“Yo no entiendo las Fallas, ni me emocionan los castellers. Jamás correría delante de un toro, ni detrás, si me apuran. Pero respeto a la gente que le gusta, que lo siente, que lo disfruta”

OPINIÓN. Boquerón en vinagre
. Por Francisco Palacios Chaves
Programador informático


21/04/22. Opinión. El programador informático Francisco Palacios escribe en su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com un artículo sobre la Semana Santa: “Siempre toca. No hay estación del año, festividad u ocasión en la que la andalufobia no rezume ríos de bilis en forma de comentarios desacertados, ignorantes y malintencionados. Ahora ha tocado con la Semana...

...Santa, y con la manera en que los andaluces la hacemos tan nuestra, tan diferente”.

Tocando los cirios

Siempre toca. No hay estación del año, festividad u ocasión en la que la andalufobia no rezume ríos de bilis en forma de comentarios desacertados, ignorantes y malintencionados. Ahora ha tocado con la Semana Santa, y con la manera en que los andaluces la hacemos tan nuestra, tan diferente.


La mayor de las veces se opina desde un desconocimiento supino que ralla en la ignorancia. Eso da patente de corso, al parecer, para decir cualquier barbaridad y quedarse tan ancho. Algunos hablan de las cofradías como elementos pertenecientes a la Iglesia, cuando no es posible al tratarse de agrupaciones de seglares. La Semana Santa pertenece a las Hermandades, a los barrios donde surgen alrededor de una imagen, de una devoción a un titular. Barrios obreros, en los que estas hermandades, en su mayor parte, ejercen una labor que en muchas ocasiones ha sido clave para su supervivencia, manteniendo comedores sociales, creando talleres ocupacionales y puestos de trabajo para los más desfavorecidos.

Hay un grupo, muy numeroso, que critica las masas de gente que salen a la calle en estas fechas, y que no lo hacen para defender sus derechos. Primero, parece que tienen un ojo que es capaz de detectar y separar a unos de otros a simple vista, porque muchos de los que disfrutamos de nuestra Semana Mayor también luchamos por una sociedad mejor, cada uno dentro de sus posibilidades y en su ámbito. Por otro lado, tampoco es que aquellos a los que no les gusta la Semana Santa estén todo el día manifestándose por el precio de la luz. Son los de siempre, los que faltan el respeto de la gente, a la que se le echa la culpa de no votarles a ellos, cuando deberían mirarse el ombligo y preguntarse por qué no se confía en ellos a la hora de ir a las urnas. Pero claro, lo fácil es llamar ignorantes a otros antes que autocalificarse como inútiles.

Otros ven ridículo que un ciudadano cualquiera se emocione al paso de, lo que llaman los entendidos en la materia, “muñecos”. Llamar muñeco a una obra de Juan de Mesa, de Mena o de Benlliure es para hacerse mirar si uno ha pasado por la escuela pero, a lo mejor, la escuela no ha pasado por uno. Es como llamar a la Capilla Sixtina gotelé de colores, al David de Miguel Ángel maniquí de mármol, o a la Quinta Sinfonía ruido. Otros, de vez en cuando, los llaman “santos”. Ese es el nivel de conocimiento de lo que aquí celebramos.


Por cierto, sobre el que llora, ¿alguien se pregunta por qué lo hace? ¿Por qué le emociona el paso de una cofradía, de una imagen? ¿A nadie se le ocurre llegar a la conclusión de que, probablemente, lo que le emocione sea el recuerdo de haber visto esa misma imagen en compañía de familiares que ya no están, que quizás le evoque el recuerdo de los que se fueron, que le traiga a la mente la situación personal de un amigo, un compañero, o la suya propia? Nadie se echa las manos a la cabeza por ver a falleros llorando porque llueve, o al ver a su monumento arder. Nadie ridiculiza las colas para dejar un ramo de flores a la Virgen del Pilar, o los cánticos de los mozos frente la imagen de San Fermín, minutos antes de correr delante de las astas de los toros.

Yo soy cofrade, y de izquierdas. Me da igual si lo quieren entender o no. Me importa muy poco si comprenden mi manera y la de los míos de sentir, de celebrar, de disfrutar. Me produce una importante sudoración inguinal si les gusta o no les gusta, si les estorba, si les fastidia. Pero exijo respeto. Yo no entiendo las Fallas, ni me emocionan los castellers. Jamás correría delante de un toro, ni detrás, si me apuran. Pero respeto a la gente que le gusta, que lo siente, que lo disfruta, que lo tiene como parte inseparable de su acervo cultural, de sus tradiciones. Porque vivir en libertad no es que todos respeten lo que te gusta, sino respetar lo que no te gusta.

Olvídense. No critican a la Iglesia. No hacen apología del ateísmo. Es pura y dura andalufobia. Ni más ni menos. Ninguna de las críticas que leo a diario vienen acompañadas de imágenes de la Semana Santa murciana, de los picaos riojanos, o de los tambores de Calanda. Se ilustran con fotografías de la Madrugá, o de cualquier imagen de la Semana Santa malagueña, cordobesa, granadina.

Dentro de poco llega el Rocío. Hagan sus apuestas.

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