“Creía que el alcalde era la persona que tenía que poner todo su esfuerzo en buscar soluciones al alza de los alquileres, en construir la suficiente vivienda de protección oficial para acoger a todos aquellos bolsillos que no llegan a las majestuosas torres o a los paradisiacos lofts orientados al mar. Pues no. Su labor es la de echar las culpas a otros. Para eso tampoco hace falta demasiada formación, sr. Alcalde”

OPINIÓN. Boquerón en vinagre
. Por Francisco Palacios Chaves
Programador informático


07/07/22. Opinión. El programador informático Francisco Palacios escribe en su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com un artículo sobre el problema de la vivienda en Málaga: “Si a ello le añadimos que de las más de 14.000 plazas turísticas hemos pasado a más de 50.000, mayoritariamente plazas de alquiler turístico, pues ya me dirán ustedes qué puede hacer el malagueño...

...de a pie. Una ciudad en la que más de un 20% de su población vive en situación de vulnerabilidad social, con una renta familiar que supone el 80% de la media del Estado”.

Ciudad del Paraíso

Es una realidad palpable. Málaga está de moda, no solo para esas pandas de lerdos que vienen a emborracharse, disfrazarse de mamarrachos y a liarla parda porque en su casa no pueden o no les dejan. La ciudad crece como las setas, y su población aumenta día a día, atraída por un clima envidiable y una situación geográfica única. El aumento del teletrabajo por parte de las tecnológicas está provocando que gran parte de esos trabajadores decidan moverse a nuestra ciudad, y esa afluencia de nuevos ciudadanos altamente formados atrae a empresas punteras de todo el globo. Hasta ahí, perfecto. Ni un pero.


Los peros vienen ahora. La demanda de vivienda no para de crecer, lo que provoca una subida sin freno del precio de la vivienda, ya sea en propiedad o en alquiler. Quizás, los recién llegados de todo el orbe tienen un poder adquisitivo que les permite optar sin mucho problema a la oferta inmobiliaria que se les ofrece. Pero el malagueño medio, el joven que se quiere independizar, el que necesita más habitaciones porque su familia crece, no llega ni a optar a ellas. Es el mercado, amigos.

Según la Agencia Tributaria, el salario medio del malagueño es de 16.000 euros al año, y con eso es imposible, de todas todas, acceder a un alquiler en solitario o meterse en una hipoteca. Sobre todo cuando compites con gente que cobra el doble, como mínimo. Si a ello le añadimos que de las más de 14.000 plazas turísticas hemos pasado a más de 50.000, mayoritariamente plazas de alquiler turístico, pues ya me dirán ustedes qué puede hacer el malagueño de a pie. Una ciudad en la que más de un 20% de su población vive en situación de vulnerabilidad social, con una renta familiar que supone el 80% de la media del Estado.


Por si faltara, el alcalde le echa la culpa de esta situación a la falta de preparación de los malagueños, que tenemos un nivel de cualificación insuficiente. Pues a ver si nos aclaramos, porque no termino de pillarlo. Seguimos apostando por la hostelería, por la construcción, y en función de esa apuesta, tenemos trabajadores que no han necesitado formarse en nuevas tecnologías. No se requerían ingenieros. No se necesitaban programadores, desarrolladores, sino camareros y albañiles. Y esa apuesta no cae del cielo, es consecuencia del modelo de ciudad que nos está moldeando desde hace años. No es cosa del azar. Ahora, esos cementos y esas bandejas traen estos lodos.

Yo pensaba que el Ayuntamiento, con el alcalde a la cabeza, era justamente la persona que debía velar por los malagueños, por todos, por los que tenemos la suerte de trabajar en empresas tecnológicas y los que no, los que hemos podido meternos en una hipoteca y los que no. Creía que era la persona que tenía que poner todo su esfuerzo en buscar soluciones al alza de los alquileres, en construir la suficiente vivienda de protección oficial para acoger a todos aquellos bolsillos que no llegan a las majestuosas torres o a los paradisiacos lofts orientados al mar. Pues no. Su labor es la de echar las culpas a otros. Para eso tampoco hace falta demasiada formación, sr. Alcalde. Eso lo sabe hacer cualquiera.

Dicen que Málaga es la Ciudad del Paraiso. Para el que llega de fuera, desde luego. Pero para los malagueños se está convirtiendo en el ensayo de un  Infierno de precios disparatados y tontopollas sin camiseta.

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