“Vería la luz en los próximos meses y tendría una efectividad muy alta, aunque aún le queden algunos flecos, como su duración y efectividad con el paso del tiempo

OPINIÓN. Boquerón en vinagre
. Por Francisco Palacios Chaves
Programador informático


12/11/20. Opinión. El programador informático Francisco Palacios escribe en su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com un artículo sobre el covid y la vacuna: “El hecho de este descubrimiento no debe servir de excusa para relajarnos. Aún queda tiempo hasta que podamos inyectarnos en vena el prodigioso líquido que nos libere del puñetero bichito de las narices. Pfizer ha contribuido en...

...los últimos años a levantar la moral de la población, a despertar muchas esperanzas que se creían dormidas para siempre. Pero no puede servir de coartada para que los tontos sigan haciendo alarde de su vacío craneal”.

La vacuna

Por fin. Han tenido que caer once meses de hojas de calendario para empezar a recibir buenas noticias de este año, al que recordaremos como aquel en el que aprendimos a hacer pan, yoga, y caceroladas, en el que gastamos papel higiénico por encima de nuestras posibilidades y al que sólo le falta que Alex Ubago le ponga banda sonora.


La primera de ellas ha ido la victoria de Biden en las elecciones USA, con gran alegría y alborozo de aquellos que repudiamos ese eufemismo de la mentira que llamamos post verdad, que aborrecemos el racismo, la misoginia o cualquier aspecto de la realidad que apoyara el anterior POTUS. Tampoco es para que repiquen las campanas de las iglesias. Biden no es que sea Olof Palme, pero comparado con Trump, casi cualquier cosa es mejor.

La segunda, casi a renglón seguido, ha sido el anuncio de la farmacéutica Pfizer de una firme candidata a vacuna del covid-19, que vería la luz en los próximos meses y que tendría una efectividad muy alta, aunque aún le queden algunos flecos, como su duración y efectividad con el paso del tiempo. Pero, de momento, supone un rayito de luz que se cuela entre las rendijas de un invierno que se nos presenta oscuro y tenebroso, un hálito de esperanza en medio de tanto aire enrarecido y falto de ventilación.

Sin embargo, hay que poner dos objeciones. La primera, que el hecho de este descubrimiento no debe servir de excusa para relajarnos. Aún queda tiempo hasta que podamos inyectarnos en vena el prodigioso líquido que nos libere del puñetero bichito de las narices. Pfizer ha contribuido en los últimos años a levantar la moral de la población, a despertar muchas esperanzas que se creían dormidas para siempre. Pero no puede servir de coartada para que los tontos sigan haciendo alarde de su vacío craneal.

La otra objeción es que sólo sirve para el covid. No va a evitar que los que un día jaleaban a las fuerzas de seguridad del Estado, ahora les hagan frente porque no les dejan irse de botellón, un derecho inalienable para los de su especie, o pasearse en los alrededores del domicilio de un vicepresidente, así, un lugar elegido al azar.

Tampoco va a corregir a los que piensan que no se puede reconocer a un Presidente hasta que no promete el cargo, como si el hecho de haber contado los votos, ya sea al ritmo americano o europeo, no fuera suficiente. No va a hacer cambiar de opinión a los que se niegan a ponérsela, como si por sus venas no corriera ya un cocktail de vacunas desde su más tierna infancia y ésta no fuera otra cosa que una especie de brebaje mágico capaz de controlar a la gente. Lo que si dirige a la gente es fumarse un cigarro después del café matutino, y no ha llegado a mis oídos ninguna manifestación que denuncie un complot de Roca al respecto.

La vacuna milagrosa no va a acabar con las desigualdades en el mundo. De hecho, las va a acrecentar. Para su distribución requiere cadenas de frío que la mantengan a ochenta grados bajo cero, y sólo el primer mundo dispone de la tecnología para ello. Parece que los países más pobres del mundo van a quedarse, de nuevo, congelados en siglos pasados.

Tampoco va a dar sensatez, inteligencia, capacidad de raciocinio o voluntad de acuerdo a la sociedad y a sus representantes políticos. Lo que nos va a regalar es más tiempo para darnos de hostias, para mentir, despotricar del contrario, despreciar las ideas del otro. Va a permitir que siga habiendo personajes que antepongan los intereses de unos pocos sobre los de la mayoría, que la economía sigue mandando sobre la salud y los derechos de las personas. Para esos, la única vacuna que funciona, hasta la fecha, es una papeleta, y su efecto suele durar, al menos, cuatro años.

Puede leer aquí anteriores artículos de Francisco Palacios