“Hasta ahora, la extrema derecha ha jugado a mover los hilos desde muy atrás de la tramoya, manejando los tiempos y los discursos pero sin tener que mojarse en labores de gestión

OPINIÓN. Boquerón en vinagre
. Por Francisco Palacios Chaves
Programador informático


08/04/21. Opinión. El programador informático Francisco Palacios escribe en su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com un artículo sobre las elecciones en la Comunidad de Madrid: “La articulación de los partidos y los bloques en la España periférica no tiene nada que ver con la de Madrid. La política de pactos en las diversas autonomías o las del propio Gobierno central no tiene vasos...

...comunicantes con lo que ocurra en las elecciones del 4 de Mayo”.

Morir de placer

Hace unos días, un artículo de El País hacía que se me saltaran las lágrimas, no sé si de risa o de pena, al hablar de las visitas de Julio César a Hispania, más concretamente a 70 km de Madrid. Sí, Julio César en Madrid, unos diez siglos antes de que la ciudad fuera fundada. Me extraña que el artículo no viniera acompañado por unas fotos del loft del barrio de Salamanca que ocupaba el gobernante romano en cada una de sus visitas en suelo patrio.


Esto no viene más que a demostrar la fortaleza de ese pensamiento paleto y centralista de que todo el Estado no es más que la cáscara de la capital. Esa misma idea es la que envalentona a las cabezas dirigentes del primer partido de la oposición (me refiero al PP, no a UP), imaginando que la previsible victoria de Ayuso en las elecciones a la CAM no son más que la antesala de la vuelta del partido conservador a los sillones azules del Parlamento. Va a ser que no.

Primero, la articulación de los partidos y los bloques en la España periférica no tiene nada que ver con la de Madrid. La política de pactos en las diversas autonomías o las del propio Gobierno central no tiene vasos comunicantes con lo que ocurra en las elecciones del 4 de Mayo. Son asuntos completamente estancos y, a lo sumo, tendrá repercusión en la reorganización de los votantes de derechas. Pero extrapolar la probable victoria de Ayuso a un asalto a la Moncloa de Casado es un error de bulto.

Después, porque la fagocitación de Ciudadanos ha limitado mucho el margen de maniobra de posibles pactos post-electorales, limitándose a la derecha valiente (o envalentonada). Hasta ahora, la extrema derecha ha jugado a mover los hilos desde muy atrás de la tramoya, manejando los tiempos y los discursos pero sin tener que mojarse en labores de gestión. La desaparición de Ciudadanos, que no llega ni al 5% necesario para entrar en el parlamento madrileño, obligaría a un pacto de gobierno de las dos fuerzas de la derecha, lo que puede ser una llaga muy dolorosa para Casado, que tendría que tragarse sus palabras en la moción de censura presentada por VOX.

Tendría gracia, pero que mucha gracia, que a Díaz Ayuso se le fuera la mano y que, aparte de dejar fuera de la Puerta del Sol al partido naranja, hiciese lo propio con el verde, quedándose sola frente al bloque de izquierdas, con lo que perdería cualquier opción de renovar su cargo como Presidenta y dejaría la Comunidad en manos del Comunismo. O del Socialismo. O de lo que sea.

Los que no gobernaban no tienen nada que perder, y los que lo hacían no tienen nada que ganar. Pero cualquier cambio en los ocupantes de los sillones de la CAM sí que tendría repercusiones en el PP. El más interesante, sin duda, es dónde puede acabar Toni Cantó. Yo lo veo en Supervivientes. Si no, al tiempo.

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