“Hernando Colón (1489-1539), el hijo natural de Cristóbal, fue un consumado bibliófilo que llegó a reunir entre 15 y 20.000 volúmenes y se cree que a su muerte esa cifra alcanzaba la mitad de todos los libros impresos hasta su época”

OPINIÓN. El lector vago. Por 
Miguel A. Moreta-Lara
Escritor a veces

07/10/20. 
Opinión. El escritor Miguel A. Moreta en su colaboración con EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com de esta semana termina su serie sobre libros y barcos: “Cuando a bordo del “HMS Beagle” inició Darwin la expedición científica (1831-1836) que culminaría en la publicación de su revolucionario El origen de las especies (1859), iba acompañado de una biblioteca de 404 ejemplares que,...

...tras una investigación de un equipo de la Universidad Nacional de Singapur, han sido digitalizados y colgados en la red. Para esta reconstrucción los investigadores han rastreado las cartas de los tripulantes a sus familias y los cuadernos de Darwin”.

Los libros del naufragio (y V. A bordo con lectrices y lectores)

Cuando a bordo del “HMS Beagle” inició Darwin la expedición científica (1831-1836) que culminaría en la publicación de su revolucionario El origen de las especies (1859), iba acompañado de una biblioteca de 404 ejemplares que, tras una investigación de un equipo de la Universidad Nacional de Singapur, han sido digitalizados y colgados en la red. Para esta reconstrucción los investigadores han rastreado las cartas de los tripulantes a sus familias y los cuadernos de Darwin. De estos cientos de libros, una tercera parte no estaba en inglés y, entre ellos, nueve títulos en español. Entresaco estos datos de la sugestiva “Darwin Online”, en cuyo rastro me puso uno de mis improbables (¡existen!) lectores, Carlos Díaz Bermejo, catedrático de Geología jubilado y muy versado en cosas de la mar.


También mi cuate Juan Cañavate, arqueólogo y navegante, debió oler algo raro en el primero de estos artículos náufragos, porque me ha invitado a su “Aldebarán” fondeado en el litoral almeriense, con este aviso: “Quien no ha pasado la calma chicha de un velero a 40 grados tiene menos posibilidad de cruzar algunas delgadas líneas”. Yo ya he empezado a entrenarme y estoy haciendo barquitos con papel de periódico para cuando lleguen las lluvias.

Una lectriz anónima, una bibliómana vergonzosa -presumo-, me comenta el asunto de las bibliotecas perdidas, aunque en esta serie excluí hablar de las hogueras nazis o de sarajevos varios, que quise dejar para mejor ocasión. También alude al dato del naufragio de quizá el más importante de los autores europeos medievales, el mallorquí Raimundo Lulio, quien, huyendo de Túnez por mar hacia Pisa perdió todos sus libros, lo que no le impidió escribir más de doscientas obras en latín, catalán mallorquí y árabe.


¿Sabían ustedes que uno de los oficios que desempeñó Cristóbal Colón fue el de mercader de libros? Tomo el dato del Memorial de los libros naufragados (Barcelona, 2019) de Edward Wilson-Lee (título que me hace llegar en préstamo un amigo bibliotecario), un libro dedicado a uno de los más grandes bibliófilos del Renacimiento hispánico, Hernando Colón (1489-1539), el hijo natural de Cristóbal. En la biografía que dedicó a su padre, Hernando niega que su progenitor practicara ningún oficio manual o mecánico: vamos, que era un intelectual, si no un vástago de sangre noble. Quizá el ilegítimo Hernando, que nunca habló de su madre en ninguno de sus escritos (la cordobesa Beatriz Enríquez de Arana, 1465-1522, amante de Cristóbal Colón, otra interesante mujer borrada de la historia) en este ninguneo familiar era más medieval que renacentista. Pero también fue un consumado bibliófilo que llegó a reunir entre 15 y 20.000 volúmenes y se cree que a su muerte esa cifra alcanzaba la mitad de todos los libros impresos hasta su época. Era un bibliómano utópico perseguidor de la biblioteca universal (o, al menos, de la bibliografía universal) que no solo se preocupó de manuscritos y obras clásicas, sino que adquirió folletos, estampas y periódicos para su biblioteca. El título de Wilson-Lee, Memorial de los libros naufragados, alude a un registro elaborado por Hernando de los 1.674 libros adquiridos en Venecia y perdidos en un naufragio cuando los trasladaban en barco a Sevilla (1522). Así comenzó Hernando el proyecto de catálogo de su biblioteca universal.

España, tan ingrata con sus hijos y los huesos de sus hijos y los libros de sus hijos, consiguió atesorar la Biblioteca Colombina, aunque ya reducida a una quinta parte de lo que dejó Hernando Colón. Para suerte nuestra, muy recientemente (2019) en la universidad de Copenhague, en el fondo de Árni Magnússon (1663-1730), coleccionista de libros en islandés y noruego, ha sido redescubierto el Libro de los Epítomes que Hernando Colón encargó a una serie de lectores. Se trata de un tomo de 2.000 páginas en el que se recogen 2.000 resúmenes de las obras de la biblioteca de Hernando Colón. Los académicos han prometido una edición para este año desgraciado de 2020 y lo más interesante de estos epítomes es que podremos leer los resúmenes de muchos libros naufragados y desaparecidos.

La novelista malagueña Eloísa Navas me pone en la pista de La biblioteca del capitán, basada en la expedición de Malaspina, libro de Montserrat Claros, una autora que seguramente habrá estado fascinada por las bibliotecas que viajan a bordo de los barcos. También mi amigo el profesor y escritor Ahmed El-Gamún me hace comentarios sobre la manera en que los pasajeros y tripulantes de las naos en ruta hacia las Américas debían de entretener sus ocios.

No puedo acabar este artículo sin traer aquí uno de los más recientes naufragios, quizá el más ominoso de la historia del Mediterráneo. Las imágenes de los refugiados en la isla de Lesbos expresan el naufragio de la poesía de Safo, la ruina de la idea de Europa y el descalabro de la decencia. ¿Qué es el Mediterráneo? Un vaso de tópicos y blablablás. Una pirotecnia floreal de culturas afroeuroasiáticas. Un mar de piratas de toda laya. El sur maldito de los pobres. Una sugestiva canción que suena de Algeciras a Estambul. La bañera de todos. Un albañal envenenado sin peces. La mar de Homero. El charco de la cruz y la media luna y la estrella de David. Una vasija de dioses muertos. El escenario donde libran su batalla exterminadora los monoteísmos contra el pensamiento libre. El territorio del oro multicolor del mercado. El de los países PIGS. El moro. Un mar desmemoriado. Un lago agónico. Un río de sangre. Nuestro mar, ese que está en medio de las tierras, esa olla azul en torno a la cual se reunían tantos países y pueblos, lo quieren convertir en una frontera, un final, un muro, un río de sangre: así lo pretende el capitalismo neoliberal que está reescribiendo la historia y el futuro del planeta. Como afirmaba en Memorias de un antisemita Gregor von Rezzori, un escritor hoy no muy leído, “la única dignidad que nos reserva nuestra época es la de pertenecer a las víctimas”.


Encuentro a una de esas víctimas en el muro de FB de la bibliotecaria Maribel Méndez: el poeta sudanés Abdel Wahab Yousif ("Latinos"), ahogado el 16 de agosto pasado con otras 45 personas, tras ser saqueados y hundidos a golpe de ametralladora por la guardia costera libia. El poeta preanunció la muerte en uno de sus bellos poemas:

You’ll die at sea.
Your head rocked by the roaring waves,
your body swaying in the water,
like a perforated boat.
In the prime of youth you’ll go,
shy of your 30th birthday.
Departing early is not a bad idea;
but it surely is if you die alone
with no woman calling you to her embrace:
“Let me hold you to my breast,
I have plenty of room.
Let me wash the dirt of misery off your soul”.

[Morirás en el mar.
Tu cabeza mecida por las rugientes olas,
tu cuerpo meciéndose en el agua,
como un barco perforado.
En la flor de la juventud te irás
antes de cumplir los 30 años.
Salir temprano no es una mala idea;
pero seguro lo es si mueres solo
sin que ninguna mujer te llame a su abrazo:
“Déjame abrazarte en mi pecho,
tengo mucho espacio.
Déjame lavar la suciedad de la miseria de tu alma".]

Puede leer aquí anteriores entregas de Miguel A. Moreta-Lara:
- 30/09/20 Los libros del naufragio (IV. La librería de Mrs Flower)
- 23/09/20 Los libros del naufragio (III. Los libros del conquistador)
- 16/09/20 Los libros del naufragio (II. La biblioteca robada a Muley Zidán)
- 09/09/20 Los libros del naufragio (I. De bibliobuques y libros viajeros)
- 01/07/20 Colombine entrevistadora (y II. Sororidad)
- 25/06/20 Colombine entrevistadora (I. Lo que leen las artistas)
- 10/06/20 Querido Stalin (y III. Las mujeres de Stalin en España)
- 04/06/20 Querido Stalin (II. Los poetas contra Stalin)
- 28/05/20 Querido Stalin (I. Los poetas de Stalin)
- 13/05/20 Diarios del Sáhara
- 29/04/20 El narrador loco de El-Gamoun (Así hablaba Al-Buhali)
- 15/04/20 Ocios de la pluma del saboyano
- 02/04/20 La arabofilia feminista de Pilar Salamanca
- 17/03/20 Vida y viaje
- 03/03/20 Leer la ciudad (y III)
- 25/02/20 Leer la ciudad (II)
- 18/02/20 Leer la ciudad (I)
- 04/02/20 Siete locas
- 21/01/20 Por el camino de las grullas
- 07/01/20 Mujerería y letras
- 17/12/19 Kilito, el último morisco
- 04/12/19 Elogio del libro gordo
- 19/11/19 Tú a Reno (Nevada) y yo a New York
- 05/11/19 Quiero a una bollera de presidenta