“En toda la línea política de actuación hay un mantra que se repite hasta la saciedad: la eliminación de todos aquellos organismos que Vox considera superfluos, como la propia autonomía andaluza, un objetivo que dicha formación, a nivel estatal, considera que debe ser derogada, como el resto del estado autonómico”

OPINIÓN. Boquerón en vinagre.
Por Francisco Palacios.
Programador informático

02/06/22. Opinión. El programador Francisco Palacios escribe en su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com un artículo sobre el programa electoral de Vox: “Como buen partido ultraliberal que se precie, la bajada de impuestos es un punto clave de su programa, a la vez que pretenden impulsar una ‘asistencia sanitaria ágil’ y una ‘educación de calidad’”...

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Uno, que tiene la manía de leer casi todo lo que cae en su mano, no ha podido resistir la tentación de repasar el programa del partido de la ultraderecha que se presentará, juez mediante, encabezado por Macarena Olona, la granadina cuántica, la parlamentaria de Schrodinger.


Así, a primera vista, todo parece normal en un programa que en lo económico debería ser más proteccionista que ultraliberal, dada su naturaleza españolista, pero no es de asunto que extrañe, puesto que estamos acostumbrados a las contradicciones de esta formación, algo que podríamos definir como un continuo voximoron.

En toda la línea política de actuación hay un mantra que se repite hasta la saciedad: la eliminación de todos aquellos organismos que Vox considera superfluos, como la propia autonomía andaluza, un objetivo que dicha formación, a nivel estatal, considera que debe ser derogada, como el resto del estado autonómico. Curiosa manera de derogarla, cuando ya es sabido que se presenta a cualquier elección autonómica y, en cuanto pisa poder, aunque no sea real, no dudan en nombrar asesores de la nada y vicesecretarios de lo que usted mande. Sin embargo, sorprende que Vox, como todos los partidos centralistas, piense en mantener las diputaciones, un cementerio de elefantes y perdedores de elecciones que no encuentran otra puerta con la que girar, una institución que sí que es totalmente prescindible y que articula el territorio de una manera artificial y decimonónica.

Dicen que van a armonizar la legislación nacional en el ámbito industrial y turístico. Me gustaría saber cómo se armoniza legislación a nivel estatal desde una autonomía. De la misma manera que defienden derogar lo que denominan “leyes ideológicas socialistas mantenidas por el Partido Popular”, lo que viene siendo retroceder a tiempos anteriores a los que el consenso político era generalizado. Se me antoja complicado que, desde una institución que se intenta desmontar, se persiga la abolición de leyes de ámbito estatal. Pero cosas más raras se prometen.


Sí, porque se pretende acabar con la entrada de productos de terceros países. Quizás la política europea en materia de libre comercio haya cambiado y no nos hayamos enterado. De la misma manera que no nos hemos enterado de si su relación con la Sra Le Pen ha cambiado, cabeza de un partido que pretendía frenar las importaciones españolas en Francia y a la que les faltó tiempo a la cúpula voxemita para visitar y apoyar en campaña. Una curiosa manera de defender el sector primario andaluz.

Evidentemente, como buen partido ultraliberal que se precie, la bajada de impuestos es un punto clave de su programa, a la vez que pretenden impulsar una “asistencia sanitaria ágil” y una “educación de calidad”. Imagino que pretenderán conseguirlo manteniendo la línea iniciada por el PP de esperar la llegada de jubilados voluntarios y la cada vez mayor implantación de universidades y centros privados, mientras seguimos viendo como aumentan las listas de espera y el ratio de alumnos por aula.

Otra de esas hermosas contradicciones que adornan el programa es la de impulsar el consumo, apoyando la formación y cualificación de los trabajadores. Pues no sé, pero impulsar las subidas del salario mínimo interprofesional, las pensiones o el sueldo de los funcionarios creo que ayudan a incentivar el consumo de los ciudadanos. Pero eso no gustaba a Vox, por razones que se me escapan si no es la defensa del empresario frente al trabajador, y por ello votó siempre en contra.

El resto de sus objetivos, los de siempre. Acabar con la inmigración ilegal y la “creciente inseguridad en nuestros barrios”. No queda claro qué va a pasar cuando no haya manos en el campo, manos que a día de hoy son los que mantienen el sector en unas condiciones infrahumanas. Proteger a la familia, como pilar básico de la sociedad, pero familia de toda la vida. Acabar con todo lo que suene a ecologismo, a cambio climático, a hábitos saludables de consumo, en un alarde de falta de comprensión lectora que les lleva a confundir el consejo con la prohibición, quizás llevados por la costumbre de ser un partido que niega, deroga, prohibe, deniega. Obviamente, hablan de la defensa de nuestras señas de identidad, tradiciones culturales, eventos religiosos y festejos taurinos. Esos sí se han de respetar, pero llamar pobre hombre a D. Blas Infante no entra dentro de esa protección. Como decía el Padre de la Patria Andaluza, tal y como reza nuestro estatuto le pese a quien le pese, “seré despreciado sin ser leído”, una frase visionaria sobre lo que sucede a día de hoy.

Afortunadamente, no he encontrado en el programa ninguna línea referente al independentismo catalán, la defensa del castellano o el uso de las aulas con fines dogmáticos. Será que aún no ha empezado la campaña.

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