“Es fecha para bramar y rugir, y que el eco haga temblar las conciencias de los que llevan mercadeando con nuestro futuro más de 40 años”

OPINIÓN. Boquerón en vinagre
. Por Francisco Palacios Chaves
Programador informático


02/12/21. Opinión. El programador informático Francisco Palacios escribe en su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com un artículo sobre el Día de Andalucía: “El 4 de diciembre es una fecha especial, reivindicativa, de lucha en la calle, de muerte y de humo, de sangre y victoria. Pero los tiempos cambian, y no podemos quedarnos mirando...

...atrás con melancolía aquellas jornadas que cambiaron nuestra historia. Porque ni aquellos andaluces son los de ahora, ni las reivindicaciones son las mismas. Eso sí, el enemigo no ha cambiado”.



De parabrisas y retrovisores

Cuando lea estas letras en la pantalla de su móvil o de su ordenador, estaremos cerca del 4 de diciembre, la fecha que todos los Andalucistas reclamamos como Día Nacional, y no ese 28 de febrero que, de tan manoseado por las zarpas centralistas, no se sabe si es el Día de Palencia, las Jornadas Mundiales del Folclore o el Día Escolar del Mollete con Aceite.

El 4 de diciembre es una fecha especial, reivindicativa, de lucha en la calle, de muerte y de humo, de sangre y victoria. Pero los tiempos cambian, y no podemos quedarnos mirando atrás con melancolía aquellas jornadas que cambiaron nuestra historia. Porque ni aquellos andaluces son los de ahora, ni las reivindicaciones son las mismas. Eso sí, el enemigo no ha cambiado. Quizás ha mudado de rostro, pero su papel sigue siendo el mismo.

Sin embargo, debemos tener en cuenta que no vivimos en los 70, que la pana llegó a los consejos de dirección y que la extrema derecha se sienta en nuestros Parlamentos. No son tiempos de recuerdos añejos, de fotos en blanco y negro, de rememorar viejas victorias. La Historia está ahí, y tenemos 364 días al año para recordarla, destrozar bulos y falsedades, y dar a conocer lo que fuimos.


Son días de ir a por lo que queremos ser. No necesitamos ganar los cielos, pues ya los tenemos, los más claros y limpios, los que todos sueñan con disfrutar. Lo que nos hace falta es ganar la tierra, devolvérsela a su dueño, ponernos en nuestro sitio dentro del Estado. Es fecha para bramar y rugir, y que el eco haga temblar las conciencias de los que llevan mercadeando con nuestro futuro más de 40 años. Todos los territorios buscan la defensa de lo suyo partiendo de su propio territorio, soberanos a la hora de decidir, de defender, sin intermediarios ni trileros. Mientras tanto, aquí seguimos confiando en las subcontratas centralistas, en las franquicias de marca blanca y alma negra, con la fútil esperanza de que tras 40 años de mentira tras mentira, mañana cambien, como si fuera fácil dejar atrás un pasado de corrupción, de colonialismo, de señoritos a caballo y un pueblo rindiendo vasallaje. Incluso llegamos a poner nuestras esperanzas en aquellos que venían a cambiarlo todo, y lo único que han cambiado han sido vías por basura nuclear. Eso es lo que somos para ellos: su playa, su chiringuito, su patio trasero, su vertedero.

Este 4 de diciembre debe ser el último de los días de añoranza, y ser el primero de muchos de avance, de arañar libertad a libertad, derecho a derecho, peldaño a peldaño, hasta alcanzar la máxima cuota de poder que podamos alcanzar.

Ya basta de mirar atrás. Lo ilusionante es lo que está por llegar. El futuro que se abre es más esperanzador que el pasado que dejamos atrás. Por eso los parabrisas son más grandes que los retrovisores.

Viva Andalucía Libre.

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