José María González Ruiz, canónigo de la Catedral de Málaga. Tanto en democracia como en etapas de carencia de libertades, fue un referente en la defensa de la paz, la libertad y la justicia social

OPINIÓN. 
Málaga y sus historias. Por Ramón Triviño
Periodista

13/10/21. 
Opinión. El periodista Ramón Triviño, en su colaboración habitual con EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com, en la que recopila curiosidades de la historia de Málaga, escribe un texto sobre José María González Ruiz: “El canónigo de la Catedral de Málaga pronuncia una homilía tras el atentado cometido por ETA en la madrileña calle del Correo, repudiando la violencia ya contra la autoridad o...

...desde ésta, lo que genera protestas de los asistentes a misa y una multa de 100.000 pesetas por parte del Gobierno Civil, tras ser llevado a comisaría a donde le acompaña el obispo Ramón Buxarrais”.

El canónigo que se enfrentó a la Iglesia

El 6 de octubre de 1974 el canónigo de la Catedral de Málaga José María González Ruiz pronuncia una homilía tras el atentado cometido por ETA en la madrileña calle del Correo, repudiando la violencia ya contra la autoridad o desde ésta, lo que genera protestas de los asistentes a misa y una multa de 100.000 pesetas por parte del Gobierno Civil, tras ser llevado a comisaría adonde le acompaña el obispo Ramón Buxarrais.


Un atentado terrorista del que ETA no reconoció su autoría hasta 44 años después y en el que fueron asesinadas 13 personas y en el que se utilizaron treinta kilogramos de dinamita reforzada con metralla. Una acción que estuvo rodeada de polémica ya que el régimen franquista acusó de estar detrás del atentado, no solo a ETA sino también a reconocidos militantes del PCE. “Lo que no cabe duda es que miembros de ETA y del Partido Comunista han colaborado en él”, aseguró entonces el Comisario General de Investigación Social, José Sáinz González.

El diario ABC del martes 8 de octubre publicaba una información titulada “Escándalo en la Catedral: Numerosos fíeles interrumpieron fe homilía de González Ruiz”. En el texto de la noticia se decía que “un auténtico escándalo se organizó ayer en la Santa Iglesia Catedral durante la celebración de la misa de doce, oficiada por el canónigo lectoral, don José María González Ruiz”.

Según el rotativo “En la homilía, el padre González Ruiz, tras repudiar el atentado cometido recientemente en la calle del Correo, en Madrid; hizo determinadas alusiones a la actuación de las fuerzas del orden público en sucesos ocurridos en Carmona (Sevilla) y Valladolid. Tales alusiones provocaron la reacción de numerosos fieles que asistían a la misa, los cuales, con diversas imprecaciones, hicieron patente su disconformidad, con las palabras del sacerdote, quien, a pesar de ello, continuó en el uso de la palabra y elevó considerablemente su tono de voz en un intento de acallar las protestas. Al no conseguirlo y ver que algunas personas se adelantaban hacia el altar mayor y otras abandonaban el templo, cortó la homilía y prosiguió la celebración del santo sacrificio”.

José María González Ruiz

ABC seguía informando “terminado éste, nutridos grupos de personas se congregaron en las puertas principales de la Catedral, al parecer, con ánimo de hacerle nuevamente patente su disconformidad con las frases pronunciadas. Pero al abandonar don José María González Ruiz la catedral por otra puerta, esté intento no fue posible”.

"Se sabe que la Brigada de Investigación Social de la comisaría malagueña, está instruyendo diligencias sobre el suceso y que ha tomado declaración a diversas personas que asistían a la misa, sin que por el momento se haya adoptado resolución alguna, que se sepa al menos”.

“El canónigo lectoral de la Catedral de Málaga, José María González Ruiz, ha acudido hoy a la Brigada de Investigación Social para prestar declaración en las diligencias que se instruyen con motivo del incidente ocurrido ayer en el primer templo malagueño durante la misa de doce, que oficiaba el padre González Ruiz. Se desconoce en qué términos se ha desarrollado la declaración”, terminaba ABC.

José María González Ruiz falleció en Málaga a los 90 años el 28 de enero de 2005. Doctor por la Universidad Gregoriana de Roma y autor de una veintena de libros y centenares de artículos, fue párroco del barrio de Triana en Sevilla y canónigo de la Catedral de Málaga. Fue el teólogo español de mayor influencia en la iglesia del Concilio Vaticano II (1962-1965).

Algunos prelados asistentes a aquel concilio reformador contaron más tarde que, siempre que podían, se reunían con González Ruiz para entender los documentos y propuestas que llegaban a sus manos. Las reuniones se celebraban en secreto en el convento de las Misioneras Cruzadas de la Iglesia, en el barrio de Carabanchel Alto (Madrid).

En la otra orilla, los cardenales y arzobispos reacios a la reforma acudieron al general Francisco Franco, jefe del Estado nacionalcatólico, para organizar la oposición que, a voluntad del dictador, expresarían en el revolucionario concilio.

González Ruiz recibió en 1996 la Medalla de Oro de Andalucía. "Es indiscutiblemente una de las figuras más decisivas del catolicismo español. Tanto en democracia como en etapas de carencia de libertades fue un referente en la defensa de la paz, la libertad y la justicia social", decía el decreto de la Junta.

Nacido en Sevilla el 5 de mayo de 1916, en el seno de una familia tradicionalmente católica, tenía ocho hermanos, uno de ellos también sacerdote. Era sobrino carnal del que fuera obispo de Málaga, Miguel González Martín, canonizado por el papa Francisco (2016), de quien recibió las aguas bautismales y la ordenación sacerdotal (1939).

Ingresó en el seminario de Málaga, donde por su diferencia cultural sufrió en la convivencia con otros seminaristas de más bajo nivel cultural. Del seminario tuvo que huir tras los sucesos de Málaga de 1931. De allí se trasladó a Palencia junto a su tío el obispo, que le propuso ir a estudiar a Roma, donde se licenció en Sagrada Escritura y obtuvo el doctorado en la Pontificia Universidad Gregoriana, ampliando sus estudios en el Pontificio Instituto Bíblico.

Ejerció en dos parroquias hispalenses populares, distinguiéndose por su atención a los pobres y su actuación durante una tromba de agua que anegó a su feligresía. En esa etapa se produce en él el despertar a “una profunda rebeldía contra la sociedad en que había nacido”.

Consigue por oposición la plaza de canónigo lectoral de la Catedral de Málaga (1948), templo donde se hace famoso por sus discutidas homilías. Las dificultades con el cardenal Herrera Oria por sus “heréticas” clases de Sagrada Escritura en el seminario, le obligan a dejar Málaga, ciudad a la que regresaría con el obispo Ramón Buxarrais. Por entonces, la iglesia española (1960) le abrió un pliego de cargos con 27 herejías, de lo que tuvo conocimiento de forma indirecta.

Dotado de pluma ágil, sus libros y colaboraciones periodísticas fueron seguidos con interés, sobre todo en el semanario Sábado Gráfico. Todo ello alertó a las autoridades, por lo que estuvo a punto de ser condenado por el Tribunal de Orden Público (TOP) por un delito de “información peligrosa” (1968) por su artículo “El cristianismo y la Revolución”, que apareció en la revista de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC). El fiscal le pedía tres años de reclusión y una multa de 10.000 pesetas. Finalmente, fue absuelto con orden de destruir todos los ejemplares incautados. En este periodo habitó un apartamento de la calle Galileo en Madrid, donde le visitaban algunos políticos, entre ellos Felipe González. Con los jesuitas José María Llanos y José María Diez-Alegría formó un trío o “trinidad de José Marías”. Con humor decía que Llanos, era el “padre”, por edad; Díez-Alegría, “el verbo”, por su facundia, y él, “el espíritu santo” porque no paraba de viajar.

De regreso a Málaga (1973), algunos sectores le tildaron de “rojo peligroso”. A causa de las amenazas recibidas llegó a pasar miedo físico y tuvo que escapar por una puerta trasera de la catedral, incidente que ya se ha comentado. Contrario a toda violencia y a la militancia política como sacerdote, no dudó en participar en la manifestación pro-amnistía celebrada en Málaga (1976).

Reconocido como autoridad de fama mundial en el estudio de San Pablo, su obra más influyente es Epístola de san Pablo a los gálatas, que supuso una verdadera revolución en las investigaciones paulinas. Fue autor de numerosas monografías y ensayos y participó en 35 obras colectivas.

Durante la democracia se manifestó contrario a las pretensiones neoconfesionales y defendió la laicidad del Estado y sus instituciones. Tanto en democracia como en etapas de carencia de libertades, fue un referente en la defensa de la paz, la libertad y la justicia social. Un premio de ensayo lleva su nombre en Málaga.

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