“El trío La La La (la derecha, la más a la derecha y la Non Plus Ultra a la derecha) ha decidido este martes pasado concederle la primera Medalla de Honor de Andalucía al Rey Felipe VI

OPINIÓN. Boquerón en vinagre
. Por Francisco Palacios Chaves
Programador informático


26/11/20. Opinión. El programador informático Francisco Palacios escribe en su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com un artículo sobre la Medalla de Honor de Andalucía concedida al Rey Felipe VI: “Se reitera en numerosas ocasiones los estrechos lazos que unen al monarca con Andalucía. Sencillamente, desconozco cuáles son esos lazos. Ni tampoco creo que sean tan importantes...

...como para ser merecedores de tal honor. Para lazos, los que unen a cualquier autónomo que se levanta con las claras del día para abrir su negocio, pagar sus impuestos y aportar su esfuerzo y su trabajo en el avance de esta tierra”.

La medallita

El trío La La La (la derecha, la más a la derecha y la Non Plus Ultra a la derecha) ha decidido este martes pasado concederle la primera Medalla de Honor de Andalucía al Rey Felipe VI por “constituir su figura el más sólido lazo afectivo de Andalucía con el conjunto de las instituciones del Estado”. Según el Consejo de Gobierno, se le concede dicho honor por ser el mejor símbolo de la unidad de España, reconociendo valores de una sociedad que busca progreso, convivencia pacífica o solidaridad interterritorial.


Es curioso, llámenme loco o desconfiado, que en el momento de mayor crisis de la institución monárquica en nuestra historia reciente, la derecha use a Andalucía, como siempre, y a su más preciado galardón como un detergente que todo lo limpia y blanquea. Como ya hizo Susana Díaz en su momento, enarbolando la bandera del españolismo más centralista desde la Presidencia de la Junta en los días más duros de la crisis catalana. Andalucía al rescate de España. La criada a apagar los fuegos. La más pobre acudiendo a rendir pleitesía a los más poderosos.

Se reitera en numerosas ocasiones los estrechos lazos que unen al monarca con Andalucía. Sencillamente, desconozco cuáles son esos lazos. Ni tampoco creo que sean tan importantes como para ser merecedores de tal honor. Para lazos, los que unen a cualquier autónomo que se levanta con las claras del día para abrir su negocio, pagar sus impuestos y aportar su esfuerzo y su trabajo en el avance de esta tierra. Lazos, los de las madres y padres que alientan a sus hijos para que estudien, sabiendo que, probablemente, esos estudios no les lleven al lugar que sueñan. Lazos los de los voluntarios que reparten comida entre los que no mueren porque no tienen donde caerse muertos, sin pedir nada a cambio, por el único premio de una sonrisa agradecida. Lazos los de los sanitarios que se siguen jugando la vida día a día para que el golpe de la pandemia no vaya directo a la mandíbula de una ya de por sí maltrecha sociedad.

Tiene cierta ironía que se hable desde el Consejo de Gobierno de “convivencia pacífica”, un Consejo sostenido por un grupo que destruye esa convivencia manchando la verdad diariamente con bulos y mentiras, para luego recular con la excusa de un error tipográfico irrelevante, la versión moderna de “mi perro se ha comido los deberes”. Tiene tintes de humor negro que dicho Consejo hable de “solidaridad interterritorial” y esté apalancado por un grupo que pide un bloqueo naval para detener la inmigración en el Estrecho o en Canarias.

Yo, en mi inocencia, pensaba que la Medalla de Honor debía ser concedida a todas aquellas personas o instituciones que habían permitido a Andalucía su progreso y su autonomía, a los que representaban los valores de lo andaluz, fueran o no nacidos en esta tierra. Lo que no me podía imaginar era que esta medalla podría servir como un enjuage purificador.

De nuevo, Andalucía es usada para salvar a España. Una vez más, Andalucía acude al rescate de la unidad del Estado, empujada por quienes la gobiernan. Una prueba más de que este país, sin Andalucía, no es nada. Una nueva muestra de que sin esta tierra de subsidiados, flojos, vagos y analfabetos, España se desmorona como un terrón de azúcar en una piscina.

A mi modesto parecer, si hay un rey que se merece esa primera Medalla de Oro es uno de nombre Juan Carlos. De apellido, Aragón.

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