A alrededor de unas 15 promociones de enfermería (promoción más o promoción menos) el Servicio Andaluz de Salud nos ha tratado durante nuestra vida laboral como a meros fungibles, material de usar y tirar”

“Las causas del
problema de la escasez de profesionales de la salud en España no son otras que: precariedad laboral, inestabilidad, una de las peores remuneraciones en Europa, los peores ratios europeos de profesionales por paciente, etc, etc.., etc.


OPINIÓN. El ademán espetao. Por 
Jorge Galán
Artista visual y enfermero

28/04/21. 
Opinión. El artista visual Jorge Galán escribe en su colaboración con EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre la situación de los enfermeros en el Servicio Andaluz de Salud: “En los últimos meses de pandemia, he oído repetidamente en diferentes medios de comunicación el problema de la escasez de profesionales de la salud en España, sobre todo médicos y enfermeras. Sólo en contadas ocasiones se profundizó...

...en las causas de todo este despropósito. Y no son otras que algunas de las ya mencionadas: precariedad laboral, inestabilidad, una de las peores remuneraciones en Europa, los peores ratios europeos de profesionales por paciente, etc, etc, etc”.

Plazas fijas y otras hierbas

Recientemente se ha resuelto la consolidación de empleo convocada en 2017 para enfermería en el Servicio Andaluz de Salud, cuatro añitos más tarde. Es una oportunidad perfecta para comentar ciertas cuestiones relacionadas con ello, ya que un servidor ha sido «agraciado» con una de esa plazas como estatutario. Obviamente, en las circunstancias que atravesamos de pandemia y crisis económica es una noticia excelente para los que consolidamos el puesto de trabajo.

Sirva mi ejemplo (y el de muchísimos más profesionales de la enfermería) para ilustrar la situación laboral que precede a éste (teóricamente) momento tan jubiloso de convertirnos en personal fijo. Y es que, cuando uso el término teóricamente, aunque sea entre paréntesis, lo hago de forma totalmente consciente y no por casualidad.

La primera circunstancia que contribuye a ésto es el factor tiempo, y es que a muchos, esta consolidación nos llega un poco (o bastante) tarde. A mí, en concreto, tras 26 años de contratación e interinidades. Bastante más de media vida laboral. Conozco algunos casos con mayor número de años, ya que aunque pueda presuponerse, no siempre es una cuestión de meritaje, sino generacional o promocional; en los últimos 25-30 años las convocatorias de concurso-oposición para enfermería en el S.A.S. han sido más bien exíguas. Hasta los últimos 5 años, en los que sí han sido convocadas cada 2 años, mi promoción conoció dos únicas convocatorias en 15 años, sólo con concurso de méritos, para unos recién diplomados no había oportunidad alguna de conseguir una plaza, no podíamos competir con gente más veterana y con más experiencia.


Ahora que los veteranos somos nosotros han cambiado las condiciones, pero lo más flagrante es que la experiencia máxima computable ahora la dejan en 11 años de trabajo, cuando pululamos por el sistema profesionales con más de 20-25 años computables. Ésto significa equipararnos de 10 a 15 promociones hacia atrás. Lo que se nos negó a nosotros como generación (poder superar en una Oferta Pública de Empleo a profesionales con más experiencia) ahora se nos devuelve otorgándoselo a la siguiente.

Podemos convenir que un concurso-oposición conste de una prueba de méritos y otra teórica, y que, en cierto modo, se ha corregido una deficiencia del pasado, pero lo que constituye una verdadera cacicada es dejar de computar una cantidad ingente de años de experiencia en el sector público, cuando como empresa, eres perfectamente conocedor de la situación de tu personal, personal interino que hasta hace apenas unos años, constituía del 60-70% de cualquier plantilla en cualquier centro sanitario andaluz. Cuestión moderadamente corregida con las últimas convocatorias, tras denuncias, Tribunales de Estrasburgo y pasmoso silencio sindical.

Yo tuve la suerte de poder preparar la prueba teórica a conciencia cuando se publicó la convocatoria, dispuse del tiempo suficiente, ya que no tengo a nadie a mi cargo y había finalizado mis estudios superiores de Bellas Artes, pero puedo dar fe de muchas compañeras a las que les costó un mundo ponerse a estudiar el voluminoso temario, tras tantos años de finalizar la diplomatura, mujeres ya de media edad, con hijos, hipotecas y familias detrás. Toda mi admiración hacia ellas, que contestaron con más esfuerzo al maltrato de su propia empresa.


A alrededor de unas 15 promociones de enfermería (promoción más o promoción menos) el Servicio Andaluz de Salud nos ha tratado durante nuestra vida laboral como a meros fungibles, material de usar y tirar. Han desarrollado con nosotros una política de contratación laboral más parecida a la de una plantación de caña de azúcar del siglo pasado que a un servicio de salud público en la actualidad. Cualquiera de nosotros acumula una cantidad descomunal de contratos, contratos de un día, de dos, de tres, de cinco, de diez días, de quince, así hasta sumar los 200 contratos en diferentes lugares, con distintos compañeros, con protocolos distintistos, con funciones distintas, con técnicas distintas, con pacientes distintos, turnos distintos, horarios distintos... una auténtica locura.

Nuestra penuria laboral (más que vida laboral) se cuenta hace tiempo por folios y no por contratos. La mía suma ya más de 12 folios contrato a contrato. Con el tiempo hemos ido enlazando contratos más duraderos, hasta que llegamos a las interinidades y a alcanzar, tras bastantes años, un mínimo de estabilidad. Obviamente como personal interino salimos más baratos a la empresa. No podemos, por ejemplo, cobrar el complemento de Carrera Profesional. Un complemento ponderado por niveles cada cinco años, el cual ya empezamos lastrados cuando obtenemos la plaza fija a los 45-50 años: ya nos falta tiempo de vida laboral si queremos alcanzar el máximo nivel. Nos jubilaremos antes, una tomadura de pelo para nuestra profesionalidad como enfermeros/as, precisamente a profesionales que se han pateado de arriba a abajo el Sistema Andaluz de Salud a base de infinitos contratos aquí y allá.

En los últimos meses de pandemia, he oído repetidamente en diferentes medios de comunicación el problema de la escasez de profesionales de la salud en España, sobre todo médicos y enfermeras. Sólo en contadas ocasiones se profundizó en las causas de todo este despropósito. Y no son otras que algunas de las ya mencionadas: precariedad laboral, inestabilidad, una de las peores remuneraciones en Europa, los peores ratios europeos de profesionales por paciente, etc, etc, etc.


Durante años, al ver el panorama laboral tan desastroso que ofrecían nuestros sistemas de salud, numerosos sanitarios se marchaban en tropel a trabajar a Reino Unido, Portugal, Italia o Alemania, donde se los rifaban. La consideración en estos países de los sanitarios españoles está muy valorada, porque la formación es muy buena. Lo que es el karma, en la pandemia se han acordado mucho de ellos, especialmente cuando se han contagiado más de 120.000, la cifra más alta de sanitarios contagiados en el mundo, no nos olvidemos.

Otros, en lugar de marcharnos, nos quedamos sacando las castañas del fuego a estos sistemas maltratadores de sanitarios que hemos inventado aquí, a base de incalculables contratos de días e incluso horas (recuerdo cierto distrito de salud que nos contrataba el día de guardia para darnos de baja en el saliente y los descansos, y volver a contratarnos para la siguiente guardia), luego sólo computa un día como trabajado en cotización y en méritos. Sí, sí, en la administración se hacían estas prácticas abusivas, sí. En la misma administración que luego quería obligar a la empresa privada a estabilizar a sus trabajadores a los 3 años y lo legislaba, hipócritas en esta materia se queda muy corto.

He visto muchos compañeros celebrar con júbilo la adquisición de plaza por redes sociales. Desde luego es motivo más que sobrado tras de semejante maltrato laboral recibido por tu propia administración. Mi alegría es ambivalente, más parecida a un descanso que a un logro, a un acto de justicia tardía que a un progreso, a un final de penitencia más que a un reconocimiento.


No me inunda el sentimiento de júbilo, aún no. Tal vez porque el castigo duradero, tal vez por ciertas ilusiones segadas, o tal vez porque conozco aún demasiados compañeros/as que siguen, ante tan pésima planificación de estas consolidaciones de empleo, aún lejos de la luz al final de su propio túnel, muy a pesar de su inagotable esfuerzo y entrega a su trabajo.

Puede leer aquí anteriores entregas de Jorge Galán