“El Tribunal Supremo americano ha decidido revocar y convertir en papel mojado la histórica decisión de 1973 que sostenía que el aborto estaba implícito en la cláusula que consagra la libertad en la vida privada”

OPINIÓN. Boquerón en vinagre
. Por Francisco Palacios Chaves
Programador informático


30/06/22. Opinión. El programador informático Francisco Palacios escribe en su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com un artículo sobre el mundo distópico que se nos está quedando: “Esa es una característica universal de los provida: preocuparse de los no natos, pero no de los nacidos. Sobre todo si son oscuros de piel. Que esos son delincuentes en potencia, cuando no...

...representan ya un peligro para la sociedad”.

Bendito sea el fruto

Me gustan las series de televisión, sobre todo las que se basan en distopías, esas que uno cree más lejanas que las utopías felices de coches voladores y robots que hacen todo el trabajo, mientras que el resto de la Humanidad se dedica a la nunca suficientemente bien ponderada tarea de no hacer nada. Una de mis preferidas es “El Cuento de la Criada”, un alegato salvaje contra el machismo y el papel servil de la mujer dentro de la sociedad.


Lo que da miedo es cuando esa fantasía distópica va teniendo visas de hacerse cada día más real, más cercana y tangible. Lo que se está viviendo estos días en lo que se supone que es la primera potencia mundial es para que nos paremos a pensar si ese liderazgo, que ya se tambalea en lo económico, se está quedando hecho trizas en lo social.

El Tribunal Supremo americano ha decidido revocar y convertir en papel mojado la histórica decisión de 1973 que sostenía que el aborto estaba implícito en la cláusula que consagra la libertad en la vida privada. Su derogación no ilegaliza el aborto, pero deja en manos de cada estado la decisión de regularlo como quiera. Una decisión que deja, muy a las claras, que la herencia de Trump es una manzana envenenada que emponzoña las instituciones americanas, alejadas de la opinión mayoritaria de una sociedad que, en un 85%, apoya el derecho de la mujer a abortar.

Un derecho, no una obligación. Como no lo es el divorcio, la eutanasia o el matrimonio homosexual. Un derecho que, a partir de ahora, va a desaparecer. Pero no para todas. Porque las mujeres adineradas podrán viajar a los estados en los que siga permitida su práctica, podrán costearse el precio de la intervención en un hospital privado, y volver a casa. Algo que el resto no tendrá posibilidad de hacer, y que las abocará a sórdidas habitaciones, sucedáneos de médicos y perchas como único material quirúrgico. Lo más cercano a jugarse la vida por el simple hecho de ser pobres. A partir de ahora, saldrá más barato violar a una mujer en Alabama, condenado con seis meses de cárcel, que abortar el fruto de dicha violación, que puede ser penado hasta con cadena perpetua. El aborto será ilegal en 23 estados, pero el matrimonio infantil es legal en 44. Si eso no es violencia contra la mujer, no sé que puede serlo.

Como hombre lo tengo claro: si nosotros diéramos a luz, el aborto estaría recogido en la mayor parte de los países, protegido y amparado por el Estado. No habría grupitos provida acechando a los jóvenes a la entrada de las clínicas abortivas. No habría discusiones al respecto, y sería una de esos derechos en los que coinciden todas las opciones políticas. Por no hablar del IVA en los productos de higiene íntima, de las bajas por paternidad, o la nula discriminación laboral que sufrirían los hombres que manifestaran su deseo de ser padres.

El reflejo ibérico de la distopía americana lo tenemos en Castilla y León, donde su vicepresidente García Gallardo, ha dejado de rozar el ridículo para lanzarse sobre él como si fuera una piscina de bolas. El vice sin cartera afirma que “detrás de la crisis demográfica está el sexo por placer, el que no tiene un fin reproductivo”. Así, sin anestesia ni nada. Si no fuera porque lo dice en serio, tendría su gracia.


Este señor está preocupado no ya sólo por quién te llevas a la cama, sino incluso para qué. De los bosques y de que se recorte en las dotaciones que cuiden de ellos durante el invierno, no tanto. Porque esa es una característica universal de los provida: preocuparse de los no natos, pero no de los nacidos. Sobre todo si son oscuros de piel. Que esos son delincuentes en potencia, cuando no representan ya un peligro para la sociedad. Imagino que su lectura de la Biblia se quedó en lo de “Creced y multiplicaos” y no llegó al Cantar de los Cantares. Léalo con cuidado, o puede darle una embolia.

Sus afirmaciones sobre el sexo recreativo no destinado para la procreación han sembrado en mí una serie de dudas que me gustaría que me las aclarara. Por poder dormir tranquilo por las noches. Por ejemplo, la masturbación, ¿es un genocidio? ¿Representa el sexo oral un acto de canibalismo? Los anticonceptivos, ¿son armas de destrucción masiva? ¿Debería estar penada de alguna manera la esterilidad? La gestación subrogada, ¿ha de serlo forma extensiva o intensiva? ¿Los espermatozoides más lentos deberían ser recogidos para optar a una repesca?

Yo, si fuera tú, no compraría preservativos en una farmacia castellano-leonesa. Lo mismo crean la Oficina de Perforadores del Látex, ponen de director a Toni Cantó y te dan un disgusto. Bendito sea el fruto.

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