“Suele pasar que cuando se señala la luna, el necio se queda mirando el dedo, o a lo más, la uña. No tengo claro qué fue primero, si la berrea en sede parlamentaria o en la calle, si el insulto callejero contra el rival político o la desfachatez permanente de la falta de educación asentada en los sillones desde los que se representa la voluntad popular”

OPINIÓN. Boquerón en vinagre
. Por Francisco Palacios Chaves
Programador informático


21/10/21. Opinión. El programador Francisco Palacios escribe en su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com un artículo sobre una experiencia personal de la semana pasada relacionada con la forma que tiene el ciudadano en general de defender sus particulares ideas. “Lo importante no es el hecho en sí, sino la respuesta de aquellos que apuntaban que preferían a la cabra...

...para dirigir el Gobierno antes que su actual jefe. Se repetían los insultos personales basados en un odio cerval hacia una persona cuyo único error es la de presidir un partido político que no es el suyo”.

La Luna y el dedo

Decía Andy Warhol que en el futuro, todo el mundo será famoso por quince minutos, y ese futuro es el ahora. Aunque la fama es relativa, a mí me tocó esta semana pasada, a cuenta de un tweet que publiqué el 12 de octubre relacionado con los insultos al Presidente del Gobierno y los aplausos a la cabra de la Legión, señalando que eso era lo hermoso de la Democracia: que cada cual elige a quien mejor le representa.


Tampoco fue para tanto, aunque he de reconocer que me sentí halagado cuando sirvieron de inspiración para unas declaraciones del hermano del hermanísimo que aparecieron en todos los medios de tirada nacional, radios y televisiones. Desde aquí, agradezco a todos los tuiteros que señalaron la autoría de la frase.

Lo importante no es el hecho en sí, sino la respuesta de aquellos que apuntaban que preferían a la cabra para dirigir el Gobierno antes que su actual jefe. Se repetían los insultos personales basados en un odio cerval hacia una persona cuyo único error es la de presidir un partido político que no es el suyo. No seré yo quien defienda al PSOE, puesto que jamás les he votado ni  les votaré; no es mi opción y nunca la ha sido. No obstante, creo que la discrepancia política no puede convertirse en la coartada para expeler litros de bilis contra nadie, ni servir de excusa para desahogar toda la rabia contenida contra una persona que, como cualquier político que no ha pasado por Soto del Real, se le presupone que hace lo que hace con el objetivo de hacer mejor la vida de las personas que administra. Al menos en teoría.

La ignorancia es atrevida, y la gran mayoría creen que la defensa de la imagen de un cargo político te convierte en votante de su partido, en un estómago agradecido o en un palmero. Cree el ladrón… De la misma manera que esos que le gritaban “okupa” y otras lindezas que no me atrevo a reproducir, confunden la libertad de expresión con el derecho a insultar, a acampar delante de la casa de un cargo electo durante meses y espiar por encima de las rejas que separan su vida pública de su intimidad. Llamar “okupa” a un cargo elegido por los ciudadanos es de una cultura democrática muy escasa, equivalente a llamar “gobierno Frankenstein” a una coalición tan democrática y lícita como una mayoría absoluta. Imagino que cuando Casado, autor de ese apelativo, hable con el próximo canciller alemán, lo haga en los mismos términos.

Son los mismos que se arrogan la potestad de acordarse de la madre de un político y se echan las manos a la cabeza ante un lazo amarillo o un abucheo al jefe del Estado, un himno o una bandera. Son los que deciden cuáles son los símbolos inviolables, y qué se debe sentir hacia ellos. Como si uno, como ciudadano, no tuviera la libertad de elegir los que lo representan y los que no, sobre qué se debe sentir y a quién dirigir esos sentimientos.

Suele pasar que cuando se señala la luna, el necio se queda mirando el dedo, o a lo más, la uña. No tengo claro qué fue primero, si la berrea en sede parlamentaria o en la calle, si el insulto callejero contra el rival político o la desfachatez permanente de la falta de educación asentada en los sillones desde los que se representa la voluntad popular. En el fondo, una no es más que el reflejo de la otra, la simetría perfecta de los votantes y los votados, cuyos argumentos no se sostienen en cuanto se confrontan datos y no el volumen de los berridos. Un argumentario basado siempre en el “tú más”, en las medias verdades y en el recuerdo de lejanas repúblicas sudamericanas y extintas bandas terroristas. Cortito con sifón.

Desde el respeto a todas las opciones democráticas, no tengan duda. Si así lo desean, en los próximos comicios, busquen la papeleta de la cabra. Seguro que la encuentran sin dificultad.

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