“En mayo de 1612, el sultán Muley Zidán contrató el navío Notre-Dame-de-la-Garde, capitaneado por Jean Philippe de Castelane, para que trasladara desde Safi a Agadir su biblioteca personal y otras riquezas”

OPINIÓN. El lector vago. Por 
Miguel A. Moreta-Lara
Escritor a veces

16/09/20. 
Opinión. El escritor Miguel A. Moreta escribe en su colaboración con EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre la biblioteca robada a Muley Zidán: “El Notre-Dame-de-la-Garde fue apresado el 5 de julio por cuatro galeras españolas al mando de Luis Fajardo y trasladado a Lisboa (parte del imperio de España entonces), de allí a Cádiz y luego a Madrid, donde Felipe III ordenó...

...depositar los valiosos 3.975 manuscritos de la biblioteca de Zidán en la librería de San Lorenzo de El Escorial”.

Los libros del naufragio (II. La biblioteca robada a Muley Zidán)

Para Maribel Méndez

Hacer navegar a los libros ya fue afanosa tarea de los pueblos antiguos, sobre todo de los que mercadeaban con todo tipo de bienes, como fueran los fenicios y los griegos. “Un discípulo de Platón encargó copias de las obras de su maestro y se embarcó rumbo a Sicilia para venderlas”. Este testimonio es doblemente valioso: no solo por revelar la existencia en la antigüedad de libreros que se aventuraban en la exportación de libros, sino por hacernos visible que, incluso en vida de nuestros clásicos, hubo autores cuyos escritos eran buscados y vendidos al otro lado del mar. El dato lo tomo de esa pequeña y milagrosa enciclopedia que es El infinito en un junco de Irene Vallejo -quien, si las divinidades de la literatura no la protegen, acabará muerta de éxito-. Una de mis relecturas del confinamiento fue la Expedición de los diez mil (o Anábasis), entretenimiento de mi adolescencia. En ella Jenofonte alude a unos despojos de naufragios en la costa tracia donde había “muchas camas, muchas arcas, muchos libros y otros muchos objetos que los navegantes suelen transportar en cajas de madera”. Tampoco escapó este testimonio al escrutinio sagaz de doña Irene Vallejo.


Hay una historia de piratería y picaresca españolas que ha durado siglos y que concierne a una gran biblioteca de manuscritos árabes. Intentaré resumirla. En mayo de 1612, el sultán Muley Zidán contrató el navío Notre-Dame-de-la-Garde, capitaneado por Jean Philippe de Castelane, para que trasladara desde Safi a Agadir su biblioteca personal y otras riquezas que había heredado de su padre Ahmed al-Mansur al-Dahabi. Antes de descargar el tesoro (120 cajas con paños, espejos, astrolabios, perlas, ámbar, libros), Castelane exigió el pago del flete y, dudando de que lo satisficieran, puso rumbo a Marsella. A la altura de Salé (Mehdía o La Mamola, señalan otros cronistas), el Notre-Dame-de-la-Garde fue apresado el 5 de julio por cuatro galeras españolas al mando de Luis Fajardo y trasladado a Lisboa (parte del imperio de España entonces), de allí a Cádiz y luego a Madrid, donde Felipe III ordenó depositar los valiosos 3.975 manuscritos de la biblioteca de Zidán en la librería de San Lorenzo de El Escorial. Así que fue el robo de un robo y el piadoso monarca español debió de pensar aquello de “quien roba a un ladrón…”. El Escorial ya contaba con un fondo de textos arábigos, como los procedentes del botín de la batalla de Lepanto (7 de octubre de 1571), una veintena de manuscritos árabes, persas y turcos, entre ellos el famoso Corán de Lepanto, magníficamente escrito y adornado (que posteriormente desapareció). La reclamación de la biblioteca robada a Zidán, que alguien ha llamado “la Alhambra de los libros”, fue recurrente por parte de los sultanes de Marruecos. Nunca fue atendida. Aparte de las primeras solicitudes de rescate de Muley Zidán y de su hijo Muley Mohamed (este, a través de un franciscano en 1651), a lo largo de los años y siglos posteriores hubo, entre otros, tres grandes embajadores que plantearon la cuestión, sin suerte: Al-Gassani (1690), Al-Gazal (1766) e Ibn Utman Al-Maknasí (1780). Mientras tanto, en 1671 se produjo un incendio en la biblioteca escurialense que acabó con 2.500 manuscritos del tesoro de Muley Zidán.


Las diferentes versiones de la captura, las órdenes reales y dictámenes del Consejo de Estado, los detalles que involucraron a los dos reinos con una intensa actividad diplomática, la diligencia investigadora y catalogadora del ejército de traductores que manejaron este fondo, las podrá encontrar el lector curioso y la lectriz estudiosa en la sinopsis histórico-descriptiva de Braulio Justel La Real Biblioteca de El Escorial y sus manuscritos árabes (Madrid, 1987). El último episodio de esta historia acontecería cuando, finalmente, en 2013 el rey Juan Carlos I (que parece que también daba y no solo recibía) entregó al rey Mohamed VI una copia digitalizada de los 1.939 manuscritos arábigos que aún quedaban en la biblioteca de El Escorial.


Esta biblioteca robada y su largo exilio en El Escorial me lleva a otros barcos y otras tragedias. El exilio español, como consecuencia de la guerra civil, tuvo también su lado de ejemplaridad en un país generoso, México, por mano de su presidente Lázaro Cárdenas, al acoger y salvar la vida de miles de españoles fugitivos. A través de los organismos creados por las autoridades republicanas en coordinación con las mexicanas, se organizó desde los puertos franceses el acarreo de la España refugiada hasta los puertos de acogida. En estos barcos se transportaron vidas humanas, pero también iba con ellos la cultura (tan perseguida por los fascistas) y los libros. La del Sinaia, el buque que partió de Sète el 26 de mayo de 1939 para alcanzar Veracruz el 13 de junio, fue la expedición inicial de las muchas que siguieron. Esta expedición se convirtió en el símbolo de la solidaridad mexicana con el pueblo español y, al mismo tiempo, definió su complejidad: entre sus 1.800 pasajeros viajaban campesinos, militares, operarios, artistas, músicos, filósofos y escritores. El poeta Pedro Garfias escribiría a bordo el poema “Entre España y México”, uno de los emblemas literarios más conmovedores del exilio republicano en México:

[…]
Como otro tiempo por la mar salada
te va un río español de sangre roja,
de generosa sangre desbordada.
Pero eres tú esta vez quien nos conquistas,
y para siempre, ¡oh vieja y nueva España!


Este poema se publicó en el último número del periódico que se editó a ciclostil a bordo durante la travesía. Se han conservado al menos tres (los del Sinaia, Ipanema y Mexique) de estos diarios escritos en los barcos de la libertad. A través de esas páginas artesanas los pasajeros se organizaban para hacer más llevadero el viaje, publicar datos sobre el país de acogida, hacer recomendaciones y anunciar actividades, informar sobre la situación política mundial y, en definitiva, intentar consolarse de la enorme tristeza por la patria naufragada, quizás para siempre.


[Continuará]

Puede leer aquí anteriores entregas de Miguel A. Moreta-Lara:
- 09/09/20 Los libros del naufragio (I. De bibliobuques y libros viajeros)
- 01/07/20 Colombine entrevistadora (y II. Sororidad)

- 25/06/20 Colombine entrevistadora (I. Lo que leen las artistas)
- 10/06/20 Querido Stalin (y III. Las mujeres de Stalin en España)
- 04/06/20 Querido Stalin (II. Los poetas contra Stalin)
- 28/05/20 Querido Stalin (I. Los poetas de Stalin)
- 13/05/20 Diarios del Sáhara
- 29/04/20 El narrador loco de El-Gamoun (Así hablaba Al-Buhali)
- 15/04/20 Ocios de la pluma del saboyano
- 02/04/20 La arabofilia feminista de Pilar Salamanca
- 17/03/20 Vida y viaje
- 03/03/20 Leer la ciudad (y III)
- 25/02/20 Leer la ciudad (II)
- 18/02/20 Leer la ciudad (I)
- 04/02/20 Siete locas
- 21/01/20 Por el camino de las grullas
- 07/01/20 Mujerería y letras
- 17/12/19 Kilito, el último morisco
- 04/12/19 Elogio del libro gordo
- 19/11/19 Tú a Reno (Nevada) y yo a New York
- 05/11/19 Quiero a una bollera de presidenta