“Los datos de la Agencia Tributaria dicen que el año pasado pagaron dicho impuesto (Patrimonio) algo menos de 18.000 andaluces, por un importe de alrededor de 110 millones de euros, a unos 6.100 euros por cabeza de media”

OPINIÓN. Boquerón en vinagre. Por Francisco Palacios Chaves
Programador informático


22/09/22. Opinión. El programador informático Francisco Palacios escribe en su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com un artículo sobre el impuesto sobre el Patrimonio: “Obviamente, toda la derecha, la cobarde, la que madruga y la que se empadrona en cada hospedería del Camino de Santiago, aplaude hasta con las orejas la medida. Porque es evidente que, al bajar...

...el impuesto, atraeremos a nuevas fortunas, extranjeras o de otras comunidades, que vendrán para invertir, crearán empleo, generarán riqueza, etc. Algo que todavía no se ha visto ni comprobado en ningún sitio”.

No pagarán

Albricias. Juanma Moreno prosigue en su cruzada contra esos impuestos que todos los andaluces sufrimos como una pesada cruz sobre nuestras espaldas. Una vez más, el adalid de la igualdad, el héroe de la reducción de las diferencias sociales, la estrella rutilante que alumbra la noche de todos nosotros, lo ha vuelto a hacer.


Su nueva víctima, el impuesto sobre el Patrimonio, ese canon que asfixia a millones de casas que no saben como poder abonarlo. Me imagino la desazón de cualquiera de nosotros que, con un patrimonio superior a 700.000 euros, nos tocaría pagar a tocateja; eso sin contar los 300.000 euros de exención por vivienda habitual, cifra que se le queda atrás a cualquiera de nosotros por su atiquito, loft o adosado. Porque para cantidades menores, ya estábamos exentos. Pero bueno, eso serán 3 o 4 tiesos; el resto nadamos en la abundancia, tenemos la casita de la playa, la de la sierra para el invierno, atamos los perros con billetes de 100 euros, no apagamos las luces en todo el día y hemos comprado sandías este verano por palets. Con un par.

Los datos de la Agencia Tributaria dicen que el año pasado pagaron dicho impuesto algo menos de 18.000 andaluces, por un importe de alrededor de 110 millones de euros, a unos 6.100 euros por cabeza de media. Que para el presidente de la Junta y su gobierno son el chocolate del loro. Yo hay meses que casi no los gano.

Pero, obviamente, uno piensa que, a lo mejor, podrían servir para subir la ratio de enfermeras y enfermeros, de las más bajas del Estado y muy por debajo de la media del resto de países de la UE. Para disminuir la media de alumnos por aula. O para seguir apoyando a la tauromaquia, que 4 millones de euros me parecen pocos. Con la de trajes de luces que se podrían confeccionar con ese dinerito del impuesto para luego repartirlos en los institutos de Secundaria, para las prácticas de 1º de Novillero-Picador-Banderillero.


Obviamente, toda la derecha, la cobarde, la que madruga y la que se empadrona en cada hospedería del Camino de Santiago, aplaude hasta con las orejas la medida. Porque es evidente que, al bajar el impuesto, atraeremos a nuevas fortunas, extranjeras o de otras comunidades, que vendrán para invertir, crearán empleo, generarán riqueza, etc. Algo que todavía no se ha visto ni comprobado en ningún sitio. De hecho, como no se paga el impuesto, esas grandes fortunas no necesitan mover el capital para generar beneficios; les basta con invertir en vivienda y vivir de las rentas para sacarle rentabilidad. Pero oye, el mundo es de los que se arriesgan, soplando y soplando de nuevo la burbuja inmobiliaria. Se nos va a poner el PIB a la misma altura que el colesterol.

Son los mismos que piden que los inculpados del caso de los EREs devuelvan hasta el último euro defraudado, con lo cual estoy francamente de acuerdo. Que cada mangante de este país devuelva hasta el último céntimo robado, defraudado o evadido a un paraíso fiscal, ya tenga la sangre roja, azul o amarilla con pintas. Que cada ministro, alcalde, concejal, pariente de cargo público, banco, caja de ahorro, cargo local, autonómico o estatal, partido político con caja B, C o D, se dirija a la delegación de Hacienda más cercana con su volquete y deposite allí cada euro expoliado, perdido en comisiones o extraviado, y de vuelta se pase casa por casa, pegue a cada puerta y pidan perdón por los errores y delitos cometidos.

Fue bonito mientras lo pensé. Pero todos sabemos lo que va a pasar. No pagarán. Como los 18000 sufridos padres de familia que abonaron por última vez el impuesto sobre el Patrimonio. Se admiten donaciones para resarcirlos; por supuesto, están exentas de impuestos.

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