“El asesinato a sangre fría de civiles no es una tragedia, es un atentado contra la humanidad, un paso que nos acerca a lo que nos separa de las bestias”

OPINIÓN. Boquerón en vinagre
. Por Francisco Palacios Chaves
Programador informático


28/10/21. Opinión. El programador informático Francisco Palacios escribe en su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com un artículo sobre la decisión de volver “a colgar el ignonimioso nombre del Crucero Baleares en las paredes de la capital”, ya que “desde ese barco, trescientos mil refugiados que huían de la represión de las fuerzas golpistas por la carretera que unía nuestra ciudad...

...con la de Almería, fueron bombardeados sin pudor ni piedad. Hombres, ancianos, mujeres y niños, “la desbandá”, asesinados por el simple hecho de escapar de la violencia sin sentido de una represión dirigida y arengada por Queipo de Llano”.

Almeida

Seguro que lo he dicho en alguna ocasión anterior. Con certeza que lo habré referido con anterioridad. Pero por si alguno tiene la capacidad lectora y comprensiva de una lámpara de mesa, lo volveré a repetir.


Detesto todos los regímenes autoritarios, a los salvapatrias que para levantar un país les sobra la mitad de su ciudadanía, sea cual sea su signo político, color o bandera. No creo en los concursos de Dictador del Año, y menos aún en los que piensan en que su dios es mejor porque tiene más mártires o su dictador es mejor porque mató menos e hizo más pantanos.

Me fascina esa gente a la que le da igual que se ensalce el nombre de reconocidos criminales de guerra en calles, hospitales o estadios de fútbol. Son los que pondrían, con total seguridad, el grito en el cielo si vivieran en la Avenida de Idi Amín o fueran los domingos a animar a su equipo al Estadio Pol Pot. Y con toda la razón del mundo. Pero la indignación no puede tener colores, signos o banderas. Ni la Justicia tiene nada que ver con la equidistancia. Al contrario.

Cuando el equidistante afirma que estos asuntos le dan igual, que no son importantes o que van en contra de una “tradición”, lo puede hacer por dos motivos: la ignorancia de la Historia, que es grave, o que aún conociéndola, le siga pareciendo asunto baladí y sin importancia, lo cual es aún peor. Porque supone dejar a la altura de insustancial a las víctimas, como desestimable el dolor de aquellos que sufrieron en el pasado. Algo maligno por definición, y retorcido cuando son conciudadanos.

Este sentimiento me invade tras el paseo triunfal del alcalde de Madrid, Martínez Almeida, por las calles de nuestra ciudad, y su homenaje en una de las cofradías de la ciudad. En días anteriores a esta visita, el alcalde de la ciudad que es España y a la que todos quieren mudarse, a pesar ser la capital de la comunidad autónoma que más habitantes ha perdido el año pasado, volvió a colgar el ignonimioso nombre del Crucero Baleares en las paredes de la capital, dos palabras enmarcadas en sangre en nuestra historia, amparado en una decisión judicial.

Desde ese barco, trescientos mil refugiados que huían de la represión de las fuerzas golpistas por la carretera que unía nuestra ciudad con la de Almería, fueron bombardeados sin pudor ni piedad. Hombres, ancianos, mujeres y niños, “la desbandá”, asesinados por el simple hecho de escapar de la violencia sin sentido de una represión dirigida y arengada por Queipo de Llano.

No me vale la excusa de acatar la resolución de un tribunal, cuando ante otras cuestiones se plantean recursos ad infinitum. Como tampoco me sirve la tradición, la hermandad entre cofradías y ciudades o el tildar aquel suceso como “algo trágico”. Algo trágico es un accidente o una catástrofe natural, sucesos contra los que la voluntad humana no puede hacer más que oponer su resistencia y afán de supervivencia.

El asesinato a sangre fría de civiles no es una tragedia, es un atentado contra la Humanidad, un paso que nos acerca a lo que nos separa de las bestias, y quien aplaude a los que lo blanquean, por ignorancia o a sabiendas, deberían hacer examen de conciencia. Si les queda algo que examinar.

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