Creo que no es tan difícil. Basta con ponerte en sus zapatos, y pensar por un momento cómo nos afectaría eso que decimos, oímos o vemos si fuésemos nuestra madre, nuestra hija, nuestra pareja, nuestra amiga, y actuar en consecuencia”

OPINIÓN. Boquerón en vinagre
. Por Francisco Palacios
Programador informático


11/03/21. Opinión. El programador Francisco Palacios escribe en su colaboración en EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com un artículo sobre el 8M: “Pienso que ese no es el papel del hombre el 8M, o no debería serlo. Su papel, a mi entender, no está en las manifestaciones, sino en facilitar que todas puedan manifestarse y estar presentes en ellas, cuando vuelva a ser posible. Desde los puestos de trabajo y...

...los hogares, como compañeros de trabajo, parejas, padres, hijos, hermanos. No se es más feminista por gritar sus consignas, sino por no ser un impedimento para que puedan hacerlo”.

9M, 10M…

Ha quedado atrás un nuevo 8M, un 8M distinto y diferente, en el que se ha evidenciado que la pseudo izquierda ha doblado la rodilla ante la derecha cavernaria de este país, prohibiendo lo que hace unos meses y en condiciones sanitarias mucho peores, era el pan de cada día. Un movimiento retrógrado con justificaciones cogidas con alfileres y que representa un agravio comparativo sin par. Al parecer, el virus se expande con facilidad si las que se movilizan son mujeres y no asoma si lo que se festeja es el recuerdo de la División Azul. Aunque, en ese caso, lo comprendería. Hay cuerpos que es mejor no infectar, no sea que el principal perjudicado sea el virus invasor.


De todas formas, he estado reflexionando sobre mi papel, o el rol de los hombres en general, dentro de los actos de este día en particular, o del feminismo en general. Creo que aún tenemos insertados en nuestras cabezas ciertos comportamientos paternalistas que nos empujan a erigirnos en una especie de espadachines que saltan en defensa de la bella damisela en peligro, que nos impele a gritar a su lado, a llevar sus pancartas, a ocupar un sitio que no está destinado a nosotros.

Pienso que ese no es el papel del hombre el 8M, o no debería serlo. Su papel, a mi entender, no está en las manifestaciones, sino en facilitar que todas puedan manifestarse y estar presentes en ellas, cuando vuelva a ser posible. Desde los puestos de trabajo y los hogares, como compañeros de trabajo, parejas, padres, hijos, hermanos. No se es más feminista por gritar sus consignas, sino por no ser un impedimento para que puedan hacerlo.

Deberíamos quitarnos de la cabeza ese papel paternalista y protector, cuando ellas no necesitan nuestra protección. Ya saben contra lo que luchan, son conscientes. Lo han hecho teletrabajando y llevando una casa adelante con niños estudiando de forma remota. Lo hicieron nuestras madres y abuelas, ganándose cada avance a base de recibir toda clase de críticas, luchar contra corriente y no dar un paso atrás hasta tener el derecho a voto, a poder comprar una casa, a estudiar una carrera, a ocupar cargos de responsabilidad. Sin nuestra ayuda ni nuestra supuesta protección.

Entonces, ¿cuál es nuestro papel? Nuestro cometido está en el resto de jornadas del año, en esos ámbitos de nuestra vida diaria en los que la mujer no está presente, en los que ella no puede defenderse y representarse por sí misma. En nuestro día a día en el trabajo, entre amigos, en familia, señalando, educando, denunciando. Sobre todo, no estorbando, no suponiendo una rémora que frene el avance de la sociedad en pos de la igualdad entre personas, sea cual sea su sexo, eliminando esos pequeños o grandes detalles que se nos pasan inadvertidos pero que suponen pequeños o grandes palos en las ruedas de una carrera en la que el final no está cerca.

Creo que no es tan difícil. Basta con ponerte en sus zapatos, y pensar por un momento cómo nos afectaría eso que decimos, oímos o vemos si fuésemos nuestra madre, nuestra hija, nuestra pareja, nuestra amiga, y actuar en consecuencia.

Recordemos siempre que en la defensa del feminismo, la equidistancia y el paternalismo no son parte de la solución, sino del problema.

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