“Ser libre no es poder desplazarte, irte de tiendas o de bares, viajar o pasear por la calle a las dos de la mañana. Es tener acceso, de igual a igual, a una educación de calidad, a una sanidad gratuita y universal, a unos beneficios sociales que suplan las necesidades sobrevenidas en un mal momento económico

OPINIÓN. Boquerón en vinagre
. Por Francisco Palacios Chaves
Programador informático


15/04/21. Opinión. El programador Francisco Palacios escribe en su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com un artículo sobre el concepto de libertad: “Se habla de libertades como de algo innato, sobrevenido, existente desde siempre y para siempre, cuando la Historia nos demuestra que no hay libertad que no haya sido ganada a pulso, que no haya sido luchada en las...

...calles, que no haya sido arrancada a fuerza de pelearla contra los poderes fácticos que siempre se oponen a repartirla y compartirla con los demás”.

La Libertad manoseada

En estos tiempos en los que se confunde el derecho de opinión con el deber de dejar tu criterio sobre cualquier tema, por muy lego que se sea en la materia que se discute, las palabras y los conceptos se manosean como barandilla de autobús. Y se nos rompen los conceptos, de tanto usarlos.


Se habla de libertades como de algo innato, sobrevenido, existente desde siempre y para siempre, cuando la Historia nos demuestra que no hay libertad que no haya sido ganada a pulso, que no haya sido luchada en las calles, que no haya sido arrancada a fuerza de pelearla contra los poderes fácticos que siempre se oponen a repartirla y compartirla con los demás.

Hace algunos años, Julio Anguita definía la libertad de una forma categórica e incontestable, el mismo Anguita que ahora es tildado como “intelectualmente pobre” por alguna vieja gloria socialista sin darse antes un enjuague con amoniaco y buen cepillado a fondo con una escobilla de baño. Decía el líder comunista que "la conciencia libre significa que yo puedo decidir si tengo todos los elementos para formular mi decisión. Estoy bien informado, estoy bien formado, me alimento todos los días, tengo un techo donde guarecerme, tengo una ropa que ponerme, y, una vez tengo mis necesidades más elementales satisfechas, yo puedo empezar a pensar para ser un hombre libre”.

¿Realmente somos libres? ¿Es libre un jornalero que tiene que agachar la cabeza y aceptar un sueldo de miseria porque no tiene otra opción para llevar un dinero a casa? ¿Es libre una kely que tiene que hacerse un número indecente de habitaciones para poder subsistir? ¿Es realmente libre una mujer que opta a un puesto de trabajo y que sabe que tener un hijo en un futuro le puede costar ese mismo puesto?

¿Creemos realmente que somos libres, cuando estamos abocados a sufrir las consecuencias de que un barco encalle en la otra punta del mundo? ¿Somos libres cuando no hacemos más que formar parte del engranaje de una economía global, cuando somos parte del producto?

¿Es un pueblo libre cuando se vilipendia sus costumbres, si se asocia su lengua con cosa de pobres e incultos, algo que hay que disimular y hacer desaparecer, si se le señala una y otra vez con el dedo de la subvención cuando es ese pueblo el que subvenciona a otros territorios, fagocitarios de todo lo que le rodea? ¿Es libre cuando las opciones que se le presentan son siempre las mismas, las de trabajos precarios con contratos leoninos? ¿Es libre cuando no tiene voz en los órganos de decisión del Estado?

Ser libre no es poder desplazarte, irte de tiendas o de bares, viajar o pasear por la calle a las dos de la mañana. Es tener acceso, de igual a igual, a una educación de calidad, a una sanidad gratuita y universal, a unos beneficios sociales que suplan las necesidades sobrevenidas en un mal momento económico. Somos libres cuando tenemos todas las herramientas para decidir, cuando todos tenemos las mismas posibilidades de elección, sin que ningún factor derivado de la cuna, sexo, orientación sexual o color de la piel afecte a ello. Cuando mi sustento está asegurado, cuando mi formación es la adecuada y puedo llegar hasta donde mi intelecto me pueda llevar, cuando puedo dormir tranquilo sin pensar en que mañana alguien podrá recortar mis necesidades más fundamentales.

Hágannos a todos un favor y dejen de tocar la Libertad. Y las pelotas.

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