 12/03/20 Histeria colectiva
- 05/03/20 Machitos ibéricos
- 27/02/20 El nuevo andalucismo
- 20/02/20 Déjame pensar, te dejo cabrearte
- 13/02/20 Liberticidas
- 06/02/20 Presos, inhabilitados, condenados
- 30/01/20 La nación vaciada
- 23/01/20 La agenda del embustero
- 16/01/20 No ni ná
- 09/01/20 Ranciocinio

- 19/12/19 Peloteros y sus pelotas
- 12/12/19 Presos de las palabras
- 05/12/19 Otro 4D
- 28/11/19 1028
- 21/11/19 Reptiles en el fondo
- 14/11/19 Pedro y el lobo
- 07/11/19 El bueno, el feo, el malo, el más malo y el peor
- 30/10/19 Los ‘templaitos’
- 24/10/19 Cojos a la carrera
- 17/10/19 El malaguita