La probable candidata de Vox a la presidencia de la Junta, Macarena Olona, asegura que “si soy honrada por mi partido con ser la elegida para esa carrera por la presidencia, lo que tendréis es un gobierno con corazón español”

OPINIÓN. Boquerón en vinagre. Por Francisco Palacios Chaves
Programador informático


03/03/22. Opinión. El programador informático Francisco Palacios escribe en su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com un artículo sobre Macarena Olona, la casi segura candidata de Vox a la presidencia de la Junta: “Habla de que “será sobre Andalucía donde se construirá un primer gobierno de España con Santiago Abascal como presidente”. No, Sra. Olona. No somos un banquillo...

...sobre el que subirse, no somos el ladrillo sobre el que construir nada. Somos el alfa y el omega, el principio y el fin de lo que se juega en esas elecciones. No somos parte de ningún andamio sobre el que construir un gobierno para nadie o contra nadie. Si quiere edificar algo, que sea por Andalucía, en Andalucía y para Andalucía”.

Olonanismo

Macarena Olona, candidata in pectore de VOX para las próximas autonómicas andaluzas, eligió el 28 de Febrero y la ciudad de Sevilla para lanzar su comienzo de precampaña electoral, amparada por las encuestas y el conocimiento de que, a poco que no cambien demasiado las cosas, su partido va a ser necesario para la formación del gobierno que salga de las urnas.


Como todo el discurso de VOX, sea cual sea el lugar o la boca de la que salga, el de Olona tiene ese perfume trumpista plagado de medias verdades o mentiras completas, contradicciones e incongruencias con el que llega a una población desencantada con la derecha tradicional. Un discurso populista que las más de las veces se desmonta con la inflexible rigidez de los datos y que no resiste un análisis medianamente superficial, pero que a fuerza de ser repetido, llega a casi parecer veraz.

Dice la candidata que “su formación está preparada, con el mejor proyecto, que es España”. Me parecería muy bien, si no fuera porque hablamos de unas elecciones autonómicas; no es una eliminatoria previa para jugar la Champions, ni un examen parcial con el que quitarse materia de en medio. Hablamos de unas elecciones en clave autonómica, para dirigir el futuro de Andalucía por 4 años, sacarla del vagón de cola de todas las estadísticas, unas elecciones en las que se decide cómo queremos que sea nuestra Sanidad, nuestra Educación, cómo relanzar nuestra economía y sacarla de la bicefalia económica turismo/agricultura. No somos el trampolín para otros sillones, ni la rampa de lanzamiento hacia ninguna parte. Quizás la señora Olona y su partido no han entendido lo que significa un estado autonómico, no han comprendido cómo funciona un país descentralizado, y sobre todo, no se han enterado de para qué han de servir las papeletas que se depositen el día de las elecciones en las urnas.

Continúa afirmando que “si soy honrada por mi partido con ser la elegida para esa carrera por la presidencia, lo que tendréis es un gobierno con corazón español”. Peor me lo pone. Un gobierno con un corazón español, el mismo que nos lleva desangrando más de 40 años, el mismo corazón que no nos bombea sangre sino que nos la quita, ese corazón que trata de subnormal al Padre de nuestra Patria, fusilado y condenado después de muerto. Dudo mucho que eso sea tener corazón.

Quieren llegar a San Telmo y que los mangantes devuelvan lo robado. Me parece genial. Que nos devuelvan hasta el último céntimo de lo expoliado, hasta la última migaja de lo que aquí se genera y que engorda a otras comunidades, constituidas en agujeros negros que nada producen y nada dejan a su alrededor, cada pieza de museo desenterrada y secuestrada.


Habla de que “será sobre Andalucía donde se construirá un primer gobierno de España con Santiago Abascal como presidente”. No, Sra. Olona. No somos un banquillo sobre el que subirse, no somos el ladrillo sobre el que construir nada. Somos el alfa y el omega, el principio y el fin de lo que se juega en esas elecciones. No somos parte de ningún andamio sobre el que construir un gobierno para nadie o contra nadie. Si quiere edificar algo, que sea por Andalucía, en Andalucía y para Andalucía. Lo demás son intereses bastardos, y esos los conocemos de sobra.

Se siente víctima de un “acoso racista” porque, a pesar de ser alicantina, se siente muy andaluza, como hija y nieta de inmigrantes. Hombre, tiene su gracia, hay que reconocérselo, siendo la representante de un partido que niega el pan y la sal a los que llegan a nuestras costas, que demoniza a niños por el simple hecho de haber vuelto a nacer al atravesar un mar plagado de muerte, que achaca todos los males habidos y por haber a aquellos que vienen a buscarse la vida, como hicieron sus padres y abuelos al emigrar a otras tierras.

No se entera de lo que se tercia, afirmando que “nadie nos dijo que ese 28 de Febrero, Andalucía dejaría de decidir sobre su destino”. Al contrario; ese día, la voz de millones de andaluces gritó al unísono que quería autogobierno, tener el timón de su destino, la llave de su futuro, y que su voz se oyera por fin. Ellos son los que quieren dejarnos mudos, que volvamos a ser el jornalero en manos del señorito, mudos y serviles, contentos con las migajas que deja caer el señorito desde la grupa de su caballo, con la vuelta a un estado centralista que haga y deshaga a su antojo, sin contar con nuestra opinión.

No, Sra. Olona. No hay una carrera por ver quién es más andaluz. Porque no importa si se es un abuelo de Bollullos con 80 años o un niño magrebí de 6. Los dos son andaluces, si así se sienten. Porque esta es tierra de acogida, de brazos abiertos, donde no caben concertinas ni muros. Deje de pensar en levantar barreras y ponga toda intención en echar abajo las ya existentes, en las que nos limitan, las que nos tachan con etiquetas falsas y maniqueas.

La candidata “no entiende una Andalucía sin España”. Lo que no se entiende es una España sin Andalucía, sin una tierra a la que se le robaron sus señas de identidad para darle sentido a un país que no lo tiene, sin un pueblo que ha sido la colonia interior de ese imperio soñado y trasnochado que aún pervive en los dirigentes de su partido.

De todas maneras, haga valer la oportunidad que le da la vida de ser cunera y presentarse como candidata a la Junta de Andalucía, aunque sea por un partido que ni cree en la Junta ni cree en Andalucía. Espero que algo del espíritu de Escuredo, de Caparrós y el de tantos y tantos que lucharon por darle a Andalucía voz propia dentro del estado, llegue a calarle. No creo que sea posible, pero la esperanza es lo último que se pierde.

Aprovecho la ocasión para desearle, aunque sea a posteriori, un feliz Día de Andalucía, pleno de arbonaidas al viento y gritos de “Viva Andalucía Libre” resonando en libertad, como resonó en los labios de D. Blas mientras expiraba. Ese D. Blas, Padre de la Patria Andaluza, Padre de la suya, mal que le pese.

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