Hoy voy a revelarles cosas que no se saben, pero que sí conoce al dedillo Almudena Negro, diputada de la Asamblea de Madrid: El flamenco nació en la capital de España

OPINIÓN. Boquerón en vinagre
. Por Francisco Palacios Chaves
Programador informático


27/05/21. Opinión. El programador informático Francisco Palacios escribe en su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com un artículo sobre las señas de identidad: “Si alguien roba en tu casa y se lleva tu dinero o tus joyas, son bienes recuperables. Pero cuando roban tus señas de identidad, te están dejando sin alma, se llevan parte de lo que eres, trozos irreemplazables de lo que te distingue...

...de los demás. Cuando te dejan sin ellas te quedas vacío. Y al cabo de varias generaciones, lo que era tuyo ya no es reconocible, prostituido y mercantilizado en pos de una, grande y librela”.

El flamenco mola mazo, Borja Mari, fíjate

Hoy voy a revelarles cosas que no se saben, pero que sí conoce al dedillo Almudena Negro, diputada de la Asamblea de Madrid: El flamenco nació en la capital de España. Esta mujer, faro del intelecto, sol del conocimiento, fuente de sabiduría, ha iluminado nuestros limitados horizontes del conocimiento y ha arrojado luz sobre una de las materias en las que parecía que había consenso pero en la que, al parecer, estábamos equivocados.


Su razonamiento no tiene una sola fisura. Como en Madriz hay muchos tablaos, pues qué menos que pensar que el flamenco ahonda sus raíces en esos barrios tan dados a dar el cante como el de Salamanca. Habría que hacerle ver a la Sra. Negro que, de ser así, el hecho de que el bocata de calamares sea plato típico de la capital nos podría llevar a pensar que bastaría con echar las redes un rato en el Manzanares para capturar un buen montón de los cefalópodos en cuestión. Y va a ser que no.

Afortunadamente, en esta ocasión, hasta miembros de su propio partido como el Presidente de la Junta de Andalucía, han señalado lo errada que estaba la Sra Negro. Porque, a este paso, antes de que te nos diésemos cuenta, el salmorejo, los espetos, las chirigotas y la Dama de Baza serían madrileñas. Quizás, el traspiés de la diputada venga al confundir a Los Chunguitos con el apelativo que se puede aplicar a antiguos cargos de su partido. O que las rumbas quinquis hablaban de las hazañas de delincuentes callejeros. La fuerza de la costumbre puede llevar a estos errores.

El nuevo e incipiente nacionalismo centrista madrileño ha encontrado una nueva seña de identidad que robarle a Andalucía. Si lo piensan con un poquito de frialdad, no hay nada que se señale como marca España que no tenga su cuna en Andalucía, un hecho que tiene sus motivos históricos y que ha sido profusamente estudiado y puesto negro sobre blanco por múltiples investigadores. Lo español no es la sardana, el caballo asturcón o un aizcolari. No es la muñeira ni el pa amb tomaquet. El caballo español es el andaluz, la canción española es andaluza, el traje de flamenca es andaluz y el flamenco, por más que le pese a la Sra Almudena, es andaluz. Ya puedan rabiar todos los españolistas de izquierdas, de derechas o mediopensionistas. Es lo que hay.

Si alguien roba en tu casa y se lleva tu dinero o tus joyas, son bienes recuperables. Pero cuando roban tus señas de identidad, te están dejando sin alma, se llevan parte de lo que eres, trozos irreemplazables de lo que te distingue de los demás. Cuando te dejan sin ellas te quedas vacío. Y al cabo de varias generaciones, lo que era tuyo ya no es reconocible, prostituido y mercantilizado en pos de una, grande y libre.

Así que dejen de meter las manos en lo que nos define, en lo que nos marca y nos diferencia. Nadie tiene culpa de que España, sin Andalucía, no sea nada.

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