“En un mundo de hombres machitos supo crecer, destacarse, medirse con los mejores y sobresalir con creces. Abandonó a un marido ingrato y se fue a vivir sola a Madrid con su hija, cuando todavía el divorcio era una quimera”

OPINIÓN. El lector vago. Por 
Miguel A. Moreta-Lara
Escritor a veces

25/06/20. 
Opinión. El escritor Miguel A. Moreta nos habla en su colaboración con EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre la escritora Carmen de Burgos, también conocida como Colombine: “El primer tomo de Confesiones de artistas recoge los encuentros de Colombine con 25 actrices españolas. Entre otros muchos detalles de cómo viven, cómo piensan, cómo...

...desean las mujeres del star system hispanoeuropeo de entonces, podemos enterarnos de los gustos lectores de las actrices”.

Colombine entrevistadora (I. Lo que leen las artistas)

La almeriense Carmen de Burgos, Colombine (1867-1932) es una de nuestras más distinguidas activistas, escritoras y feministas. Su labor de creación transcurrió entre el Desastre de 1898 y la Segunda República y vivió siempre en el ojo del huracán: como mujer, como escritora, como madre, como periodista. En un mundo de hombres machitos supo crecer, destacarse, medirse con los mejores y sobresalir con creces. Abandonó a un marido ingrato y se fue a vivir sola a Madrid con su hija, cuando todavía el divorcio era una quimera; inició y mantuvo durante dos décadas una relación con un hombre veinte años menor (Ramón Gómez de la Serna), quien se alejaría de ella de una forma muy inelegante (qué maravilla de eufemismo), al comenzar una liaison con la hija de la escritora; lidió con periodistas colegas de varios medios y con contertulios de ringorrango; fue corresponsal de guerra en Melilla; viajó por todas partes; tradujo más de 35 libros de diferentes autores; y, al final, nos legó, entre ensayos y novelas, más de un centenar de títulos publicados. Navegó sin despeinarse entre modernistas, noventayochistas, novecentistas y veintisietistas. Pero luego, una heterodoxa polígrafa y mujer rompedora como ella tuvo que sufrir el borrón y la desmemoria del franquismo y apenas hoy se vuelve a reeditar y a hablar de ella y de su escritura.


Aquí solo quiero referirme a un par de tomitos, Confesiones de artistas (I y II, 1916), en los que Colombine da cuenta de unas deliciosas entrevistas a una serie de artistas. Las interviús -divertidas, delicadas, nobles- profundizan en el ánimo de estas mujeres y, como al paso, también se autorretrata Carmen de Burgos, que se desplazaba por Italia, Francia, Portugal y España para entrevistar en sus domicilios o en los camerinos de los teatros a las estrellas más rutilantes del cielo escénico. Es necesario, al leer estas vidas, contextualizar un mínimo: en el cambio de siglo, España era un país preindustrial en el que la electricidad, el automóvil, el cine, la radio o el disco están comenzando a introducirse y desarrollarse. Del desastre colonial de 1898 al desastre de la guerra civil de 1936 van años acelerados donde se suceden acontecimientos de todo orden: las guerras de Marruecos, el modernismo, la semana trágica de Barcelona, la primera guerra mundial, el cubismo, las vanguardias, la revolución rusa, la huelga general, el movimiento obrero, la dictadura de Primo de Rivera, la Segunda República y, al fondo, el decorado de una naciente cultura urbana ávida de felicidad (los felices años veinte). Las gentes acuden a lugares de bailoteo, salones, cabarets y music-halls, que en 1912 en España se contabilizaban por miles (entre cinco y seis mil). En solo una década (1890-1900), en once teatros de Madrid (Apolo, Zarzuela, Eslava, Novedades, Moderno, Cómico, Recoletos, Felipe, Romea, Maravillas, Eldorado) se estrenaron más de 1.500 obras de género chico.

El primer tomo de Confesiones de artistas recoge los encuentros de Colombine con 25 actrices españolas. Entre otros muchos detalles de cómo viven, cómo piensan, cómo desean las mujeres del star system hispanoeuropeo de entonces, podemos enterarnos de los gustos lectores de las actrices. La gaditana María Gámez siente predilección por Schopenhauer. A Margarita Xirgu le encanta la literatura italiana. Catalina Bárcenas, que confiesa disfrutar con los niños y con la vida rústica, ama todo lo que no sean novelas policíacas y su escritor favorito es don Benito Pérez Galdós. A la malagueña Rosario Pino, que siente la pasión filial hondamente y que confiesa querer retirarse a su casita de Vitoria a ver la nieve, le gustan los autores modernos, Zamacois, Benavente... La genovesa Adela Carbone, afincada desde los diez años en España, no solo lee, sino que escribe deliciosas novelitas y traduce a Pirandello. Esta actriz de cine, que ha sido retratada por Julio Romero de Torres [véase ilustración], admira a D’Annunzio (como todas las actrices italianas del momento, piensa uno) y sorprende a Colombine al recitar poemas de Leopardi y comentarle el libro que la escritora había publicado sobre el poeta nacional de Italia.


También entrevista a su hija, la actriz María Álvarez de Burgos, a quien encuentra con un libro de Anatole France en la mano. Hay una complicidad entre madre e hija, que mantienen esta juguetona conversación:

-Pregúnteme usted lo que quiera…; me coge usted leyendo el último libro de Anatole France.
-Mentira. Ese es un libro antiguo que has cogido de mi librería, donde no dejarás uno sano, y no sé ya cuántas veces has leído cada uno.
-Si me desmientes no podremos hacer la entrevista. Figúrate que hubieras desmentido a otras artistas. ¿Qué hubiera quedado? He dicho lo del libro porque eso vestía. La gran actriz debe tener en su mano el último libro extranjero de éxito.
-Es verdad. Me había olvidado de nuestra entrevista. ¿Qué lecturas prefiere usted?
-Me gustan todos los libros. Todos.
-¿Los malos también?
-Los malos son tan desgraciados, que merecen que se les atienda un poco.
-Pero de todos, ¿cuáles prefiere usted?
-Los tuyos.
-¡Pero María, que no se trata de una cariñosa conversación familiar!
-¡Ah, bien! Pues entonces diré que los de Carmen de Burgos.
-Eso siempre será una adulación, y si algo has aprendido en mis libros, es a no adular jamás.


A María Guerrero, correosa y taurófila, le parece muy talentoso Echegaray. También se les da voz aquí a Rafaela Abadía (rotunda: “siempre que lloro, lloro de verdad”) y a la ya retirada Josefina Blanco, la mujer de Valle-Inclán. El emparejamiento de actrices y escritores era muy común, tal como después sería el de tonadilleras con toreros. La cupletista Sofía Romero (que fuma puros, sabe idiomas, toca el piano, canta, actúa y escribe) está casada con el dramaturgo Enrique Segovia Rocaberti. Julia Fons, “de sonrisa incandescente”, muestra libros dedicados de Alberto Insúa y de Felipe Trigo: “había ingenuidad hasta en la elección de aquellos libros un poco desencuadernados y manoseados de leerlos”, apunta Colombine. Blanca Suárez (rompecorazones: acaba de terminar con el joven escritor Tomás Borrás) ama los muñecos, las gardenias, montar a caballo y, lo que más, los toros: padece la fiebre por Belmonte, pero Colombine le lleva la contraria y dice que no los soporta (los toros). Además de taurófilas, las actrices y cantantes españolas de la época admiten ser muy supersticiosas; por ejemplo, la valenciana Consuelo Mayendía es retratada con esas dos notas tan características de la profesión: lleva siempre colgado un san Antonio de metal que perteneció a Machaquito.


[Continuará]

Puede leer aquí anteriores entregas de Miguel A. Moreta-Lara:
- 10/06/20 Querido Stalin (y III. Las mujeres de Stalin en España)
- 04/06/20 Querido Stalin (II. Los poetas contra Stalin)
- 28/05/20 Querido Stalin (I. Los poetas de Stalin)
- 13/05/20 Diarios del Sáhara
- 29/04/20 El narrador loco de El-Gamoun (Así hablaba Al-Buhali)
- 15/04/20 Ocios de la pluma del saboyano
- 02/04/20 La arabofilia feminista de Pilar Salamanca
- 17/03/20 Vida y viaje
- 03/03/20 Leer la ciudad (y III)
- 25/02/20 Leer la ciudad (II)
- 18/02/20 Leer la ciudad (I)
- 04/02/20 Siete locas
- 21/01/20 Por el camino de las grullas
- 07/01/20 Mujerería y letras
- 17/12/19 Kilito, el último morisco
- 04/12/19 Elogio del libro gordo
- 19/11/19 Tú a Reno (Nevada) y yo a New York
- 05/11/19 Quiero a una bollera de presidenta