Esta exaltación de la pobreza no es más que el maquillaje que necesita el capitalismo salvaje para poder dormir tranquilo todas las noches sin remordimientos

OPINIÓN. Boquerón en vinagre. Por Francisco Palacios Chaves
Programador informático


05/10/23. Opinión. El programador informático Francisco Palacios escribe en su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre el caso de Nano, al que el dueño de Famadesa ha regalado un coche: “Un tipo que es capaz de echarse a la espalda la responsabilidad de tirar de una familia y de llevar un plato de comida caliente a su casa. Pero que el brillo de su actitud ante la vida...

...no nos oculte la oscuridad de su situación. Que alguien tenga que trabajar en dos lugares distintos para poder tener un sueldo decente no es algo nada encomiable”.

Plácido

Si hay un director que haya sabido diseccionar las miserias de la sociedad con la pericia de un cirujano cardiovascular, ha sido Luis García Berlanga. Nadie como él supo sacar las vergüenzas y los colores de una España en blanco y negro o en color, de beatas y mangantes. Si Don Luis viviera aún entre nosotros, no le daría la vida para sacar película tras otra, y vería como sus personajes no han perdido ni un ápice de vigencia, a pesar de los años transcurridos. Seguro que reconocería en Nano a ese Plácido de motocarro y letras sin pagar.


Nano es un tío magnífico, un joven que debería servir de ejemplo a esa generación de cristal, con ínfulas de influencers y ni oficio ni beneficio. Un tipo que es capaz de echarse a la espalda la responsabilidad de tirar de una familia y de llevar un plato de comida caliente a su casa. Pero que el brillo de su actitud ante la vida no nos oculte la oscuridad de su situación. Que alguien tenga que trabajar en dos lugares distintos para poder tener un sueldo decente no es algo nada encomiable. Que tenga que dormir cuatro ratos para atender a dos trabajos no es nada deseable por cualquiera.


Como suele suceder en estos casos, lo de “Ponga un pobre en su mesa” sale a relucir. Saltan como liebres los que entienden la caridad como una oportunidad de promoción, cuando debe ser, en caso de ser necesaria, anónima. En caso contrario, la ayuda al necesitado se convierte en una campaña de autobombo, que elimina por completo cualquier rasgo de virtud. Además, en muchos casos, esas dádivas que se dejan caer magnanimamente sobre “esos necesitados”, suele recaer donde no hace falta, donde no se está preparado para acogerla, sin contar con los que sí conocen el tema.

Que está muy bien que le hayan regalado un coche, desde luego. Pero no es lo que necesita. Lo ideal sería que quien trabajara fuese su madre, con un sueldo digno que le permitiera trabajar para vivir, y no vivir para trabajar. Un sueldo que hiciera posible que Nano terminara sus estudios, que es lo que le toca a su edad, que ya tendrá tiempo de trabajar.

Esta exaltación de la pobreza no es más que el maquillaje que necesita el capitalismo salvaje para poder dormir tranquilo todas las noches sin remordimientos. No es otra cosa que beaterio en color poniendo un pobre en su mesa porque es Navidad, pero sin importarle si come el resto del año. Es la hipocresía de casar al vagabundo para que no muera en pecado de concupiscencia.

Ay, si Don Luis viviera…

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