Hace unos días, un artista italiano ha logrado dar la última vuelta de tuerca en el arte moderno: vender una estatua invisible por 15.000 euros de vellón

OPINIÓN. Boquerón en vinagre
. Por Francisco Palacios
Programador informático


04/06/21. Opinión. El programador informático Francisco Palacios escribe en su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com un artículo sobre la situación política en Andalucía: “Los socios de gobierno en la Junta andan con la mosca tras la oreja porque el que ellos dicen que no está en ese gobierno anda poniéndole palos en las ruedas, echándole a bajo sus leyes estrella, como la del Suelo, y...

...pidiendo adelantos electorales a cuenta de la decisión de acoger a 13 niños por parte de la Comunidad Autónoma, una invasión silenciosa que nadie ve excepto la formación ultramontana”.

Arte moderno

Hace unos días, un artista italiano ha logrado dar la última vuelta de tuerca en el arte moderno: vender una estatua invisible por 15.000 euros de vellón. El escultor del vacío ha logrado lo que Andersen ya vaticinó en 1837 en su cuento El Traje Nuevo del Emperador, un relato de hadas con un mensaje claro: no tiene por qué ser verdad lo que todo el mundo piensa que es verdad.


Pero no es el único caso en el que se nos intenta convencer de la existencia de algo por el simple hecho de afirmar su existencia. Véase el ejemplo de Susana Díaz, que aboga por un socialismo centrado en los andaluces. Imagino que ese socialismo con tintes verdiblancos, pálidos y casi transparentes, debe ser el mismo que el de los representantes socialistas que llevan años y años calentando escaño en Madrid con sus acomodadas posaderas en representación de sus votantes. Pero claro, si no se les ve ni se les oye, uno tiene la duda de su existencia, aunque se nos repita una y mil veces que están allí.

Por otro lado, los socios de gobierno en la Junta andan con la mosca tras la oreja porque el que ellos dicen que no está en ese gobierno anda poniéndole palos en las ruedas, echándole a bajo sus leyes estrella, como la del Suelo, y pidiendo adelantos electorales a cuenta de la decisión de acoger a 13 niños por parte de la Comunidad Autónoma, una invasión silenciosa que nadie ve excepto la formación ultramontana. Son capaces de ver a 13 menores entre 8 millones de ciudadanos, pero son incapaces de ver el territorio al que representan, cuando hablan de “españoles que viven en Andalucía”, como si los andaluces fueran una entelequia sin existencia, una noción virtual que no tiene materia ni peso, retales sobrantes del traje del emperador. Eso, o que creen que Andalucía no forma parte de España, un giro copernicano de su pensamiento político. Si es que existe.

El resto se debate en la lucha por la posesión de unas siglas, una batalla entre los restos de UP, IU y anticapitalistas, una guerra que no tiene más fondo que el de la supervivencia ante el previsible maremoto que arrastre a la izquierda centralista bajo el manto de la invisibilidad parlamentaria y, por ende, pública y política, el mismo que se los llevó por delante en las elecciones autonómicas celebradas hasta la fecha y que tiene visos de repetirse cuando Moreno Bonilla decida prescindir de sus socios. Algo que el propio presidente niega, pero cuya presencia es más que evidente.

Acciones invisibles que nos dicen que existen. Asuntos visibles de los que nos intentan convencer de su no existencia. Imitadores baratos del escultor italiano y de los sastres del emperador del cuento. La única duda que me asalta es saber quiénes son más embaucadores, aunque, pensándolo bien y vista la cifra de compradores de sus engaños, me queda claro.

Andalucía, vas desnuda…

Puede leer aquí anteriores artículos de Francisco Palacios