“He visto la caída del muro de Berlín y llevarse, de paso, a la URSS. A un actor, a un afroamericano y a un mal chiste gobernando EEUU. He sufrido un 11-S, llorado un 11-M, suspirado un 15-M

OPINIÓN. Boquerón en vinagre
. Por Francisco Palacios Chaves
Programador informático


08/10/20. Opinión. El programador informático Francisco Palacios escribe en su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com un artículo sobre la cantidad de sucesos singulares que ha vivido: “He pasado por una dictadura, una transición (o eso dicen), la llegada de la democracia, la desaparición del terrorismo etarra, la coronación de dos reyes, la abdicación de uno de ellos y su posterior...

...cambio de domicilio por un quítame allá unos milloncejos de nada y una amiga especial con la lengua tan larga como la lista de asuntos turbios que atesora en su memoria”.

La lista

Cuando uno tiene cierta edad y echa la vista atrás, se da cuenta de la cantidad de sucesos que en un principio creía que sería imposible vivirlos, pero que la vida y el azar han hecho que transcurran durante su vida.


He vivido la existencia de dos papas al unísono, Benedicto XVI y Francisco. Uno, el Emérito, envuelto en escabrosos asuntos que, posiblemente, le hicieran renunciar a su cargo, y el otro, tocayo del autor de estas letras, un papa reformista, progresista que, con sus encíclicas, deja a los católicos más conservadores a la altura de fiestas de la espuma en Ibiza, y a los meapilas de misa de domingo con las nalgas al aire, retratándolos como los sepulcros blanqueados que son.

He visto a la selección española ganar un campeonato del mundo de fútbol, a la de baloncesto hacerlo por dos veces, a un navarro adelantando motos en bicicleta, y a un mallorquín ganando Roland Garros con tal facilidad que podría hacerlo cambiando su raqueta por una paellera.

Estoy aguantando una pandemia a nivel mundial, y si Dios quiere y los políticos no meten más la pata, viviré para contarlo. He pasado un confinamiento de meses, he visto las calles vacías, como en una secuencia de una película de Amenábar, me he sorprendido por la carestía de papel higiénico en las estanterías de los supermercados, un misterio aún por resolver, y he aprendido que, por muy grande que sea la desgracia, nada nos hace mejores, porque el que nace cabestro, cabestro muere, y el que ha usado los muertos para hacer política, lo seguirá haciendo.

He visto la caída del muro de Berlín y llevarse, de paso, a la URSS. A un actor, a un afroamericano y a un mal chiste gobernando EEUU. He sufrido un 11-S, llorado un 11-M, suspirado un 15-M. He pasado por una dictadura, una transición (o eso dicen), la llegada de la democracia, la desaparición del terrorismo etarra, la coronación de dos reyes, la abdicación de uno de ellos y su posterior cambio de domicilio por un quítame allá unos milloncejos de nada y una amiga especial con la lengua tan larga como la lista de asuntos turbios que atesora en su memoria.

Pero aún me quedan asuntos que me gustaría ver antes de que mi cuerpo se vea reducido a cenizas, vivencias que, a día de hoy creo imposibles pero que, visto lo visto, nadie puede afirmar que no sucedan.

Quisiera ver la jubilación de Jordi Hurtado, al Málaga levantando una Champions, a una mujer como presidenta del Gobierno, a un grupo parlamentario andalucista en Madrid haciendo resonar mi acento en las paredes de la Carrera de San Jerónimo y siendo llave de la gobernabilidad del Estado.

Querría dejar este mundo sabiendo que tenemos una justicia en la que el que la hace la paga, sea un robagallinas o un chorizo de guante blanco y tarjetas negras. Un mundo en el que no importe lo que tengas entre las piernas, su color o con quien lo uses, para tener las mismas oportunidades y derechos.

Sería muy feliz votando en unas elecciones para elegir presidente de la República, disfrutando de un Parlamento en el que no se patee ni se berree, el 25 aniversario de gobiernos consecutivos de izquierdas. Quiero vivir el momento en el que un presidente del Gobierno confiese hablar andaluz en la intimidad, que mi tierra es el motor del Estado, que Andalucía es el punto de llegada de las mentes más brillantes del mundo, por ser tierra de oportunidades y progreso. Deseo ver con estos ojos cargados de presbicia que, cuando un andaluz abriera la boca, la gente callara pero no por esperar un chiste.

Todo lo relativo a meteoritos y apocalipsis zombie no es necesario. Lo de la paz en el mundo y acabar con el hambre lo dejo para las participantes de los concursos de misses.

Puede leer aquí anteriores artículos de Francisco Palacios:
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