“Durante los años de la primera guerra mundial, en Madrid se hizo amiga de muchas extranjeras casadas con escritores españoles: “con las que intimé más y eran para mí como dos hermanas” eran Trudy y Louise Graa”

OPINIÓN. El lector vago. Por 
Miguel A. Moreta-Lara
Escritor a veces

16/12/20. 
Opinión. El escritor Miguel A. Moreta en su colaboración con EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com de esta semana escribe su tercer artículo sobre la malagueña Isabel Oyarzábal: “Con su enorme capacidad de relacionarse, dentro y fuera de España, por su compromiso político y feminista, por su dedicación periodística y por su manejo de lenguas, fraguó una potentísima red de...

...amistad y de sororidad. Quizá también interviniera una manera de ser y estar, una actitud: quienes la conocieron afirman ese feeling, ese encanto personal, una gracia heredada en parte de su sangre malagueña”.

Las amigas de Isabel Oyarzábal (1)

Para el póquer oyarzabalino:
Andrés, Aurora, Enrique y Víctor.

Isabel Oyarzábal, con su enorme capacidad de relacionarse, dentro y fuera de España, por su compromiso político y feminista, por su dedicación periodística y por su manejo de lenguas, fraguó una potentísima red de amistad y de sororidad. Quizá también interviniera una manera de ser y estar, una actitud: quienes la conocieron afirman ese feeling, ese encanto personal, una gracia heredada en parte de su sangre malagueña. Durante los años de la primera guerra mundial, en Madrid se hizo amiga de muchas extranjeras casadas con escritores españoles: “con las que intimé más y eran para mí como dos hermanas” eran Trudy y Louise Graa. Gertrude Graa Rüfenacht, alias Trudy era una suiza germanófona -de origen lituano- casada con el escritor, político y diplomático socialista Luis Araquistáin (1886-1959), con el que tuvo dos hijos (Ramón y Sonia), con el que tradujo la obra Anatol de Arthur Schnitzler y con quien colaboró en sus puestos como embajador en Berlín y en París. Carmen Baroja describe a Trudy como “muy inteligente, muy radical y muy politizada”. Para Isabel, Trudy era de “personalidad arrebatadora”. Murió de leucemia en Londres en 1942. Su hermana Louise maridó con otro político socialista, Julio Álvarez del Vayo (1891-1975). La tercera, Erika, estaba casada con el profesor, político y ministro Agustín Viñuales (1881-1959). En la amistad con estas tres hermanas hubo, desde luego, un componente político, al ser Isabel compañera de partido (PSOE) de sus maridos. Pero, sobre todo, Trudy era compañera de activismo feminista, asociada al Lyceum Club, del que Isabel era vicepresidenta y cofundadora, junto a otras mujeres tan representativas como María de Maeztu, Victoria Kent, Zenobia Camprubí, María Lejárraga, Josefina Blanco, Elena Fortún, Carmen Baroja, Matilde Huici, etc. Con todas ellas, compartió Isabel afanes, compromisos y esperanzas. Pero el Lyceum Club no fue el único foro: asociaciones e instituciones como la Asociación Nacional de Mujeres Españolas, la Residencia de Señoritas, la Institución Libre de Enseñanza o el Instituto Escuela, fueron núcleos irradiantes de una decidida y comprometida política feminista antes nunca vista. Las dos hermanas -Trudy y Louise- aparecen con Isabel Oyarzábal formando parte del comité nacional de la AMA [Asociación de Mujeres Antifascistas].


De su paso por Ginebra y de sus misiones en la OIT y en la Sociedad de Naciones, conservará también un buen puñado de excelentes amigos (como el representante de México, Isidro Fabela, con el que luego reanudará su amistosa relación en el exilio mexicano) y buenas amigas, entre las cuales estaban: la francesa Marguerite Thibert (1886-1982), alta funcionaria de la OIT y experta internacional en el trabajo de la mujer y del niño; la periodista y sufragista suiza Émilie Gourd (1879-1946), fundadora de Le mouvement féministe (1912), la publicación feminista más antigua de Europa; la sufragista usamericana Carrie Chapman Catt (1859-1947); la  abogada feminista Chrystal Macmillan (1872-1937), la primera mujer graduada en ciencias por la universidad de Edimburgo y la defensora del derecho de la mujer casada a no perder su nacionalidad por la del marido (1917); la política y feminista británica Margery Corbett Ashby (1882-1981); la holandesa Aletta Jacobs (1854-1929), la primera mujer de su país en graduarse como médica y fundadora de la primera clínica de control de la natalidad; la sufragista Kathleen Courtney (1878-1974); la enfermera feminista y pacifista Germaine Malaterre-Sellier (1889-1967), la primera mujer francesa en la Sociedad de Naciones; la política y escritora feminista austríaca Adele Schreiber (1872-1957); la poeta, académica [de Francia] traductora y diplomática rumana Elena Vacarescu (1864-1947), a quien trató en París y en Ginebra, y “cuyos discursos parecían poemas”; la judía holandesa Rosa Manus (1881-1943), fundadora de los Archivos Internacionales para el Movimiento de las Mujeres (1935), muerta en el campo de Ravensbruck; la reformista y sufragista Maude Royden (1876-1956), “la divina inglesa” (como la define Isabel Oyarzábal), la primera mujer anglicana que predicó y la iniciadora de la campaña por la ordenación sacerdotal de mujeres: se casó en 1944 con el amor de su vida, el pastor Hudson Shaw, cuando este enviudó, tras esperar enamorados más 40 años; y Palma Guillén (1898-1975), representante de México, a quien ya había conocido unos años antes en Madrid y con la que viajó en 1938 en su coche de Ginebra a España. Palma Guillén también fue la primera mexicana en alcanzar el puesto de ministra plenipotenciaria en Dinamarca designada por el presidente Lázaro Cárdenas en 1935. Desde 1922, tuvo una relación de largos años con la poeta chilena y premio Nobel Gabriela Mistral (1889-1957), a quien Vasconcelos había invitado a México para poner en marcha proyectos como el de las escuelas rurales. Palma se casaría en 1946 con el exilado catalanista Lluis Nicolau d’Olwer, ministro de Economía con Azaña.

Otro grupo de mujeres de altísima valía con el que trabó conocimiento la embajadora Isabel Oyarzábal fue durante su destino en Suecia, aunque con algunas de ellas ya había conectado en las reuniones de Ginebra. En sus memorias, en el momento de abandonar Estocolmo, anota:

Cuando llegó el momento de nuestra partida nos resultó difícil decir adiós a amigos como la señora Tamm, la doctora Ruby Lind, Kerstin Hesselgren, Naima Wifstrand, Sonja Branting, señora Kollontay, Barbro Alving y otras mujeres leales y bondadosas, cuyo recuerdo sobresale ahora entre mis otros recuerdos con una dolorosa claridad.


Nótese bien que escribe “amigos”, pero solo nombra mujeres: me referiré brevemente a ellas. La “ferviente feminista” -dixit Isabel Oryazábal- Elisabeth Tamm (1880-1958) era una de las primeras parlamentarias suecas y un referente de los derechos de la mujer. La médica Ruby Lind, “nuestra querida doctora”, asistirá en el parto a su hija Marisa y estará siempre en el círculo íntimo de sus amigas suecas. Kerstin Hesselgren (1872-1962), apodada la Primera, por haber sido en su país la primera mujer inspectora de vivienda, la primera mujer en el Parlamento, en la OIT, en la Sociedad de Naciones y en otras instituciones feministas y políticas; de ella Isabel destaca su solidaridad y su sentido del humor. La “excelente actriz y buena amiga” -al decir de Isabel Oyarzábal- Naïma Wifstrand (1890-1968), que dirigirá años más tarde la Real Ópera de Estocolmo y aparecería en varios filmes de Ingmar Bergman, en la semana dedicada a España que organizó en 1937 la embajada española en Estocolmo, representó en el Folkens Theater una pequeña obra -traducida al sueco- escrita por Isabel Oyarzábal, La mujer que no conoció el amor. Sonja Branting (1890-1981), miembro ejecutivo del Partido Socialdemócrata cofundado por su padre, había protagonizado -igual que haría después Isabel- una gira de propaganda por USA en 1935 alertando de la irresistible ascensión nazi; también hizo campaña a favor de los republicanos durante la guerra civil y, como delegada internacional, inspeccionó los campos de refugiados españoles en Francia y norte de África. A su relación con Alejandra Kollontai (1872-1952), una de las mujeres más emblemáticas de la revolución bolchevique, Isabel le dedicó uno de sus mejores libros, donde refleja la duradera, profunda y sincera amistad que unió a dos grandes mujeres envueltas, respectivamente, en los dos episodios quizá más turbulentos y trágicos de la historia de sus países: la revolución rusa que se convirtió en guerra y la guerra española que devino revolución. La “sagaz reportera” -según Oyarzábal- y activa pacifista sueca Barbro Alving Bang (1909-1987), periodista en la guerra civil española, en la segunda guerra mundial y en la revolución húngara de 1956, tuvo una hija con el ilustrador y artista Birger Lundquist pero formó familia con su pareja Anna Laura Sjöcrona con la que convivió durante 40 años hasta su muerte.

[Continuará]

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