“Que celebren el Día de Andalucía personas que denigran esta tierra, a sus señas de identidad, a su acento, que anteponen otros intereses a los que realmente deberían ser sus prioridades con los que han depositado su confianza en ellos, es un acto de hipocresía sin medida

OPINIÓN. Boquerón en vinagre
. Por Francisco Palacios Chaves
Programador informático


04/03/21. Opinión. El programador informático Francisco Palacios escribe en su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com un artículo sobre el pasado Día de Andalucía: “Para rematar el día, la vergüenza ajena de un hijo predilecto que no se sabe el Himno de lo que él llama su “segunda madre”. Una letra que cualquier niño de primaria recita sin problema, con peor voz, pero con más alma...

...Esto es lo que el Sr Moreno Bonilla debe llamar “andalucismo moderado”, una cosa intermedia entre el sentimiento nacionalista andaluz de un burgalés y un oscense”.

Rabia y vergüenza (ajena)

Ea, ya pasó el 28F. Los andalucistas de Aliexpress ya pueden recoger sus tenderetes, doblar las banderas y gradarlas en sus baúles, quitarse pines y pulseras con la verdiblanca hasta el año que viene, como el que guarda la túnica cuando se recoge la cofradía o el traje de faralaes tras el último día de feria. Ya han hecho su papel de andalucistas moderados, sea lo que sea eso, y pueden volver a ponerse el traje de faena centralista, en el que se sienten realmente cómodos, el mono de trabajo.


Este 28F ha sido distinto a otros. Este año, más que en otras ocasiones, se ha visto eso de “Nada que celebrar”. Más que una afrenta, es el filtro perfecto para poner a cada uno en su sitio. O en el mismo, si  me apuran. Me da igual su confesión política, su cuna o su procedencia, que todos van al mismo saco.

Los que se ríen en redes sociales de los andaluces para tener el minuto de gloria que no obtendrían en sus míseras y ramplonas vidas por sus propios medios. Los regionalistas de determinadas provincias que, para hacer notar sus reivindicaciones, tienen que buscar el enemigo fácil del andalucismo y sus señas de identidad. Los que tragan con los chantajes y consienten que la bandera de los que asesinaron al padre de la patria andaluza descanse sobre las paredes de la soberanía del pueblo andaluz, dejando bien a las claras que le tienen más amor a la piel de sus asientos que la de los andaluces a los que se supone deben defender con uñas y dientes. Los que han tenido cuarenta años para darle la vuelta a esta tierra y no han movido un dedo por empoderarla, pero sí para trincar todo lo que estaba a su alcance. Los que reniegan del estado de las autonomías pero ponen el cazo mes tras mes desde sus escaños autonómicos, los que hablan de chiringuitos y paguitas y han vivido toda la vida de ellos, como vendedores de JB haciendo degustaciones en reuniones de Alcohólicos Anónimos. Los de izquierdas que piensan que el andalucismo se basa en un cambio de color en su logo y que con eso pueden tapar la vergüenza de pactar con la extrema derecha para purgar la disidencia. Todos van al mismo saco.

Ese saco hoy rezumaba rabia por las esquinas. Cada cual en su estilo particular, unas más contenidas, otras a cara descubierta y sin límite. Pero todas exudando ira por cada poro de sus carnes abiertas al ver balcones, pueblos y ciudades inundados de verde y blanco. Los más, gritando que no había nada que celebrar. Eso, en el fondo, se lo agradezco. De la misma manera que no invitaría a mi cumpleaños a gente que no me aprecie o me odie, que celebren el Día de Andalucía personas que denigran esta tierra, a sus señas de identidad, a su acento, que anteponen otros intereses a los que realmente deberían ser sus prioridades con los que han depositado su confianza en ellos, es un acto de hipocresía sin medida.

Para rematar el día, la vergüenza ajena de un hijo predilecto que no se sabe el himno de lo que él llama su “segunda madre”. Una letra que cualquier niño de primaria recita sin problema, con peor voz, pero con más alma. Esto es lo que el Sr Moreno Bonilla debe llamar “andalucismo moderado”, una cosa intermedia entre el sentimiento nacionalista andaluz de un burgalés y un oscense. Una entelequia que se mueve entre la risa, el llanto y el sonrojo de los que la ven.

En fin, un 28F más. Otro en el que nos hacen sentir vergüenza. Otro en el que recaerá sobre el andalucismo la rabia centralista. Y lo que les queda por rabiar.

¡Viva Andalucía Libre!

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