“Un 2 de agosto lo apresaron en su casa, Villa Alegría. Ocho días más tarde, muere fusilado, asesinado por fuerzas golpistas, en el kilómetro 4 de la carretera Sevilla-Carmona

OPINIÓN. Boquerón en vinagre
. Por Francisco Palacios Chaves
Programador informático


29/10/20. Opinión. El programador informático Francisco Palacios escribe en su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com un artículo sobre Blas Infante: “Ochenta años después, el Congreso vota una moción para que su memoria sea rehabilitada y su sentencia a muerte, revocada, pero vuelve a ser fusilado. Todos los grupos votan a favor, excepto VOX, que lo hace en contra, y...

...Ciudadanos, que se abstiene. Los representantes de la derecha valiente y que exhala testosterona como un sistema de regadío por aspersión aducen que “fue asesinado por un grupo de personas””.

Cuatro veces fusilado

Un 2 de agosto lo apresaron en su casa, Villa Alegría. Ocho días más tarde, muere fusilado, asesinado por fuerzas golpistas, en el kilómetro 4 de la carretera Sevilla-Carmona. Se supone que su cuerpo fue arrojado a una fosa común, aunque aún no ha sido encontrado. Mientras tanto, los restos de su asesino siguen en la Basílica de la Macarena. Pero no te quejes, que eso es reabrir las heridas del pasado.


Cuatro años después lo volvieron a fusilar. Esta vez, las balas fueron las de su sentencia sin juicio, en el que se le condenaba a su esposa a pagar 2000 pesetas de la época. Su crimen, aspirar a constituir un partido político. Pensar distinto. Luchar por el jornalero, sin tierra ni esperanza. Pero no protestes, que eso es mirar hacia atrás.

Ochenta años después, el Congreso vota una moción para que su memoria sea rehabilitada y su sentencia a muerte, revocada, pero vuelve a ser fusilado. Todos los grupos votan a favor, excepto VOX, que lo hace en contra, y Ciudadanos, que se abstiene. Los representantes de la derecha valiente y que exhala testosterona como un sistema de regadío por aspersión aducen que “fue asesinado por un grupo de personas”. Ya saben, una pandilla de amigos pasaba por allí y lo sacaron de su casa, lo llevaron a la capital, estuvo ocho días encerrado y ese mismo grupo de colegas le dio el paseíllo. Lo normal de un sábado por la tarde. Pero no rabies, porque eso “es emponzoñar la Historia”.

El centro cuentismo justifica su abstención en el hecho de que se ponga a la misma altura a Blas Infante que a Companys. No hay que negarles la capacidad de rebuscar dentro de un volquete de excrementos hasta encontrar una excusa. Puestos a ser originales, podrían haber dicho que la culpa no fue de los golpistas, sino de la velocidad descontrolada de pequeños objetos de plomo. Pero no les critiques por ello, porque eso es fomentar el enfrentamiento cainita entre españoles.

En junio de este mismo año, en Canal Sur, esa que pagamos todos los andaluces, en un programa concurso, fue de nuevo ejecutado. A la pregunta de en qué año falleció D. Blas, el conductor del programa responde que “en el 36, cosas de la guerra y todo eso”. Cosas de la guerra, como la gripe o un corte de digestión. Como si, tras el paso del Katrina, dijéramos que los más de 1500 fallecidos fueran “cosas de la humedad, el reuma y todo eso”. Pero no te enfades, Canal Sur es la nuestra.

Da igual cuál sea la ideología del lector, ni de la persona de la que estemos hablando. Simplemente, el hecho de condenar a alguien a muerte por pensar de otra manera y hacer a su viuda pagar una multa cuatro años después de su fusilamiento, es, sencillamente, injusto e impropio de una democracia que se hace llamar a sí misma moderna. Que se asesine a alguien por su ideología política en tiempo de guerra es, en esta asquerosa Humanidad deshumanizada, algo que consideramos normal. Pero que en tiempo de paz no sepamos rectificar los errores de la barbarie, negándose o poniéndose de canto a la hora de revocar una sentencia de muerte, a todas luces injusta, es vomitivo.

Aquí, la equidistancia no cabe; no la hay entre un ser humano normal y un pederasta, un racista o un violador. De la misma manera que no hay un punto intermedio entre un fascista y un antifascista. No existe una escala de grises entre ambos extremos. O se está de lado de los fusiles, o del lado al que se acercan las balas.

¿Saben lo mejor de todo? Que esos que se negaron o se abstuvieron, van cada día a trabajar a un Parlamento que, en gran parte, existe gracias a D. Blas, en la que ondea una bandera verdiblanca diseñada por D. Blas, y en la que reluce un escudo ideado por D. Blas. Que esos parlamentarios pasarán, que la huella de su forma de pensar se disipará en el aire, pero las palabras de D. Blas al morir seguirán resonando, incluso mucho tiempo después.

VIVA ANDALUCIA LIBRE


Puede leer aquí anteriores artículos de Francisco Palacios