“Lo que no se gana en las urnas, lo que no se consigue en el Parlamento, se traslada a la calle, en un pulso continuo que atrae cada vez a menos asistentes. Entienden que las elecciones mienten”

OPINIÓN. Boquerón en vinagre. Por Francisco Palacios Chaves
Programador informático


13/10/23. Opinión. El programador informático Francisco Palacios escribe en su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre las últimas elecciones generales: “Una investidura ha de servir para presentar un programa, para mostrar al país un proyecto, un camino a seguir durante la legislatura. Pues no. Pasamos media semana escuchando los reproches del “ganador” de las elecciones,...

...reproches que repartió entre todos los grupos políticos, a excepción de navarros, canarios y, por supuesto, su pareja preferida de baile, su cuña de la misma madera, el más firme obstáculo para que el habitante de Genova 13 llegue a la Moncloa”.

La exaltación de la derrota

Si hay algo que ha quedado demostrado con el paso de los años es que la derecha nunca pierde. Nunca. Jamás. Ni aunque lo digan las cifras, ni que los datos sean irrefutables. Sea como sea, la derecha siempre gana.


Ya vimos lo sucedido después de las últimas elecciones generales. Nos podrían sangrar los oídos de la ingente cantidad de veces que se habló del ganador de las elecciones, de la lista más votada y de ese derecho divino que tenía Feijóo para ir a una investidura. Un proceso que, tal y como veía cualquiera que tuviera más neuronas que una esponja, iba a acabar en fiasco, en primera y segunda votación.

Pero, a pesar de todo, lo hicieron por España. O al menos eso dijeron. Eso no se lo cree ni el que asó la manteca. Era evidente la intención de la bancada conservadora de que dicha investidura se convirtiera en una moción de censura al gobierno en funciones, lo que viene a ser un fraude a la confianza dada por el monarca al Presidente del PP. Una investidura ha de servir para presentar un programa, para mostrar al país un proyecto, un camino a seguir durante la legislatura. Pues no. Pasamos media semana escuchando los reproches del “ganador” de las elecciones, reproches que repartió entre todos los grupos políticos, a excepción de navarros, canarios y, por supuesto, su pareja preferida de baile, su cuña de la misma madera, el más firme obstáculo para que el habitante de Genova 13 llegue a la Moncloa. Media semana de bramidos, pataleos y aplausos hasta con las orejas por parte de la bancada diestra.


No contentos con eso, siguiendo los sabios consejos del presidente de la FAES, convocaron una manifestación en Madrid, a la que acudieron autobuses de toda España, con resultado discutido, según a quien se escuche. Por si fuera poco, no les pareció suficiente, y el pasado domingo acudieron a la manifestación organizada por Sociedad Civil Catalana, con el mismo resultado de crítica y público.

Lo que no se gana en las urnas, lo que no se consigue en el Parlamento, se traslada a la calle, en un pulso continuo que atrae cada vez a menos asistentes. Entienden que las elecciones mienten, que el votante de izquierdas es un ser abyecto, sin personalidad, comprado con cuatro perras, y que el verdadero pulso de la opinión pública está en la calle, un pulso cada vez más débil y tenue.

Esa exaltación de la derrota, ese tono heroico del que ha perdido pero tiene a todos en contra, no es más que una mascarada para contentar a sus propias filas, para mantener una paz ficticia y de cara a la galería, que contenga las ansias e ínfulas de alguna baronía por llegar más alto. Unas filas que hoy aplauden con rabia y que mañana empuñan el puñal que te devuelve al paro. O a Galicia.

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