“Hay libros cisne, como hay libros tigre, libros gato, libros perro, incluso libros loro o libros burro. Hay libros que se escapan y se ocultan, libros de los que es mejor no hablar demasiado, libros íntimos, extraños, anormales, desconfiados e infieles. Libros que saben que viven en un mundo hostil. Libros que pueden ser débiles, libros perdidos, libros locos, libros solos” [Fragmento de la solapilla. Sanmao, Diarios del Sáhara, :Rata_, Barcelona, 2016, 472 pp. Traducción de Irene Tor Carroggio con la colaboración de Zang Jiechao]

OPINIÓN. El lector vago. Por 
Miguel A. Moreta-Lara
Escritor a veces

13/05/20. 
Opinión. El escritor Miguel A. Moreta nos habla en su colaboración con EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre la escritora y políglota Sanmao y su libro Diarios del Sáhara: “La errancia, la ingenuidad y el amor son tres notas que suenan siempre en la música que toca en estos Diarios Sanmao, una escritora que pertenece a la raza de la gente enganchada al amor...

...del desierto”.

Diarios del Sáhara

Maoping Chen o Sanmao (Chongqing 1943, Taipéi 1991) era una empedernida políglota que se desenvolvía en nueve idiomas: español, japonés, inglés, alemán y cinco variedades del chino (taiwanés, mandarín, sichuanés, más los dialectos de Shanghai y Ningbo). En estos Diarios recoge una serie de colaboraciones que inició en el periódico de su país United Daily News en 1974, cuando llegó al Aaiún (“triste, fea y muy cara”, escribió), la capital del Sáhara español, acompañada del joven José María Quero (1951-1979), “un andaluz de Jaén, fuerte y robusto como un olivo”, con el que contrajo matrimonio enseguida. Sanmao dijo -o escribió- en alguna ocasión que los cinco años transcurridos entre la llegada al Sáhara y la muerte de su marido en un accidente de submarinismo, en el mar de la isla canaria de La Palma, fueron los más felices de su vida. Nunca llegó a recuperarse del todo de esa pérdida y murió por propia mano antes de cumplir los cincuenta en un hospital de Taipéi.


La errancia, la ingenuidad y el amor son tres notas que suenan siempre en la música que toca en estos Diarios Sanmao, una escritora que pertenece a la raza de la gente enganchada al amor del desierto.


Quienes han vivido en el desierto tienden indefectiblemente, alimentados por la nostalgia, a la visión paradisíaca, incluso al exotismo. De hecho, Sanmao confiesa haber sentido un deseo incontenible desde muy joven por conocer el desierto y viajar por él. Pero siempre está abierta al paisanaje y sus ojos de extranjera se percatan de la dura realidad como nadie:

¿Pero es que esa ciudad en que vivíamos daba pena! Solo había un cine sucio y descuidado, ¡y en las calles no había ni un alma! Los periódicos y las revistas que nos llegaban eran siempre antiguos. De media podíamos ver la televisión dos o tres veces al mes, y la señal era tan mala que las personas parecían fantasmas. De hecho, yo no me atrevía a verla si estaba sola en casa. Los cortes de luz y agua eran habituales, y si quería ir a dar una vuelta tenía que enfrentarme a las tormentas de arena. Los saharauis eran los únicos en el desierto que se sentían como peces en el agua, pues para el resto de los mortales la vida allí era un auténtico infierno. Los europeos ahogaban las penas en alcohol; los matrimonios se peleaban hasta llegar a las manos; los solteros acababan suicidándose… Nosotros éramos los únicos que parecíamos entender el significado del arte de vivir e íbamos tirando pese a las adversidades [p. 294].

La sensibilidad y empatía de Sanmao por los más desvalidos, por las mujeres, por los niños, por los esclavos (sí, todavía los había en 1975 en esas tierras) completan un impagable retrato físico, humano y moral del territorio. En la escritura de esta autora se ensambla el reportaje periodístico de la vida diaria con la expresión de su cultura oriental, con delicados toques budistas y cristianos: no olvida nunca el público para el que escribe, por lo que alusiones, dichos y comparaciones de la filosofía y la literatura chinas no escasean, lo que hace el texto aún más atractivo.

El humor es otra de las armas de Sanmao y los toques novelísticos de misterio y suspense también endulzan muchos párrafos. En su vida diaria, un sentido innato de la elegancia y de la justicia dirige su actuación en las relaciones con las mujeres y con sus vecinos saharauis: es una persona de una sinceridad desconcertante.

En uno de los mejores y más comprometidos capítulos, “El llanto de los camellos”, da cuenta de algunos elementos de la tragedia del pueblo saharaui en los días de la Marcha Verde y el abandono del territorio por parte de España. Hay pocos villanos en este relato, algunos héroes y muchas víctimas. La utilización del símbolo del camello en este pasaje me recordó (además del sueño de la agente Clarice Starling en “El silencio de los corderos”) un texto desgarrador, que quizá tuvo en la mente Sanmao, sobre los camellos llevados al matadero que recoge Elías Canetti en su espléndido Las voces de Marrakesh. Al final, escribe Sanmao:

Solo escuchaba los quejidos de los camellos que llegaban desde el matadero. Cada vez se oían más y cada vez más fuerte. El ambiente se fue llenando poco a poco del eco descomunal del llanto de los camellos, que me envolvió como si fuera un trueno [p. 447].

Antes de acabar me permitiré dos comentarios extraliterarios y una recomendación.


Las profusas confesiones de amor hacia la autora por parte de su hermano, la editora y la traductora inundan el paratexto de este libro, llegando a abrumar al lector no avezado a la expresión sentimental. Otros aspectos y circunstancias de acercamiento al texto son a veces redundantes, de tal manera que el prólogo y el epílogo parecen competir en contar lo mismo. En todo caso, cualquier autor daría un ojo de la cara por que una editorial le tratara con tanto cariño como el que la editorial :Rata_ ha dispensado a este libro de Sanmao. Todo ello viene justificado quizá por la dificultad de escapar a la fascinación que proyecta la sombra de Sanmao, una auténtica leyenda de la literatura taiwanesa del siglo XX.

Además de la página de los créditos (invaluable), el libro aporta: un par de croquis; un prólogo de Gabi Martínez; una nota editorial; una breve carta desde Taiwán de Sanmao, que fue el prólogo a la cuarta edición de los Diarios en 1976; los veinte textos de los Diarios del Sahara; ocho páginas de fotos; un epílogo titulado “El pasado, el presente y el futuro” de Yufen Tai, especialista en Sanmao; dos páginas con los CV de Yufen Tai y de la traductora Irene Tor Carroggio; otro epílogo titulado “Acerca de mi hermana Sanmao” de Henry Chen; una “Carta a Sanmao: Me hubiera gustado conocerte” de la editora Iolanda Batallé; el índice; una página con un consejo para viajeros por Taipéi (invaluable también); un poema de Sanmao (“¡Mundo! Cuando llegué a tu orilla te era una desconocida, cuando empecé a vivir en tu casa era una invitada, cuando me vaya seré tu amiga”). Y todavía quedan las carátulas y las solapillas con más mensajes y secretos que no desvelaremos, pero lo que sí está claro es que la editorial :Rata_ se lo ha currado a tope. Enhorabuena.

Y la recomendación, al improbable lector de esta reseña, es un par de estupendos documentales dirigidos por la cineasta española Susi Alvarado sobre los dos temas del libro de esta autora taiwanesa (el Sáhara y la propia Sanmao): La puerta del Sáhara, un recorrido por la historia y el corazón del pueblo saharaui (https://youtu.be/vwQFjLsrzOA) y San Mao, la vida es el viaje (https://youtu.be/r94gb2tXUOI).

Puede leer aquí anteriores entregas de Miguel A. Moreta-Lara:

- 29/04/20 El narrador loco de El-Gamoun (Así hablaba Al-Buhali)
- 15/04/20 Ocios de la pluma del saboyano
- 02/04/20 La arabofilia feminista de Pilar Salamanca
- 17/03/20 Vida y viaje
- 03/03/20 Leer la ciudad (y III)
- 25/02/20 Leer la ciudad (II)
- 18/02/20 Leer la ciudad (I)
- 04/02/20 Siete locas
- 21/01/20 Por el camino de las grullas
- 07/01/20 Mujerería y letras
- 17/12/19 Kilito, el último morisco
- 04/12/19 Elogio del libro gordo
- 19/11/19 Tú a Reno (Nevada) y yo a New York
- 05/11/19 Quiero a una bollera de presidenta