“Me hacía ilusión. Pensaba que tal despliegue de medios en televisiones y periódicos, este alud de información día tras día, tanta trascendencia otorgada a los resultados de ese próximo comicio, se debía a que todos podíamos participar

OPINIÓN. Boquerón en vinagre
. Por Francisco Palacios Chaves
Programador informático


29/04/21. Opinión. El programador Francisco Palacios escribe en su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com un artículo sobre la sobreexposición en los medios de las elecciones madrileñas: “Que chasco me he llevado con lo de no poder votar. Porque mientras nos enterábamos del más leve movimiento peristáltico de los intestinos de los candidatos a la Presidencia de la CAM, aquí...

...abajo no pasaba nada. Porque lo que no sale en los medios no tiene existencia real; es como ese árbol que cae en el bosque, solitario, y al que nadie oye”.

Yo no voto el 4M

Pues no. Lo he preguntado en cada instancia, órgano estatal, autónomo y local, y en todos lados me han respondido lo mismo: usted el 4 de Mayo no vota. Qué decepción.


Me hacía ilusión. Pensaba que tal despliegue de medios en televisiones y periódicos, este alud de información día tras día, tanta trascendencia otorgada a los resultados de ese próximo comicio, se debía a que todos podíamos participar. Pero resulta que no, que es solo para madrileños. Mi gozo en un pozo.

Con la de cosas que he aprendido en estas semanas de campaña. Que en Madrid se vive libre, no como aquí, en la Costa del Sol, que si mi amo no me da permiso no puedo pasear, ir al baño o hablar con un amigo. He llegado a asimilar que Madrid es diferente, que allí la gente va a museos y teatros, no como nosotros, que no tenemos ni una cosa ni la otra. A lo sumo, cuando acaba nuestra jornada laboral, damos paseos por el parque y le echamos miguillas de pan a los patos. Eso si el amo nos lo permite, claro. Qué envidia me dan, y que coraje no ser madrileño.

Ahora voy comprendiendo mejor las cosas. Ya entiendo que cuando a un francés lo entrevistan y responde como si tuviera la boca llena de polvorones no es por culpa del alcohol, sino que se encuentra bajo el ataque indomable del síndrome de Stendhal, agobiado bajo el peso de tanta belleza que duerme colgada en el Prado o en el Reina Sofía. Al fin consigo discernir el por qué, cada vez que llega una festividad, las carreteras de entrada a la capital se saturan con la llegada de miles de visitantes desde todas las poblaciones costeras, ardiendo de ganas por saber qué es un cuadro, una playa en un río o un bocata de calamares.

Que chasco me he llevado con lo de no poder votar. Porque mientras nos enterábamos del más leve movimiento peristáltico de los intestinos de los candidatos a la Presidencia de la CAM, aquí abajo no pasaba nada. Porque lo que no sale en los medios no tiene existencia real; es como ese árbol que cae en el bosque, solitario, y al que nadie oye.

No ha pasado nada, salvo que la factoría de Airbus de Puerto Real no se cierra, de momento. No porque los trabajadores se hayan tirado a la carretera y hayan defendido sus puestos de trabajo y su pan como leones, a sangre y fuego. Ha sido la magnanimidad de los empresarios lo que lo ha permitido, abriendo los brazos y haciendo que caiga el maná del cielo.

No ha sucedido nada, salvo que el gobierno de la Junta de Andalucía, tan preocupado por las clases más necesitadas, ha rebajado el impuesto de Transmisiones Patrimoniales al 7%. Para todo el mundo. Ya seas fontanero o el Archiduque de la Dehesa de las Cuatro Yerbas. Porque ellos no distinguen de clases sociales, y entienden que se debe pagar lo mismo si te compras un apartamento de 120000 euros o un loft de 700000. Ya basta de prebendas, que mantener la yeguada y perfeccionar el drive requiere también su esfuerzo. De paso, se les echa una mano a los bancos, que pagarán menos por la concesión de hipotecas. No hay nada como echarle una mano a esos pobres negocios asfixiados y tan necesitados de un empujoncito para cuadrar sus cajas y llegar a fin de mes.

Que suerte ser madrileño y que te pasen cosas.

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