“En la producción poética de la guerra civil abundan los temas elegíacos y los cantos a los héroes. La representación de algunas heroínas es especialmente significativa”

OPINIÓN. El lector vago. Por 
Miguel A. Moreta-Lara
Escritor a veces

12/05/21. 
Opinión. El escritor Miguel A. Moreta en su colaboración con EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com de esta semana escribe sobre romances de guerra: “Rememoraba el hecho insólito de que Madrid, ciudad sitiada, asediada y quintacolumnizada, nunca fue conquistada en los años que duró aquella guerra que, al parecer, nunca existió. Sin embargo, la heroica y mártir villa fue pasto...

...de canciones y romances. Fueron muchas las músicas, cientos los papeles, miles los autores y decenas de miles los romances que cantaron la gesta madrileña y española”.

Cantar de viejas muchachas

A Leonor Sarmiento Pubillones (1924-2021) in memoriam

Paseando a mi perra hoy en la mañana por el parque del Morlaco, me cruzo con una joven abuela que mece en sus brazos a un bebé, seguramente su nieto, mientras le susurra:

Estaba el señor don Gato
sentadito en su tejado,
marramamiau, miau, miau.

Hace un tiempito mi amiga la italianista Carmen Marchante Moralejo compartió con un grupo de Facebook un audio de una canción popular grabada por la voz de su madre a los 87 años, María Rosa Moralejo Martín, lexicógrafa de la RAE, que colaboró con Ramón Menéndez Pidal en sus trabajos sobre el romancero. La estrofa memorizada por María Rosa cuando era una niña alude al conocido episodio bélico del Barranco del Lobo (27.07.1909) de las guerras hispanomarroquíes:

En el Barranco del Lobo
hay una fuente que mana
sangre de los españoles
que murieron por su patria.
¡Pobrecitas madres,
cuánto llorarán
al ver que sus hijos
a la guerra van!


Igual que una canción resuena en otra, en estos días en los que una tal doña triunfaba en los Madriles defendiendo a Liberté (“solo puedo salvar una de las tres”, dijo pisándole el cuello a las otras dos) y una cual baronesa colocaba con una mano -allende el moro rico- unos cuadritos y con la otra firmaba -aquende el tonto pobre- un contrato de alquiler con el Estado español para su museo capitalino, recordaba los años en que otras isabeles y otras cármenes defendían y vendían caro el pellejo de Madrid: aquellas milicianas del largo noviembre de 1936. También rememoraba el hecho insólito de que Madrid, ciudad sitiada, asediada y quintacolumnizada, nunca fue conquistada en los años que duró aquella guerra que, al parecer, nunca existió. Sin embargo, la heroica y mártir villa fue pasto de canciones y romances. Fueron muchas las músicas, cientos los papeles, miles los autores y decenas de miles los romances que cantaron la gesta madrileña y española.

Repaso algunos romanceros, los que recopiló el profesor francés Serge Salaün (Romancero libertario, Romancero de la defensa de Madrid, Romancero de la tierra), el que publicó en 1937 Emilio Prados (Romancero General de la guerra de España) y algunos más. No escasean los romances de título femenino: “Mira las milicias, madre”, “Pionera”, “Romance de la novia ausente”, “¡Embarazada!”, “La carta de la novia”, “Mujeres”, “Romance de la mujer madrileña”, “La niña de Fuensalida”, “Llanto y dolor de la madre que perdió su hijo en la guerra”, “La moza de Villarejo”, “A la futura aceitunera andaluza”, “Romance de la niña Durruti”… Todos, de autoría de clavel varonil. Hay -no muchas- firmas de mujeres: Rosa Chacel (el romance “¡Alarma!” publicado en El mono azul, la revista de María Teresa León y Alberti), María Luisa de Iriarte, Concha Zardoya (“Los mutilados”), Ernestina de Champourcín, Clemencia Miró, Inés Montero, Nicolasa Giménez, Nieves López Pastor, además de anónimas que firman solo con el nombre: Rosa, Isabel, Carmiña.


Una de las poetas que mejor cantaron la defensa de Madrid, figura emblemática del anarcofeminismo y pionera de la identidad lesbiana (con su compañera América Barroso), fue Lucía Sánchez Saornil (1895-1970), fundadora -con Amparo Poch Gascón y Mercedes Comaposada- de la organización Mujeres Libres y directora de la revista del mismo título, en la que colaboraron muchas activas anarquistas, como Lola Iturbe (alias Karylina), Federica Montseny, Émilianne Morin -compañera de Durruti-, Emma Goldman, Soledad Estorach Esterri o Pilar Grangel Arrufat. Del famoso romance “Madrid”, que escribió Lucía Sánchez para la revista Mujeres Libres de diciembre de 1936, entresaco estos versos:

¡Madrid de los arrabales,
río de sangre y de lágrimas!,
abre la tumba a tus muertos.
¡A nosotras, Malasaña!,
van las mujeres rugiendo,
trémulas de fiebre y ansia,
galopando en potro de ira,
con las manos desplegadas
a la busca en campos de odio
de amapolas de venganza.
¡Madrid, corazón del mundo,
corazón que se desangra!

Lucía Sánchez Saornil, que sería una de las colaboradoras más prodigadas en la prensa anarquista de la época (Solidaridad Obrera, Tierra y Libertad, Tiempos Nuevos, Umbral, La Revista Blanca, CNT, El Libertario…), no fue la única juglaresa que cantó a la heroica ciudad bombardeada por la aviación fascista. Otra periodista, poeta y reconocida letrista de tangos, la argentina María Luisa Carnelli (1898-1987), corresponsal de la revista bonaerense Ahora durante la guerra civil, le dedicó a Madrid al menos cinco romances: “Cuatro caminos”, “Puente de Vallecas”, “Ventas”, “Puente de Segovia” y “Madrid” (publicados en Socorro Rojo, 1937). Del último son estos versos finales:

Ciudad, baluarte del mundo,
ciudad en donde convergen
la sed, la esperanza, el odio,
lo mejor y lo más fuerte
de una humanidad transida,
de una humanidad sufriente […]

Madrid, aurora del mundo
y júbilo que amanece.


La poeta, feminista, atleta y pionera de la identidad homosexual (amiga de la sinsombrero Elisabeth Mulder Pierluisi), la fascinante Ana María Martínez Sagi (1907-2000), publicó en la revista CNT en octubre de 1936 el delicado poema “Por el río venía”, donde la épica se desliza hacia el más puro lirismo:


Venía tu cuerpo moreno,
en el agua rosada del río.
Un viento, de pena callada,
retorcía los grises olivos.
Venía tu cuerpo moreno,
inmóvil y frío.
El agua, cantando, pasaba
por tus dedos rígidos.
¡Venías tan pálido,
soldado, en el río! […]

En la producción poética de la guerra civil abundan los temas elegíacos y los cantos a los héroes. La representación de algunas heroínas es especialmente significativa, como el poema “A Gerda Taro, muerta en el frente de Brunete”, que publicó Luis Pérez Infante en el Romancero General de la guerra de España, dedicado a la famosa fotoperiodista muerta en El Escorial a los 26 años. Francisco Giner homenajeó a la miliciana Francisca Solano con su “Romance de Francisca Solano (Muerta el 26 de julio en El Espinar, en defensa de una España justa, por las balas fascistas)”. Quizá la más llorada por la poesía bélica fue Paulina Odena García (1911-1936), conocida como Lina Odena, joven comunista catalana formada en la URSS, que por un error letal se metió en las líneas enemigas cerca de Granada y, al verse acorralada, se suicidó el 14 de septiembre de 1936: he localizado seis poemas, entre ellos los firmados por Lorenzo Varela, Ramón Gaya, Pedro Garfias y César Vallejo. Otra joven miliciana, incorporada a sus 17 años al Quinto Regimiento, Rosario Sánchez Mora (1919-2008), que perdió una mano manipulando un cartucho de dinamita, debe su fama al conocido poema de Miguel Hernández (¡no todo era cantar a la Pasionaria!) “Rosario, la Dinamitera”:

Rosario, dinamitera,
puedes ser varón y eres
la nata de las mujeres,
la espuma de la trinchera.


Termino volviendo a casa -a Málaga- con otra composición de Lucía Sánchez Saornil, publicada en Mujeres Libres en 1937, en la que narra el penoso caso de una pobre lavandera malagueña, acusada de lavar las ropas de los milicianos heridos, llevada a un consejo de guerra y ejecutada. El poema se tituló “Romance de la vida, pasión y muerte de Encarnación Jiménez, la lavandera del Guadalmedina”:

¡Ay, río Guadalmedina,
cauce de penas amargas!
¿Quién ha dicho que los ríos
tienen flautas encantadas
que tañen en los crepúsculos
con lenguas de viento y agua?
¡Ay, dolor, dolor del río
sobre mi cuerpo y mi alma! […]

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