“Reivindican un buen número de medidas, que en un principio pudiesen parecer justas, pero que están bañadas de un sinfín de contradicciones, sobre todo teniendo en cuenta quién está detrás de ellas”

OPINIÓN. Boquerón en vinagre. Por Francisco Palacios Chaves
Programador informático


15/02/24. Opinión. El programador informático Francisco Palacios escribe en su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre la huelga de agricultores: "El villano por excelencia es la Agenda 2030, que, o por ignorancia o por cuñadismo, ponen en el haber de la UE, cuando fue aprobada por la ONU y subscrita por el Estado español bajo la presidencia de, qué me estás contando,...

...Mariano Rajoy. En esos arrebatos de alergia a la lectura, se les debe haber pasado que la tan manida Agenda tiene, entre sus metas, duplicar la productividad para 2030 de los pequeños agricultores familiares, pastores y pescadores, asegurar la sostenibilidad de los sistemas de producción de los alimentos, aplicando prácticas que aumenten la productividad y aprovechen de manera eficiente los recursos hídricos”.

Lo de los tractores

El derecho a huelga es uno de los más importantes, si no el que más, que tiene un trabajador para defender sus derechos frente a los que juegan con su pan. Sin él, ninguna de las ventajas de las que disfrutamos los trabajadores a día de hoy sería posible. La sangre de mucha gente ha sido el cheque que ha pagado que tengamos una jornada laboral de 8 horas, sueldos dignos, vacaciones y que no veamos a niños de 8 años apretando tormillos en una fábrica.  Como todos los derechos, son susceptibles de ser mal usados, aprovechados y utilizados con intenciones que poco o nada tienen que ver con su razón de ser.


Ahí tenemos a los agricultores, taponando con sus flamantes tractores las arterias de este país. Reivindican un buen número de medidas, que en un principio pudiesen parecer justas, pero que están bañadas de un sinfín de contradicciones, sobre todo teniendo en cuenta quién está detrás de ellas.

Ponen el grito en el cielo ante la competencia desleal que se hace desde países extracomunitarios a la producción agrícola nacional Cierto es, pues en esos países, la normativa en cuestiones de pesticidas y demás es mucho más laxa, por no decir inexistente. Pero pensemos un poco en por qué se tiran a la calzada tomates de Marruecos cuando son agricultores españoles los dueños de esas fincas al otro lado del Estrecho. Quizás la agitación de las banderas pueda esconder durante un tiempo esa doble cara de empresarios patriotas que protestan aquí y se lo llevan calentito allí. Otro día más en la oficina. Por cierto, aunque les pueda parecer contradictorio, que lo es, quienes se oponen sistemáticamente a la cancelación de los acuerdos de libre comercio es, oh sorpresa, la derecha. Acompañada del PSOE, que tampoco es que sean unos lumbreras.

Como no, el enemigo estrella, el villano por excelencia, es la Agenda 2030, que, o por ignorancia o por cuñadismo, ponen en el haber de la UE, cuando fue aprobada por la ONU y subscrita por el Estado español bajo la presidencia de, qué me estás contando, Mariano Rajoy. En esos arrebatos de alergia a la lectura, se les debe haber pasado que la tan manida Agenda tiene, entre sus metas, duplicar la productividad para 2030 de los pequeños agricultores familiares, pastores y pescadores, asegurar la sostenibilidad de los sistemas de producción de los alimentos, aplicando prácticas que aumenten la productividad y aprovechen de manera eficiente los recursos hídricos. También está el aumento de las inversiones en infraestructuras rurales, investigación y desarrollo tecnológico, corregir las distorsiones comerciales entre los mercados mundiales, eliminando las subvenciones, o la reducción del uso de pesticidas y plaguicidas, a fin de minimizar riesgos para la salud y el medio ambiente. Vamos, un atentado contra la agricultura, al parecer.


Se habla mucho de la diferencia abismal entre el precio del producto en origen y en el supermercado. Curiosamente, vuelve a plantearse una contradicción cuando los partidos que votaron en contra de prohibir la venta a pérdidas fueron, de nuevo, PP y VOX, especialistas en el casi imposible arte de soplar y sorber a la vez. Esta regulación ha traído consigo la imposición de multas a grandes cadenas y supermercados por incumplir dicha obligación. Sin embargo, salvo escasas y honrosas excepciones, la presión de los manifestantes no se ha volcado sobre quienes exprimen al agricultor, rebajando todo lo que pueden el precio en origen de los productos agrícolas para luego subirlos sin ningún pudor y volver a exprimir, pero esta vez al sufrido cliente. Claro, los ejemplares patriotas lloran hablando de sus costes, que si la energía, el petróleo, cuando, gracias a la excepción ibérica, esos costes han bajado. ¿Hace falta que les recuerde quiénes se oponen a esa excepción en los precios de la energía? No, ¿verdad?

Todo esto, además del perfil del manifestante medio, con sus homenajes a la cría aviar, además de las vinculaciones de los organizadores con partidos de extrema derecha, nos hace ver muy a las claras que todo esto no es más que un nuevo y vano intento de desestabilizar la política nacional, a remolque de las movilizaciones agrarias en el resto de Europa.

A la extrema derecha le importa muy poco el campo, o los trabajadores. Unos trabajadores que, como en numerosas ocasiones se ha comprobado, lo hacen en condiciones precarias y cercanas a la esclavitud. Si no, ¿por qué pone el grito en el cielo la patronal agraria cuando se anuncia que van a intensificarse las inspecciones laborales en sus empresas? ¿De qué hay miedo?  Aquí, lo único que importa es azuzar el avispero, adueñarse del voto rural para obtener más representación y, de paso, aumentar la presión sobre el PP, una presión que no es más que una burda pantomima, una pelea como las de Juanito Valderrama y Dolores Abril, unos Pimpinelas que bajo las cámaras se llevan como el perro y el gato, pero cuando se apagan las luces y se cierran las puestas, se aman, se quieren y se necesitan, puesto que no son más que las dos caras de una misma moneda.

Qué pena que no hayan llegado a Ferraz, con lo bonito que habría quedado un Rosario sobre un tractor.

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