“Uno siempre debe tomar parte en cualquier tipo de conflicto, porque la equidistancia solo genera injusticia y parcialidad. Y en estos casos, se sabe que se está en el lado correcto, viendo a los que se tiene enfrente”

OPINIÓN. Boquerón en vinagre. Por Francisco Palacios Chaves
Programador informático


19/10/23. Opinión. El programador informático Francisco Palacios escribe en su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre el conflicto entre Israel y Palestina: “Porque si tu instinto genocida sólo se ve saciado cuando has aniquilado a un pueblo hasta reducirlo a un mero recuerdo, eres un nazi. Si adulteras la realidad para doblarla a tu antojo, de manera que puedas esconder tus crímenes...

...y culpar a otros por ellos, si crees que una mezquita, un hospital o su parking son un nido de terroristas, y que miles de niños muertos no son más que víctimas colaterales, eres un nazi”.

Cosas de nazis

Los nazis ya no son lo que eran. Son más ladinos, andan bien escondidos entre nosotros, asimilan nuestras costumbres tomándolas como propias, y se alejan del prototipo que tenemos anclado en nuestra memoria colectiva.

No son rubios como las candelas ni tienen ojos azules. No van vestidos con oscuros uniformes firmados por Hugo Boss, ni llevan esvásticas en su brazo, aunque los haya que se la han grabado en la piel, para que no quede duda. Pero esos no son nazis, sino mero fuego de artificio.

Hoy día, para detectar a un nazi sólo es suficiente pegar bien el oído y prestar atención a las letras. Porque si tu instinto genocida sólo se ve saciado cuando has aniquilado a un pueblo hasta reducirlo a un mero recuerdo, eres un nazi. Si adulteras la realidad para doblarla a tu antojo, de manera que puedas esconder tus crímenes y culpar a otros por ellos, si crees que una mezquita, un hospital o su parking son un nido de terroristas, y que miles de niños muertos no son más que víctimas colaterales, eres un nazi.


Todos esos que rechinaban sus dientes, exigiendo hasta la extenuación una condena por los viles asesinatos de Hamás, son incapaces de condenar el asesinato indiscriminado de una población civil encerrada en una cárcel a cielo abierto, sin agua ni corriente eléctrica. Aunque, pensándolo bien, si son capaces de dejar sin electricidad a las personas que se hacinan en la Cañada Real, incluyendo a niños, cualquier cosa es posible.

No hay condena por parte de la comunidad internacional de los crímenes de guerra que se llevan sucediendo en la franja de Gaza desde hace décadas. Nadie reclama el cumplimiento de las resoluciones de la ONU, salvo aquellos que son tachados de amigos de terroristas por exigir que no se asesine a niños. Qué atrevimiento, qué osadía.

Para colmo, los adalides de la post verdad comienzan a sembrar la duda con medias verdades y falsedades completas, como la del bombardeo de un hospital, causando la muerte de más de 500 personas. Un hospital, además, cristiano. Lo que demuestra que la cuestión religiosa no es más que una falacia. La cuestión es la ocupación del territorio palestino, sea como sea y al coste que sea.

Llega a ser gracioso, maldita la gracia, que cargos del Partido Popular apoyen firmemente cualquier información que parte del gobierno israelí, informaciones que contradicen la lógica más aplastante. Pero claro, qué se puede esperar de un partido que intentó engañar a millones de españoles, adjudicando la autoría del mayor atentado de nuestra historia a ETA, a sabiendas de que las pruebas, desde un principio, apuntaban a lo contrario, cuando las agencias de media Europa ya anunciaban la verdad que el gobierno intentaba ocultar de cualquier manera, para sacar un rédito electoral.

También están por ahí los que critican que desde organizaciones LGTBI critican el ataque israelí y apoyan la causa palestina, aduciendo que su condición sexual sería perseguida y denunciada en esos territorios. Al parecer, ahora, para poder criticar el asesinato de niños y mujeres, el bombardeo de hospitales y el genocidio de un pueblo, uno debe ser hetero, y a ser posible blanco y hombre.

Uno siempre debe tomar parte en cualquier tipo de conflicto, porque la equidistancia solo genera injusticia y parcialidad. Y en estos casos, se sabe que se está en el lado correcto, viendo a los que se tiene enfrente.

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