“Se recuerda que el Pueblo Andaluz le tuerce la mano al binomio UCD-PSOE que tenía en su mente reconocer como únicas nacionalidades históricas las que ya habían sido reconocidas en la Constitución. Como si Andalucía no lo fuera

OPINIÓN. Boquerón en vinagre
. Por Francisco Palacios Chaves
Programador informático


19/11/20. Opinión. El programador informático Francisco Palacios escribe en su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com un artículo sobre el reconocimiento de Andalucía como nacionalidad histórica: “Se rememora que más de dos millones y medios de andaluces se tiraron a la calle con banderas andaluzas. Olvídense del discurso españolista del PSOE, que de voz de alguno de esos que...

...se autodenominan barones, viene a decir que ese día se pedía la igualdad de los pueblos de España. Nadie portaba una bandera española. Nadie cantó el himno español, ya fuera en su versión futbolera u otras con peores aromas. Nadie se acordó de España, ni gritó “a por ellos”. El objetivo, el sujeto, estaba claro para todos los que tomaron la calle: tomar el volante de nuestro futuro”.

Antes del 4D

Como cada año, por estas fechas, nos acercamos a lo que, sin duda, debería ser el Día  de Andalucía, y no el 28 de Febrero, consecuencia ineludible e inmediata de lo que pasó aquel 4 de diciembre.


Conforme se acerca, muchos desempolvan sus arbonaidas para colgarlas en el balcón, y corren por las redes las peticiones para que la verdiblanca luzca ese día en todas las calles de Andalucía. Creo que caemos en el error de institucionalizar un día que es lo más alejado de una festividad al uso, de algo marcado en el calendario como día oficial. El 4 D no nace como algo burocrático; todo lo contrario, emana de la calle, de la multitud, del pueblo inundando plazas y avenidas bajo un único grito: “Libertad, Amnistía y Estatuto de Autonomía”.

Se celebran tantas cosas, que la mayoría se obvian. Se recuerda que el Pueblo Andaluz le tuerce la mano al binomio UCD-PSOE que tenía en su mente reconocer como únicas nacionalidades históricas las que ya habían sido reconocidas en la Constitución. Como si Andalucía no lo fuera.

Se rememora que más de dos millones y medios de andaluces se tiraron a la calle con banderas andaluzas. Olvídense del discurso españolista del PSOE, que de voz de alguno de esos que se autodenominan barones, viene a decir que ese día se pedía la igualdad de los pueblos de España. Nadie portaba una bandera española. Nadie cantó el himno español, ya fuera en su versión futbolera u otras con peores aromas. Nadie se acordó de España, ni gritó “a por ellos”. El objetivo, el sujeto, estaba claro para todos los que tomaron la calle: tomar el volante de nuestro futuro.

Festejamos como la voluntad de un nacionalismo incipiente, transversal pero de clase, obrera, por supuesto, trastocó los planes de los partidos centralistas de que Andalucía tuviera una autonomía de AlliExpress, y situarnos, o mejor dicho no movernos, del escalón asignado de colonia interior, ya sea de productos agrícolas, mano de obra barata o granero de votos. No queríamos ser más, pero tampoco menos. Somos los padres del “café para todos”, los que abrimos la espita de un Estado de las Autonomías, impensable para los actores de la mal llamada Transición que habían trazado un futuro a dos velocidades. O mejor dicho, a dos alturas.

A pesar de los años transcurridos, las cosas han cambiado, pero no tanto. El centralismo sigue construyendo un Estado con Madrid como centro de un agujero negro que todo lo absorbe. Las nuevas fuerzas políticas que llegaron para romper el bipartidismo imperante, no hacen más que repetir los mismos esquemas, intentando relegar a un segundo plano a nuestra comunidad. El último ejemplo, el intento de que los fondos de recuperación por la pandemia sean gestionados desde el Gobierno Central. Como si nuestras necesidades en materia económica, social y educativa fueran las mismas que las de Logroño o Valladolid. Como si nosotros no supiéramos qué necesitamos, y cómo conseguirlo.

No necesitamos más ladrillo ni ponerle un rodapié a toda la costa. No necesitamos más hoteles y chiringuitos. Nos hace falta inversión para sacarle todo el jugo a nuestras potencialidades. Podemos y debemos ser una potencia en energías renovables, en materia agrícola. Podemos y debemos invertir en ciencia y en tecnología, y salir del vagón de cola al que nos tienen abonados. Estas cuestiones deben ser abordadas desde aquí, sin que nadie nos ponga cortapisas ni restricciones.

Dirán que no es el momento de hablar de otro nacionalismo periférico, que mejor esperar a mañana. Se lo dirán los de “andaluz, este no es tu referéndum”. Se lo dirán los que convierten el Día de Andalucía en un teatro en el que se reparten molletes y aceite de oliva un día al año, para pasarse el resto mirando hacia arriba, más allá de Despeñaperros, esperando la llamada del agujero negro. Se lo dirán los que querían venir a enseñarnos a pescar. Se lo dirán los que venían a cambiarlo todo y han segado la hierba bajo sus pies, y ahora se abrazan a cualquiera con tal de cortar de raíz cualquier movimiento que suene a soberanía andaluza. Se lo dirán los que insultan nuestros símbolos, ellos, tan amantes de las banderas, pero solo de las suyas.

No se dejen engañar por el calendario. Ayer fue 4 de Diciembre. Hoy lo es. Mañana volverá a serlo.

Viva el 4 de Diciembre. Viva Andalucía Libre.

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