“No voy a entrar en una disquisición filosófica sobre si el humor ha de tener o no tener límites; es tan absurdo como si lo han de tener la literatura, la pintura o el cine”

OPINIÓN. Boquerón en vinagre
. Por Francisco Palacios Chaves
Programador informático


31/03/22. Opinión. El programador informático Francisco Palacios escribe en su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com un artículo sobre el guantazo de Will Smith en la gala de los Oscar: “Hay muchos que alaban la reacción del actor, aludiendo a esos límites que el humor no debe traspasar. ¿Entonces ponemos límite a unas cosas y a otras no? ¿Debemos censurar determinados...

...chistes pero las respuestas violentas no? ¿Tenemos manga ancha para tomarnos la revancha cuando algo nos indigna?”.

La hostia

No voy a entrar en una disquisición filosófica sobre si el humor ha de tener o no tener límites; es tan absurdo como si lo han de tener la literatura, la pintura o el cine. Siempre he opinado que el humor o la comedia dependen del contexto; una frase en medio de un monólogo no puede ser evaluada fuera de su contexto, como frase aislada, o como  una opinión del autor sobre un determinado tema. El humor, como la sociedad, evoluciona con el tiempo, y lo que nos hacía gracia en los ochenta ha dejado de tenerla hoy. Nuestros tabúes han cambiado, somos más sensibles frente a determinados temas y las líneas rojas sobre las que deambulan los humoristas se han movido de sitio.


Evidentemente, todo el mundo tiene derecho a indignarse, cabrearse y acordarse de los ancestros de un humorista cuando un determinado chiste pincha en hueso. Ante eso, la solución es tan sencilla como la de no consumir lo que no nos gusta. Si eres actor y sabes que la gala la va a presentar Ricky Gervais, debes ser consciente de que puedes ser carne de chiste, y conociendo al personaje, chiste con bastante mala leche.

Pero no confundamos. Una cosa es indignarse, maldecir, e incluso presentar una querella por ofensas, y otra levantarte de tu asiento, dirigirte al humorista y darle una hostia con el estilo del mejor pelotari, un giro de brazo a la altura de Nadal. El derecho a ofenderse no implica el de vengarse y tomarse la justicia por su propia mano, nunca mejor dicho, y menos aun erigirse en una especie de superhéroe machito que se levanta para defender a su indefensa damisela.


La pérdida de papeles ha tenido repercusión mundial, casi tanto como el eco de la hostia, y aunque ya ha presentado sus excusas en privado y público, la mancha que ha dejado el actor en su imagen es de las que tienen difícil lavado. Un sólo mal gesto puede ser recordado para siempre, aunque el resto de tu carrera sea impoluta. Es difícil encontrar unos pies como los de Zidane en la historia del fútbol pero siempre se recordará su cabezazo en la final de un Mundial.

Hay muchos que alaban la reacción del actor, aludiendo a esos límites que el humor no debe traspasar. ¿Entonces ponemos límite a unas cosas y a otras no? ¿Debemos censurar determinados chistes pero las respuestas violentas no? ¿Tenemos manga ancha para tomarnos la revancha cuando algo nos indigna?

No me preocupa que cada vez tengamos la piel más fina y sensible, sino la reacción ante lo que no nos gusta. Si algo no nos encaja, nos indigna o nos parece hiriente, queremos que desaparezca no sólo de nuestra vista, sino de la vista de todo el mundo. Si así fuera, todos los movimientos artísticos que en su momento se tomaron como contraculturales no habrían existido. No sabríamos quienes son Kerouak, Janis Joplin, Jim Hendrix, Morrison, los hippies, los punks. Todo barrido de un plumazo porque a alguien le hería, le indignaba, le molestaba.

Cuentan que en uno de los aniversarios de la toma de Auschwitz, los invitados hacían cola para entrar en las instalaciones para asistir al homenaje a las víctimas de la barbarie nazi. Tal era el número de invitados que la fila avanzaba con lentitud. Uno de los participantes, un judío superviviente del campo, le dijo a otro invitado que esperaba a su lado: “Hay que reconocer que los alemanes tenían esto mejor organizado”.

Si Tip y Coll levantaran la cabeza, posiblemente Will Smith se las echaría abajo.

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