“Pese a todo, al final ganamos. Todos. Conseguimos lo que nadie esperaba: ser dueños de nuestro devenir. Y la puerta que Andalucía derribó fue el arranque del Estado de las autonomías que hoy conocemos”

OPINIÓN. Boquerón en vinagre
. Por Francisco Palacios Chaves
Programador informático


16/06/22. Opinión. El programador informático Francisco Palacios escribe en su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com un artículo sobre las elecciones autonómicas andaluzas: “No pienso pedir el voto para nadie. Creo que el andaluz es lo suficientemente maduro para saber qué hace. Lo que si le pido es que vote, que ejerza su derecho sabiendo que sus abuelos lucharon para...

...darle esa oportunidad. Que lo haga en conciencia, mirando hacia delante, imaginando lo que puede llegar a ser, con el recuerdo de lo que fuimos y no queremos volver a cargar en las espaldas”.

Otro 4D, otro 28F

Muchos de los que se acerquen a las urnas el 19J  no  vivieron el 4D o y el 28F, o éramos muy pequeños como para que fuésemos conscientes de lo que realmente significaba aquello. Pero hoy, con la perspectiva de los años, viendo las imágenes de todo un Pueblo unido en la calle tras una bandera, sin que las diferencias políticas, salvo las excepciones de siempre, supusieran un obstáculo, uno se da cuenta de la trascendencia de aquellos días.


Andalucía le torció el brazo a todo un establishment político (con toda su mala bilis), a una maquinaria infinitamente más poderosa, que le gritaba al andaluz que ese no era nuestro referéndum, que no teníamos el mismo derecho que otros. Que lo nuestro era seguir siendo lo que hasta ese día habíamos sido.

Las trampas fueron tantas que no cabrían en este artículo, con censos en los que no estaban los vivos pero dónde sí votaban los muertos. Trampas orquestadas por Suárez, un caso atípico de alguien que convoca unos comicios y le pide al pueblo que no vote.

Pese a todo, al final ganamos. Todos. Conseguimos lo que nadie esperaba: ser dueños de nuestro devenir. Y la puerta que Andalucía derribó fue el arranque del Estado de las Autonomías que hoy conocemos. Mejorable, desde luego. Con errores, seguro. Pero infinitamente mejor que un estado centralizado y anquilosado en una visión jacobina  alejada de las distintas necesidades e inquietudes de cada una de esas piezas que encajan en eso que llamamos España.


Hemos asistido a tres debates que han dejado bien a las claras cuál es el actual panorama político andaluz. Un Partido Popular abrazavacas que vende lo que no es suyo, y que es incapaz de sacarnos de los vagones de cola, cuando no nos hunde más al fondo del tren del Estado. Un socio de gobierno que se pone la casaca verde de Courtois, poniendo el pecho entre los dardos de la oposición y el cuerpo del Presidente. Una ultraderecha atorrijada, gritona, faltando el respeto desde los educadores de Primaria hasta los trabajadores de Canal Sur, tirándose en los brazos del PP y chantajeándolo a la vez, muy preocupada en la educación sexual de los niños pero contraria a la investigación de los casos de pederastia perpetrados por miembros de la Iglesia católica. Una pseudo izquierda socialista adormecida, incapaz de levantar un relato creíble después de tantos años de descrédito, corrupción y adormecimiento de la sociedad civil andaluza. Una coalición que se hace llamar “andalucista” pero que desconoce el hecho de que la soberanía no se mide por el número de banderas o por lo alto que se cante el himno, sino por los kilómetros que la separan de su sede central.

Otra coalición que afirma que su soberanía andaluza es estricta cuando en realidad es impuesta por unas circunstancias que actuaron de forma cainita y maquiavélica en su contra. Y una voz ausente, que ha sido la única que ha puesto pie en pared frente a los intentos de retorcer la legalidad andaluza por parte de la ultraderecha. Ausente pero presente, de estricta soberanía andaluza por elección propia, por convicción, por su propia naturaleza.

Hoy nos enfrentamos a otro 28F, tan importante como aquel del 80, si no más. Derimimos si queremos que nos gobiernen los que vienen a demoler nuestros cimientos, los que vienen a reírse de nosotros, los que exotizan nuestra forma de ser, los que repudian nuestros símbolos, los que nos definen, los que sentimos. Porque un trozo de tela deja de serlo cuando un Pueblo lo siente como suyo, y se convierte en parte de su ser, de su alma. Porque lo que ganamos, primero en la calle y luego en las urnas, lo pagamos con sangre. Un precio que nadie más pagó.

No pienso pedir el voto para nadie. Creo que el andaluz es lo suficientemente maduro para saber qué hace. Lo que si le pido es que vote, que ejerza su derecho sabiendo que sus abuelos lucharon para darle esa oportunidad. Que lo haga en conciencia, mirando hacia delante, imaginando lo que puede llegar a ser, con el recuerdo de lo que fuimos y no queremos volver a cargar en las espaldas.

Andaluz, éste y todos los venideros, son tu referéndum.

Viva Andalucía Libre

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