“El Gobierno Central, que entre pitos y flautas no ha tenido tiempo de hacer la prometida reforma de la Ley de Salud Pública, de manera que se dotara a las CCAA de las herramientas necesarias para controlar los cierres”

OPINIÓN. Boquerón en vinagre
. Por Francisco Palacios Chaves
Programador informático


13/05/21. Opinión. El programador informático Francisco Palacios escribe en su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com un artículo sobre la capacidad de escurrir el bulto de los políticos: “La oposición, maestra en el arte de la intermitencia, el parpadeo y el giro veletesco, que adopta y adapta su mensaje, decidiendo si está a favor o en contra de la prolongación del estado de alarma en función...

...de si es día par o impar del mes, la fase lunar y la última cifra del cupón de la ONCE del día anterior. Su argumentación siempre va acompañada de palabras como España, constitucional, bolivariano y comunismo, ya sea para debatir en el Congreso o pedir el menú del día”.

De gatos, cascabeles y ratas

Bienvenidos un día más a su programa favorito, ‘Quién le pone el cascabel al gato’, en el que nuestros finalistas van a demostrar su capacidad de escurrir el bulto, darle la responsabilidad a otro como patata que quema y pasarse la gestión de la pandemia por la zona pélvica.


Nuestro primer concursante es el Gobierno Central, que entre pitos y flautas no ha tenido tiempo de hacer la prometida reforma de la Ley de Salud Pública, de manera que se dotara a las CCAA de las herramientas necesarias para controlar los cierres, ya sean perimetrales, periféricos o perianales, los toques de queda y demás recortes  pandémicos de libertades personales.

Tras él, la oposición, maestra en el arte de la intermitencia, el parpadeo y el giro veletesco, que adopta y adapta su mensaje, decidiendo si está a favor o en contra de la prolongación del estado de alarma en función de si es día par o impar del mes, la fase lunar y la última cifra del cupón de la ONCE del día anterior. Su argumentación siempre va acompañada de palabras como España, constitucional, bolivariano y comunismo, ya sea para debatir en el Congreso o pedir el menú del día.

A muy poca distancia, las comunidades autónomas, sobre todo las que piden que se prolongue el estado de alarma pero no quieren pedirlo de manera particular para su territorio, en un ejercicio de sorber y soplar al unísono de difícil ejecución, pero solventado con prestancia. Mención especial en este aspecto lo merecen Euskadi, que alega que es una pandemia global, y Madrid, que no quiere adoptar una medida que afecte a todos por culpa del comportamiento de unos pocos, a no ser que sea a través de la reforma de la ley de salud pública, que entonces sí. Se lleva la palma Andalucía, que con una mano pide la prolongación del estado de alarma y con la otra retrasa el horario del cierre de bares y discotecas. Puro funambulismo.

En cuarto lugar, cerca de las posiciones de privilegio, tenemos a los alcaldes, figuras que podríamos considerar secundarias pero que también escurren el bulto con la elegancia de una anguila en manteca colorá. Servidores públicos que reconocen que no pueden controlar a todos los jóvenes, ni vigilar todas las plazas, jardines, rotondas, playas y demás lugares propicios para montar una botellona, en un claro ejercicio de ni aporto ni me aparto, un llamamiento al caos y al desorden en unas ciudades que podrían ser tomadas por turbas de adolescentes armados con botellas de Mahou, si así lo decidieran.

Como colofón a nuestro elenco de concursantes tenemos a los libertayers, un segmento de la población que se tira a la calle a celebrar que han dado las 12 de la noche como si les hubiera tocado el alquiler de un piso de dos dormitorios por 300 euros al mes, un trabajo fijo y todas las ayudas que dice VOX que le caen a un menor no acompañado, una turba de defensores de la libertad de tomarse una caña a las 2 de la mañana frente a la UCI de un hospital, donde, por suerte para ellos, no tienen la libertad de elegir si les ponen o no un respirador, llegado el caso. Algunos de ellos, llevados por la euforia, fueron ingresados con heridas contusas en el cráneo. Por suerte, no afectó a órganos vitales.

¿Quién será el ganador de nuestro concurso? Lo veremos tras una pausa en la que salvaremos el verano. Los perdedores ya los tenemos claros.

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