“En esta pintura Rousseau representa a su amante polaca Yadwigha, adormecida sobre un diván en una selva mientras escucha el sonido de un oboe tocado por una figura ambigua en la sombra de la floresta”

OPINIÓN. El lector vago. Por 
Miguel A. Moreta-Lara
Escritor a veces

04/11/20. 
Opinión. El escritor Miguel A. Moreta en su colaboración con EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com de esta semana habla sobre las mujeres acostadas: “Existe, como es sabido, una larguísima tradición en la historia del arte de la imagen de la mujer en la cama, de la dama desnuda, de la exótica odalisca, de la dueña venusina, de la fémina como ídolo de la perversidad, de la nalguda...

...yacente. Estos retratos, en la normalidad de la cultura artística, son obra abrumadoramente mayoritaria de varones”.

Las acostadas (Sylvia Plath mirando un cuadro de Rousseau)

A seguidas del artículo sobre escritores encamados de la semana pasada, me escribe mi amigo Luis Ángel Conde desde Valladolid para recordarme el asunto de los tumbaos, esas personas que, en un momento determinado de su vida deciden recluirse en la cama para ya no levantarse más o hacerlo solo de vez en cuando. Sospecho que habrá ya por ahí algún estudio antropológico al respecto. Además, me comenta haber conocido por boca de un familiar oriundo de Huelva más de un caso, así como lo que cuenta en sus memorias José Manuel Caballero Bonald (Tiempo de guerras perdidas, 1995), que dedica todo un capítulo muy divertido a los acostados de su familia, entre los que se encontraban dos acostadas: la tía Carola y la tía Isabela.


Recientemente, en una exposición titulada “Invitadas. Fragmentos sobre mujeres, ideología y artes plásticas en España (1833-1931)”, el Museo del Prado, como quien se disculpa, nos ha redescubierto una representación espléndida de una mujer acostada, un “Desnudo femenino” de la granadina Aurelia Navarro (1882-1968), quizá un autorretrato, una Venus ensimismada, que recuerda mucho a la “Venus del espejo” de Velázquez. Existe, como es sabido, una larguísima tradición en la historia del arte de la imagen de la mujer en la cama, de la dama desnuda, de la exótica odalisca, de la dueña venusina, de la fémina como ídolo de la perversidad, de la nalguda yacente. Estos retratos, en la normalidad de la cultura artística, son obra abrumadoramente mayoritaria de varones. Celebrados ejemplos son la “Venus de Urbino” (Tiziano), la “Venus dormida” (Giorgione), “La maja desnuda” (Goya), “La gran odalisca” (Ingres), “Joven recostada” (Boucher), “La perla y la ola” (Baudry), “Olympia” (Manet), “Nevermore” (Gauguin), “Desnudo acostado” (Modigliani), “La mujer y las rosas” (Chagall), “Mujer dormida” (Ferenczy), por solo referirnos a una escueta nómina de singular encanto. Sin embargo, el caso de Aurelia Navarro es sintomático y terrorífico: la joven pintora, asediada por el entorno social y familiar (¡ay, Mariana Pineda!, ¡ay, Federico García!), a consecuencia de la exhibición de su cuadro en 1908, acabó recluida en un convento cordobés de por vida y su obra invisibilizada. Así se las gasta el patriarcado, queridas niñas.


Dos de las estampas más fascinantes de mujer acostada y de mujer dormida de la modernidad son debidas al pincel de Henri Rousseau (1844-1910), el genial pintor naíf que hubo de soportar las chanzas y el maltrato de sus contemporáneos a costa de un arte incomprendido, aunque gozó de la amistad contundente de un mentor de lujo, el poeta Guillaume Apollinaire, vaca sagrada del vanguardismo. En 1908 Picasso organizó en honor de Rousseau un banquete en el taller Bateau Lavoir de Montmartre, al que asistieron, entre otros, Apollinaire, Braque, Max Jacob, Fernande Olivier (amante de Picasso), Marie Laurencin (musa de Apollinaire) y Gertrude Stein. El vino corrió sin tasa, Rousseau tocó el violín y Apollinaire recitó un poema laudatorio[i]. Al despedirse al día siguiente de Picasso, Rousseau, absolutamente feliz por la velada, le espetó al malagueño: “Toi et moi, nous sommes les deux plus grands peintres de notre temps, toi dans le genre égyptien, moi dans le genre moderne”. Quizá el Aduanero era menos inocente y más surrealista de lo que se creía. A su muerte, en la más absoluta pobreza, Apollinaire le escribiría un epitafio que grabó luego en piedra Brancusi.


Uno de estos iconos de mujer reclinada a los que me refería pertenece a su obra conocida como “La rêve” (también como “Le songe” y como “Rêve exotique”) que culminó solo unos meses antes de su muerte en 1910. En esta pintura Rousseau representa a su amante polaca Yadwigha, adormecida sobre un diván en una selva mientras escucha el sonido de un oboe tocado por una figura ambigua en la sombra de la floresta. Un ambiente surreal de encantamiento impregna toda la escena. Rousseau, a quien siempre le gustó inventarse otros mundos para su vida y para su arte (por ejemplo, que había vivido en el México de Maximiliano), trató de explicar su cuadro preocupado por los críticos que malentendían su obra. No podía saber que muchos años después la poeta estadounidense Sylvia Plath[ii] (1932-1963) iba a mirar su cuadro con un poema que le ponía música a lo que tocaba ese tañedor de flauta en la sombra, que en realidad no era un encantador, sino una encantadora, una mujer, como verán ustedes si miran esa sombra y escuchan estos versos:

Yadwigha, On A Red Couch, Among Lillies
A Sestina for the Dounier

Yadwigha, the literalists once wondered how you
Came to be lying on this baroque Couch
Upholstered in red velvet, under the eye
Of uncaged tigers and a tropical moon,
Set in intricate wilderness of green
Heart-shaped leaves, like catalpa leaves, and lillies

Of monstrous size, like no well-bred lilies
It seems teh consistent critics wanted you
To choose between your world of jungle green
And the fashionable monde of the red Couch
With its prim bric-à-brac, without a moon
To turn you luminous, without the eye

Of tigers to be stilled by your dark eye
And body whiter than its frill of lilies:
They’d have had yellow silk screening the moon,
Leaves and lilies flattened to paper behind you
Or, at most, to a mille-fleurs tapestry. But the couch
Stood stubborn in it’s jungle: red against green,

Red against fifty variants of green,
The couch glared out at the prosaic eye.
So Rousseau, to explain why the red couch
Persisted in the picture with the lilies,
Tigers, snakes, and the snakecharmer and you,
And birds of paradise, and the round moon,

Described how you fell dreaming at full of moon
On a red velvet couch within your green-
Tessellared boudoir. Hearing flutes, you
Dreamed yourself away in the moon’s eye
To a beryl jungle, and dreamed that bright moon-lilies
Nodded their petaled heads around your couch.

And that, Rousseau told the critics, was why the couch
Accompanied you. So they nodded at the couch with the moon
And the snakecharmer’s song and the gigantic lilies,
Marvelingly numbered the many shades of green.
But to a friend, in private, Rousseau confessed his eye
So possessed by the glowing red of the couch which you,

Yadwigha, pose on, that he put you on the couch
To feed his eye with red, such red! under the moon,
In the midst of all that green and those great lilies!

[Yadwigha, sobre un diván rojo, entre lirios
Una sextina para el aduanero

Yadwigha, los literalistas se preguntaron entonces

Por qué diablos yacías tumbada en ese diván barroco
Tapizado de terciopelo rojo, ante la mirada de un par
De tigres en libertad y de una luna tropical,
Plantado en medio de una intrincada espesura de verdes
Hojas acorazonadas, como de catalpa, y de esos lirios

De tamaño monstruoso, tan distintos de los bien criados.
Al parecer, aquellos críticos cuadriculados pretendían
Que eligieses entre tu mundo de jungla exuberante
Y el remilgado beau monde del diván rojo,
Con su lujoso bric-à-brac pero sin esa luna
Que te hace tan radiante, sin la mirada

De esos tigres amansados por tus pupilas negras
Y tu cuerpo, más blanco que su ribete de lirios:
Ellos habrían tapado la luna con seda amarilla,
Aplastado las hojas y los lirios hasta volverlas papeles
De decoración o, como mucho, un tapiz de mille-fleurs tras de ti.
Pero el diván se obstinó en quedarse en su jungla: rojo sobre verde,

Rojo sobre cincuenta tonos de verde, resplandeciendo
Y desafiando con ferocidad las miradas prosaicas.
Así que Rousseau, para explicar por qué el diván rojo
Estaba en el cuadro entre los lirios, los tigres,
Las serpientes, el encantador con su flauta,
Las aves del paraíso, la luna llena y tú,

Dijo que reposabas, soñando bajo la luna llena,
En un diván de terciopelo rojo en tu tocador de verdes
Mosaicos; que, escuchando el sonido de la flauta,
Imaginabas estar lejos, bajo la mirada de la luna,
En una jungla de aguamarina; que unos brillantes lirios
Grandes como lunas cabeceaban alrededor de tu diván;

Y que, en ese viaje imaginario —les dijo Rousseau a los críticos—,
El diván iba contigo. Sólo entonces aceptaron ellos el diván bajo la luna,
La canción del encantador de serpientes y los gigantescos lirios,
Y contaron, maravillados, las decenas de tonos verdes que había.
Pero Rousseau, en privado, le confesó a un amigo que su mirada
Estaba tan poseída por el resplandeciente rojo del diván

En el que tú, Yadwigha, posabas, que te pintó en él para regalarse
La vista con ese rojo —¡y qué rojo!—, bajo la luna
Y en medio de esos verdes y de esos enormes lirios.

27 de marzo de 1958
Traducción: Xoán Abeleira]

[i]
Tu te souviens, Rousseau, du paysage astèque,

Des forêts où poussaient la mangue et l’ananas,
Des singes répandant tout le sang des pastèques
Et du blond empereur qu’on fusilla là-bas.

Les tableaux que tu peins, tu les vis au Mexique,
Un soleil rouge ornait le front des bananiers,
Et valeureux soldat, tu troquas ta tunique,
Contre le dolman bleu des braves douaniers.

Le malheur s’acharna sur ta progéniture
Tu perdis tes enfants et tes femmes aussi
Et te remarias avecque la peinture
Pour faire tes tableaux, enfants de ton esprit.

Nous sommes réunis pour célébrer ta gloire,
Ces vins qu’en ton honneur nous verse Picasso,
Buvons-les donc, puisque c’est l’heure de les boire
En criant tous en chœur: «Vive! Vive Rousseau!»

Ô peintre glorieux de l’alme République
Ton nom est le drapeau des fiers Indépendants
Et dans le marbre blanc, issu du Pentélique,
On sculptera ta face, orgueil de notre temps.

Or sus! Que l’on se lève et qu’on choque les verres
Et que renaisse ici la française gaîté;
Arrière noirs soucis, fuyez ô fronts sévères,
Je bois à mon Rousseau, je bois à sa santé!

[ii] Sylvia Plath también es autora de un poema publicado póstumamente (El libro de las camas), considerado como un texto de literatura infantil, pero puede ser leído como un catálogo fantástico de camas para divertimento de cualquier persona imaginativa. Está editado en español por la editorial Libros del Zorro Rojo. En su lengua original, aquí: https://www.brainpickings.org/2013/04/04/the-bed-book-sylvia-plath-quentin-blake/


Puede leer aquí los anteriores artículos de Miguel A. Moreta Lara